Capitulo 9

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Reconozco que esas semanas sin poder cumplir el deseo de nuestra querida Greta, se me hicieron muy largas.
Por mi mente se pasaron mil y un momentos vividos con ella y su marido. Recuerdo como en alguna ocasión la ayudé a hacer una de sus "pociones mágicas", como yo le llamaba, para sanar alguna herida o curar alguna enfermedad leve. Un día me dijo, que el libro que tenía, donde explicaba muchas de las recetas médicas caseras que fabricaba, no se podía perder y añadió: "Cuando el libro sea vuestro y tengas uso de razón, entenderás lo importante que será para vosotras". La verdad que no entendía mucho a qué se refería, pero según ella un día todo tendría sentido.
A mi madre le enseñó muchas cosas, las cuales yo no presté atención. Como niña que era, no me interesaban mucho, la verdad.
Por fin llegó el fin de semana que nos pudimos escapar al pueblo de mi bisabuela.
Cumplimos la petición de la Sra. Greta, esparciendo sus cenizas en su precioso jardín, que aún habiendo pasado varias semanas, seguía muy verde y floreado.
Entramos en la casa a coger el libro, tal y como nos dijo. Encima de él había una nota de la Sra. Greta que lo decía claramente: "Para Yuli y Lucia". Supongo que lo hizo por si no lo veíamos nosotras. Le quitamos la nota y nos lo llevamos.
Como ella no tenía familia aquí, le dejaron la casa a un hermano de su marido, que pronto vendría a arreglar el papeleo. No sabíamos, si con intención de quedarse en la casa, o de venderla.
Mientras tanto mi mama y yo cuidábamos de ella y del jardín, hasta que viniera ese señor.

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