17 (ACTUALIZADO)

370 9 0
                                        

Las Vegas, Nevada. Estados Unidos.

Actualidad.


Dominick.

Después de casi dieciséis horas de vuelo, por fin aterrizamos en el Aeropuerto North Las Vegas. El trayecto fue sorprendentemente tranquilo, sin ningún inconveniente, y Tom y yo habíamos insistido en pilotarlo nosotros mismos, pero Michael se mantuvo firme: necesitábamos llegar descansados, listos desde el primer instante. Así que contrataron a tres pilotos que se encargaron del trabajo mientras yo pasaba el vuelo junto a mi Teniente Coronel. No me negué. Un vuelo de tantas horas nos hubiera dejado exhaustos, y gracias a ello gané horas extras con ella. Horas que, si la misión salía mal, jamás volvería a tener. No quiero imaginar el peor escenario, pero todos somos conscientes de que en este tipo de operaciones nunca se puede bajar la guardia.

Olivia y Enzo coincidieron en que la mejor manera de pasar desapercibidos sería asumir el papel de huéspedes o simples clientes ludópatas en este gran teatro. Y no me extraña, todo este espectáculo de Las Vegas, con sus casinos y sus luces, está controlado por mafias que aprovechan para blanquear dinero obtenido de manera ilícita. En el caso de Igor, la oportunidad es demasiado buena para dejarla pasar: sigue amasando fortunas mientras añade un toque extra de ilegalidad subastando cualquier cosa que le dé ganancias, sin importarle las consecuencias.

El avión donde hemos viajado era lo bastante grande como para traer con nosotros un furgón, suficiente para que Pablo trabaje cómodamente con sus equipos, además de tres coches más. Tuvimos que dejar nuestro Airbus y utilizar un avión mayor para que todo entrara sin ningún problema. El furgón ocupaba demasiado espacio, y su presencia era crucial para la misión; los tres coches restantes también eran esenciales para nuestra movilidad. Olivia decidió que alquilar vehículos sería una mala idea, y no le faltaba razón. Pasar desapercibidos era nuestra prioridad para que todo saliera según lo planeado.

─ ¿Lo tenéis todo claro? ─ pregunta Olivia con decisión, y todos asentimos al unísono.

─ Alexei nos ha registrado directamente en el hotel, sin necesidad de pasar por recepción, para minimizar cualquier contacto con el personal. No sabemos cuántos hombres de Igor están desplegados ni si hay algún otro lugar bajo su control fuera del casino, y lo último que queremos es ser vistos antes de siquiera llegar. Hemos reservado siete habitaciones en la misma planta, que, por coincidencia o suerte, están conectadas entre sí a través de puertas internas, sin tener que salir al pasillo. Eso nos da una ventaja para movernos de un lado a otro sin ser vistos más de lo necesario.

No sabía que Olivia pudiera llegar a ser tan inocente... y eso que en la cama no tiene nada inocente. Las habitaciones están organizadas de esta manera porque aquí, más que dormir, parece que los húspedes buscan diversión constante. Está claro que la distribución permite que puedan tener intimidad sin necesidad de usar los pasillos, asegurando discreción y privacidad absolutas. En nuestro caso, lo aprovecharemos a nuestro favor para mantenernos todos comunicados, aunque me molesta no poder tener a la Teniente Coronel para mí solo durante el día ni tampoco poder terminar la noche sumergido en ella.

De camino al hotel, atravesamos la calle más famosa de Las Vegas, donde se concentran los mayores casinos: The Strip. Nuestro destino estaba justo enfrente. El Caesars Palace en persona es aún más impresionante de lo que imaginaba. Su temática, claramente inspirada en el Imperio Romano, está cuidada hasta el mínimo detalle. Por fuera, fuentes y estatuas rinden homenaje a los grandes dioses de su mitología, pero lo que más impresiona son las réplicas del Coliseo Romano y la Fontana di Trevi. Es una puta pasada, y ni me quiero imaginar cómo será el interior.

COMANDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora