30 ( San juu)

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Dolor

Eso es lo que sintió Akasha al despertar, comenzó a ser consiente de un intenso ardor en su vientre que le hizo abrir sus ojos con dificultad. Una luz intensa le hizo parpadear varias veces, era una luz molesta que causo que sus ojos lloraran. Volteo la cabeza por ello y fue entonces cuando pudo comprender donde se encontraba.

Lo primero que observo, fue un florero pequeño con unas cuantas flores de glicinia, un vaso de agua y un libro. Pronto noto que estaba sobre una cama cómoda y el aroma a las plantas que shinobu usaba.

Estaba en la enfermería, otra vez.

Confundida se removió y estuvo a punto de sentarse, pero su vientre dio un tirón que le hizo quejarse en voz alta. Se llevo una mano a esa zona apretando los dientes, sintió una venda bastante gruesa envolver su torso por completo. Trago saliva queriendo calmar su ansiedad.

¿Por qué estaba ahí? ¿cuándo había llegado? ¿Dónde estaban los demás?

Volvió a tratar de moverse, pero el dolor era insoportable, no podía siquiera sentarse ni erguirse. Ella no podía estar acostaba, necesitaba saber que había pasado.

— Deja de moverte.

Ella volteo de golpe encontrando a Giyuu entrando a la habitación, se sentó en una silla que estaba al lado de la cama que ella no había notado antes.

— ¿Que sucedió?

— Debes dejar de moverte, vas a abrirte la herida.

— Giyuu, ¿que estoy haciendo aquí? - su voz sonó rasposa, aterrada. El pilar apretó sus labios y le observo en silencio. — ¡Contéstame!!

— Los kakushi te trajeron aquí hace tres días. Tienes una herida de veinte centímetros en el vientre.

— ¿Tres días? - musito ella frotando su rostro. — ¡Dioses! ¿cómo están los demás? ¿Como esta rengoku? ¡había un demonio demasiado fuerte! ¡su esencia era agobiante! Trate de detenerlo, pero fue inútil. ¿Ellos están bien? ¿Están heridos?

Giyuu se quedó en silencio para el agobio de Akasha que por la desesperación comenzó a removerse importándole poco su herida.

— ¡Vas a lastimarte! - dijo él levantándose de golpe al ver que la sabana comenzó a llenarse de gotas de sangre. Tomo sus brazos deteniéndola. — ¡Akasha detente!

— ¡Necesito saber cómo están! - grito con sus ojos llenos de lágrimas.

— Te lo diré, pero deja de moverte. - gruño tras chasquear la lengua ante su terquedad.

— ¡Dímelo ahora!! - demando con su voz trémula. Sin quitar su mirada de Giyuu.

— El demonio que casi te asesina se enfrentó con Rengoku.- musito aun sosteniendo sus hombros.— Rengoku te protegió a ti y a los demás de él. Gracias a eso, los demás se salvaron y tu llegaste con vida.

Akasha sentía el corazón latir cual colibrí viendo expectante a Giyuu que parecía batallar con sus palabras, ella quería escuchar que todo estaba bien, que sus amigos solo estaban heridos. Pero muy en el fondo, sabía que algo había salido terriblemente mal. Pero se negaba a creerlo, por ello pregunto.

— El gano, ¿verdad?

Tan solo basto que Giyuu negara un par de veces para que la esperanza de Akasha comenzara a perderse.

— Rengoku murió, Akasha.- susurro.

Incapaz de creerle, tomo su mano casi con desesperación, acerco sus ojos a la palma de su mano, notando para su pesar, aquella cicatriz en su piel.

Aquello no era un sueño, era real.

El ruido se perdió, el aire se escapó de sus pulmones y el dolor de su herida fue poco comparado con lo que sintió al escuchar esas palabras. Negó torpemente comenzando a ver borroso debido a las lágrimas gruesas y ardientes.

— No...no puede ser. - balbuceo. Sus sentidos se estropearon, se perdieron en la corriente de dolor que la ataco. Ella no había podido salvarlo, no había podido protegerlo. — ¡No! ¡no!

Giyuu apretó sus dientes ante su reacción y al escucharle sollozar de manera desgarradora lo único que pudo hacer fue apegarla a su pecho con fuerza. Esperando que con ese un abrazo le hiciera sentir mejor, de al menos reparar el dolor de su corazón. Akasha se aferró a su cuerpo, encajando sus uñas en su espalda en una forma de sacar el dolor que comenzaba a asfixiarla.

Sus gritos amortiguados por el cuerpo del pilar del agua fueron escuchados por Aoi y las niñas que pronto llegaron asustadas por su reacción; rápidamente para evitar que la herida se abriera, le inyectaron una especie de calmante que la hizo dormir.

Al verla comenzar a caer en el sueño, Giyuu la recostó en la cama de nuevo con sumo cuidado. Limpio su rostro empapado por las lágrimas. Sabía que ese calmante no evitaría que siguiera sintiendo el dolor de su pecho, por lo que se sentó de nuevo en la silla y tomo su mano, queriendo que, de alguna forma, ella supiera que seguía ahí.

Cuando se enteró de la muerte de Rengoku, lo primero que Giyuu pensó, fue en ella. Espero ansioso su llegada, con la esperanza de verla llegar a su casa, pero fue todo lo contrario. Los kakushi habían llegado corriendo con una especie de camilla y sus sentidos se nublaron al reconocer el cabello enmarañado de la chica bajo aquella sabana ensangrentada.

El que Akasha siguiera viva había sido un milagro, eso había dicho Aoi cuando salió tres horas después de haber tratado a la mujer. Tanjiro se había negado a dejar a Akasha a pesar de sus heridas y tuvieron que llevarlo casi arrastras a otra habitación.

Todos llegaron a pensar que ella moriría las noches siguientes, ya que había perdido mucha sangre y habían tardado al menos unas tres horas en llegar a la sede para tratarla debidamente. Lo que sea que evito que ella muriera, Giyuu estaba sumamente agradecido por no haber permitido que se alejara de su lado.

Él se quedó mientras dormía, y cuando vio su estado se negó a dejarla de nuevo. Tenía miedo de que ella se fuera para siempre de su lado. Cuando la vio llegar casi muerta, pensó lo peor y un agonizante dolor en su pecho le obligo a estar casi a todas horas en esa habitación, expectante a su despertar.

No quería perderla, tan solo la idea de no volver a verla, le hacía querer gritar en desesperación. Ese pensamiento le hizo llegar a la conclusión, de que Akasha se había vuelto alguien demasiado importante para él.

La amaba, ya no había duda de ello.

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MAJO

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