20 (ACTUALIZADO)

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Jerez - Rota, España.

Actualidad.


Olivia.

La misión fue un auténtico desastre. Desde el minuto uno en que pusimos un pie ese maldito casino, todo empezó a torcerse, y no sé por qué sigo sorprendiéndome de que acabara aún peor. Después de lo ocurrido, está claro que alguien avisó a Igor. Sabía que íbamos a estar allí, nos estaba esperando... y aun así no nos atacó. Tenía todas las de ganar, todas, y desaprovechó la oportunidad. Yo, desde luego, no la hubiera desaprovechado. Pero, viéndolo desde otro lado, me ha jodido pero bien.

Cuando salimos corriendo, ninguno de sus hombres nos persiguió. Nada. Simplemente nos dejaron ir sin más, como si aquello formara parte de su puto plan. Llegamos al aeropuerto a toda prisa, subimos al avión de carga y despegamos sin mirar atrás. Nadie dijo una palabra. Ni siquiera nos paramos a pensar en el desastre que dejamos atrás, en el pánico de la gente o en el agujero que abrimos en la pared del casino la explosión.

Que te jodan por eso Igor.

Todo fue demasiado extraño, pero me alegro de que no llegásemos a tener ninguna baja. La situación estaba perfecta para llegar a tenerlas si Igor hubiera querido. Nos tenía pillados por completo y no nos dimos cuenta hasta que ya estábamos metidos en todo el lío. Qué desastre... nunca en la vida nos habíamos topado con algo así. Normalmente, siempre logramos cumplir con las misiones, incluso las más letales, las que rozan lo imposible. Pero esta vez, no.

Han pasado ya dos semanas y seguimos dando vueltas en el mismo punto, sin una respuesta clara, sin una puta pista que nos saque de este agujero. Hay demasiados soldados en la base y los estamos investigando uno a uno, hasta el fondo. Hemos encontrado cosas que habría sido mejor no saber de algunos de ellos, pero nada nos acerque al dichoso y misterioso topo de los cojones.

Por mi parte, Pablo ha tenido que hacer de las suyas y borrarme de la faz de la tierra.

Olivia González Díaz no existe. Murió mientras escapábamos del casino, víctima de una bala perdida que, según el informe, le atravesó un pulmón y le provocó la muerte casi al instante. Sus restos ─los supuestos restos─ descansan en el panteón familiar junto a sus abuelos maternos. Una tumba vacía y un nombre que ya no me pertenece.

Cuando llegamos aquí tuvimos que improvisar mi funeral e incluso hacerlo oficial ante el resto del mundo militar, incluidos los SEALs de nuestra central. Todavía no sabemos quién es el responsable, y no podemos arriesgarnos a que se sepa la verdad. Vinieron oficiales y soldados de todas partes, algunos que apenas conocía y otros que fueron parte de mi vida durante años. Me duele hacerles creer que estoy muerta y obligarlos a pasar por todo esto, pero hasta que demos con el puto topo no tengo otra opción.

Otis me lloró como un niño, y me parte el alma no poder decirle la verdad. Ojalá algún día pueda perdonarme por esto.

Como oficialmente estoy muerta, debo abandonar la central y cambiar tanto mi aspecto como mi nombre. Al principio pensé en hacerlo sola, desaparecer del mapa y dejar que siguieran sin mí, pero mis chicos no me lo permitieron. Donde decida ir, eran ellos también. Seguiremos trabajando desde la distancia, pero bajo otra identidad. La única condición que les puse fue clara: hasta que el topo no salga a la luz, no podemos irnos todos. Si lo hacemos, nunca daremos con él.

Hans, Carl, Scott, Tom y Damien se quedarán aquí investigando, mientras los demás vendrán conmigo. Quería que Pablo o Alexei se quedaran, para tener a uno de los dos vigilando desde dentro, pero ninguno quiso bajarse del carro. Así que tocará ayudar desde fuera.

Por desgracia, los demás soldados que nos acompañaban saben que no estoy muerta realmente, y no tengo ni idea de cómo haremos para que ninguno de ellos diga ni una sola palabra. Creo que les haremos firmar unos informes de confidencialidad y, si alguno incumple, tendrán graves problemas... sobre todo con Alexei. Le dejaré hacer lo que quiera, y ellos ya saben perfectamente de lo que es capaz cuando se trata de mí.

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