21

560 65 44
                                        

𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 21

Los días pasaban con lentitud para Larissa. Y por mucho que se esforzara para encontrar una respuesta a todas sus preguntas, simplemente no había nada. Nada que fuese lógico a su parecer.

Y por momentos se reprochaba a sí misma por haber alejado a Anne. Cada segundo sin ella le resultaba agonizante. Pero, por fortuna, en el trabajo encontraba la excusa perfecta para evadir sus sentimientos.

Señorita Weems —la llamó Leah mientras entraba a la oficina—. Tengo los informes de la reunión de ayer y su desayuno.

Déjalo por ahí. Y entregame los informes —alzó la vista de la tableta y extendió la mano para tomarlos. Leah ladeó la cabeza y arrugó la frente.

No me iré hasta que coma —dijo con firmeza. Larissa la miró con desdén y frunció los labios.

Te estás comportando como Anne —dijo, pero entonces se arrepintió casi de inmediato de haberla mencionado. Leah permaneció callada por un segundo, meditando sobre si era prudente hacer la pregunta que había estado rondando su mente en esos días.

¿Qué pasa entre usted y Anne? —cuestionó al fin. Larissa soltó la pluma y suspiró con pesadez. Le sorprendía lo mucho que se había tardado en tocar ese tema—. No la he visto entrar a la oficina en días. Y ya no almuerzan juntas.

¿Arreglaste tus problemas con Jane? —Leah la miró con insistencia. Si había ignorado su pregunta es porque evidentemente algo andaba mal.

Sí. Afortunadamente.

Bien por ti, Leah —volvió a centrar su atención en la tableta y fingió leer. La presencia de Leah la estaba incomodando. Y sabía que no se iría hasta que no obtuviera una respuesta.

¿Y ustedes? —insistió—. ¿Discutieron?

No voy a tener esta conversación contigo.

¿Eso es porque sigue molesta conmigo? —preguntó con temor—. Ya le dije que yo...

No —la interrumpió—. Simplemente porque no me gusta hablar de mis problemas con nadie.

Pues debería hacerlo -dijo tomando asiento. Larissa frunció los labios y suspiró con fastidio. Ella ni siquiera le había dicho que se sentara—. Yo sé que usted es una buena persona y no está bien que se guarde todo. Creame que resulta dañino a largo plazo. Además, señorita Weems... yo la quiero —confesó. Larissa la miró con sorpresa y sin poder evitarlo, sintió un calor muy agradable en su pecho—. No me gusta verla triste. Y no está sola. Tiene a Anne que es su novia. Y aunque solo soy una simple secretaria, también puedo ser su amiga si usted lo desea.

Anne ya no es mi novia —confesó desviando la mirada. Las palabras de Leah realmente la habían conmovido, pero no se lo iba a decir. Tampoco le iba a decir que ella también la quería, o que para ella era más que una simple secretaria.

¿Qué? —dijo con asombro. Ahora su postura estaba erguida y sintió que su pecho se oprimía—. ¿Por qué? ¿Fue por mi culpa?

Fue por que si, Leah. Y no es tu culpa. Es todo lo que diré, así que regresa a tu escritorio.

Leah se puso de pie, pero no para irse, sino para rodear el escritorio y quedar junto a ella. Larissa la miró con sorpresa y curiosidad. Se preguntaba qué era lo que cruzaba por la pequeña cabeza de Leah ahora.

¿Puedo darle un abrazo? —preguntó con timidez. Larissa se sorprendió aún más al escuchar eso, pero miró a su alrededor y pareció pensarlo. Después de todo, si necesitaba un abrazo.

𝒟ℯ𝒿𝒶𝓂ℯ 𝒸𝓊𝒾𝒹𝒶𝓇 𝒹ℯ 𝓉𝒾  / ℒ𝒶𝓇𝒾𝓈𝓈𝒶 𝒲ℯℯ𝓂𝓈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora