48

172 5 0
                                        

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

Actualidad.


Narrado en tercera persona.

La humedad de Santa Cruz de la Sierra lo impregnaba todo. La ropa, la pared agrietada del hotel barato donde se alojan, incluso los pensamientos de Liam que se volvían más espesos con cada minuto que pasaba al lado de ella.

Ivanna estaba sentada en el alféizar de la ventana, medio desnuda, fumando un cigarro como si no le preocupara que los buscaran por todo el maldito mundo. La luz del neón rojizo del cartel exterior recortaba su silueta contra la oscuridad de la noche. Era tan hermosa como peligrosa, y Liam odiaba que cada parte de su cuerpo aún la deseara después de haberle manipulado y obligado a hacer todo su plan.

─ ¿Tengo que recordarte que estás embarazada y que no puedes fumar? ─ dijo con desprecio él ─ Aún no me creo que vaya a tener un crío contigo porque no has querido abortar.

─ Haberte pensado mejor el meter tu polla en mi agujero ─ replica mientras sigue fumando.

Liam respira hondo y decide darse por vencido. Desde que se enteró que iba a ser padre ha intentando que Ivanna deje todo esos vicios para que el bebé no sufra durante el embarazo pero ella no entra en razón o al menos es lo que aparenta.

─ Usaste mis antiguos datos bancarios ─ dijo él, de pie junto a la puerta cerrada sin dejar de mirarla.

Ivanna no contestó de inmediato. Soltó el humo con lentitud.

─ Los necesitábamos ─ replicó finalmente ─ Tú no tenías nada mejor, ni yo tampoco.

─ Con esos datos pueden encontrarnos ─ gruñó él ─ Ya no formo parte del ejército. Si me atrapan, la condena será perpetua ¿Lo sabías? Eso si con suerte no me encuentra antes Alexei y me despelleja vivo.

Ella se giró despacio, bajando las piernas al suelo y caminando hacia él sin el menor pudor. Sus ojos eran dos cuchillas heladas y su voz una mezcla de veneno y seducción.

─ Claro que lo sé, Liam. Pero estás conmigo ¿no? Hiciste tu elección.

Estar con Ivanna era como estar atrapado con un animal salvaje. Hermoso, impredecible y mortal.

─ Estoy contigo porque no tengo a dónde más ir ─ masculló entre dientes ─ Y por el bebé que llevas dentro. No por ti. No te confundas.

Ivanna le sonrió con una frialdad que le heló la sangre. Dio un paso más y le puso una mano en el pecho. Se besaron como si pudieran borrarse mutuamente la culpa. Se tocaron como si el mundo fuese a explotar en cualquier momento. Cuando terminaron, los dos jadeaban sobre la cama destartalada. Liam, boca arriba, con los ojos clavados en las láminas de madera del techo. Ivanna, de lado, fumando el cigarro que nunca terminaba.

─ Quiero que dejes de fumar. No por mi, si no por el niño.

─ No me digas lo que tengo que hacer ─ replica Ivanna pero apaga el cigarro y lo tira al suelo.

─ No me fío de ti ─ dijo él en voz baja.

─ Y haces bien ─ respondió ella sin inmutarse.


El sol quemaba las calles de Santa Cruz cuando salieron del hotel con la discreción de quienes saben que no pueden permitirse llamar la atención. Caminan juntos por la calle, Liam vigila cada esquina con la tensión de un soldado que nunca descansa.

─ Tranquilízate ─ dijo Ivanna ─ No nos encontrarán aquí.

─ Utilizaste esos datos bancarios... no me siento seguro aquí. Deberíamos cambiar de lugar.

COMANDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora