12 (ACTUALIZADO)

477 9 0
                                        

Instrucción.

Hace 6 años.


Olivia.

Michael nos ha dado un par de días para que nos instalásemos en condiciones en el complejo residencial, a unos dos kilómetros de la base. Y menos mal, porque ha sido una auténtica locura. Hemos necesitado los dos días enteros para dejarlo todo más o menos en orden y que la casa esté habitable. También hemos llenado la nevera y la despensa; en la base nos dan las comidas, sí, queríamos tener algo aquí por si acaso. Eso sí, los desayunos los haremos en casa.

El complejo es como si estuviera en otro mundo, totalmente distinto a cualquier ciudad españa. Es una mini ciudad americana con todas sus casas idénticas de ladrillo rojo, y he de admitir que me encanta. Aquí tenemos hasta un gran supermercado y un colegio para los más peques. Y los parques... madre mía, qué preciosidad. Y por si fuera poco, ¡hasta hay un centro comercial con bolera!

La casa es una auténtica pasada. Tiene dos plantas: en la parte de arriba hay tres habitaciones y un baño; en la de abajo está el segundo, algo más pequeño, junto a una preciosa cocina separada del salón - comedor por una barra americana bastante amplia. Decidimos que un baño sería para mi y el otro para ellos. Gracias a Dios tendré mi propio baño privado, y me he quedado con el de abajo, que a mí me parece perfecto. Detrás tenemos un pequeño patio ─ideal para poner una barbacoa algún día─ y delante, dos plazas de estacionamiento.

Según me contó Scott, todas las casas tienen la misma estructura, pero los inquilinos pueden hacer reformas siempre que sean para mejorar. Lo mejor es que no estamos solos, los demás compañeros también se han mudado a esta zona y ahora son nuestros vecinos. A la izquierda tenemos a Enzo, Alexei y Pablo; y a la derecha,a Hans, Carl y Thomas.

A mi padre le encantaría estar aquí. Por lo que he visto, a mis vecinos les fascinan los buenos coches, y estoy rodeada de auténticas bestias: Jeep, un Mercedes clase G63, un Ford Raptor... incluso he visto una Ford Bronco... Joder, estoy flipando con tanta maravilla junta, aunque ninguna sea mía. Algún día tendré mi propio garaje lleno de coches, tantos que no sabré con cuál ir a trabajar cada mañana.

Mañana empezamos por fin con la instrucción, aunque en verdad es que no sé si quiero que llegue o no. En estos dos días me he levantado temprano para salir a correr y así llegar mañana con un buen fondo físico, por lo menos para no desmayarme el primer día. No es que haya estado parada; al contrario, he seguido yendo al gimnasio y manteniendo mis entrenamientos de boxeo libre, pero nunca se sabe. Los nervios podrían jugarme una mala pasada y quiero estar preparada.

Acabo de terminar de hablar con mi madre sobre cómo me ha ido la mañana. Esta mujer me llama a cada rato para preguntarme qué estoy haciendo o cómo estoy, y ya le he dejado claro que, a partir de ahora, seré yo quien la llame. Me pone en un aprieto constante delante de mis dos niñeros/compañeros de piso y no pienso seguir contestando hasta dentro de unos días. Entiendo que esté estresad,a pero se pasa.

─ ¿Te pillo ocupada? ─ pregunta una voz a mi espalda ─ Ocupada contemplando unas bonitas vistas a la casa de enfrente.

Dominick, bueno Dom, está apoyado en el umbral de la puerta de mi habitación con una media sonrisa y los ojos fijos en mí. Solo llevamos dos días compartiendo casa y ya siento que esto se me va a hacer cuesta arriba. Todos mis compañeros parecen dioses vikingos, pero convivir con dos de ellos... complicado no, lo siguiente. Anoche Scott salió del baño sin camiseta y casi tengo que ir a por un cubo para no dejar todo el salón perdido de babas. Y Dom... Dom, es el maldito rey de esos dioses, y no voy a decir lo que siento cada vez que lo miro, porque madre mía.

COMANDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora