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CAPÍTULO CORTO.
Algún lugar.
Actualidad.

Igor.

La habitación estaba oscura, iluminada apenas por la luz tenue de una lámpara en la esquina. El sonido de un grifo goteando rompe el silencio con un eco sordo. Me reclino hacia atrás en mi silla, observando las pantallas que parpadean frente a mí. Decenas de imágenes muestran cada rincón importante de la central. Nadie sabe que los observo. Nadie sospecha que, a cada segundo, sigo cada uno de sus movimientos. Incluída esa mamada de polla de mi dulce princesa a ese desgraciado malnacido.

He de admitir, que Ivanna hizo bien su trabajo antes de que la descubrieran.

Pequeñas cámaras ocultas en puntos estratégicos, sin micrófonos, pero suficientes para tenerlos bajo vigilancia constante. Veo cómo caminan, cómo se mueven, cómo creen que están a salvo, cómo me buscan sin descanso cada día.

Y ahí está ella.

Mi dulce princesa.

Me inclino hacia adelante, fijando la vista en la pantalla que muestra su imagen.

Se mueve con esa determinación feroz que tanto me enloquece. Esa mirada desafiante, esa fuerza inquebrantable. Nadie se le compara. Nadie. Es perfecta. Su mera existencia es una maldita obra de arte y la quiero solo para mí. No importa cuántos tenga que matar, cuántos de los suyos tengan que caer. Es mía, aunque todavía no lo entienda. Nadie tiene derecho a tocarla, a mirarla como si les perteneciera. Nadie pueda estar cerca de ella sin que la rabia me consuma. Olivia es mía desde el momento que puso sus manos en mi cuerpo en esa habitación de hotel.

La he estudiado, la he seguido, la he imaginado de todas las formas posibles. Sé cómo respira cuando está cansada, sé cómo frunce el ceño cuando piensa en algo que la frustra. Sé cuándo está en guardia y cuándo la baja.

Pavel, mi mano derecha y en la persona que más confío de entre todos mis hombres, entra en la sala.

─ Está todo listo ─ anuncia con su voz grave.

Sonrío sin apartar la vista de la pantalla. Olivia habla con el alemán y con ese otro imbécil, Alexei. No sé que dicen, pero tampoco me importa. Odio que la rodeen, que se crean con el derecho a tocarla,de compartir espacio y cama con ella. No lo entienden, no les pertenece.

─ Perfecto ─ murmuro con una sonrisa perversa ─ Que se enfoquen en Emma. Quiero que crean que he cambiado de objetivo, que se relajen. Cuando bajen la guardia, cuando crean que pueden respirar con tranquilidad o temer por la vida de Emma... entonces Olivia saldrá. Y cuando lo haga, la tomaré y me la llevaré lejos de todos estos parásitos. Solo nosotros dos, como siempre debió ser.

─ Le diré a Liam que se ponga manos a la obra en cuanto me des la señal, jefe.

Ay Liam, pobre iluso.

El hombre que alguna vez compartió vida con mi princesa. Qué irónico ¿no? Un hombre dispuesto a traicionar su propia moral, su lealtad, por una mujer que está jugando demasiado bien su papel. Cuando Ivanna se le acercó, cuando las promesas susurradas se hicieron demasiado atractivas, su corazón se volvió débil. Un traidor es sólo un peón en el juego más grande, y él, mi querido Liam, lo entendió demasiado tarde.

Lo presioné, claro está. Le hice creer que tengo a mi pobre hermana atada en el sótano de una casa sin darle de comer ni beber... El pobre tonto se creyó que sería tan rastrero de hacerle algo así a mi propia hermana. Ahora tiene la oportunidad de salvarla entregándome la vida de Olivia.

Busco en las pantallas la ubicación de Emma para saber si es el momento o si debemos esperar un poco más. La encuentro en la enfermería completamente sola. El destino me sonríe.

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