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— 'Toy listaylor. — Habló la Paloma entrando a la pieza.

Dejé de leer el libro que había descargado en mi celular, que ya me estaba releyendo por tercera vez y me levanté de la cama al mismo tiempo en que la Coni se bajaba de la suya.

— Chao, hijo. — La Constanza se despidió de su peluche gigante convertido en su nuevo compañero de cama.

— Chao, Cris Mj junior.La Paloma le movió la mano al peluche y luego de tomar la pelota de Voleybol, ambas salieron de la pieza.

Si, la Coni le había puesto ese nombre...

Tomé mis cosas y luego miré al peluche encima del colchón, observándome, esperando a que me despidiera de él.

No lo iba a hacer, si era un peluche.

¿Y si se enojaba y en la noche me atacaba?

— Chao, Cris Mj junior. —Me despedí mirándolo de reojo y salí de la pieza.

Bajé las escaleras y antes de irnos nos despedimos de la tía Marce, que aprovechando su día libre, estaba echada en el sillón viendo en la tele un capítulo repetido por ves número quinientos mil de "Todo en 90 días" en el Discovery H&H.

— Tengo un nuevo proyecto romántico que concretar hoy... —Comentó la Palo con picardía, cerrando la puerta tras de si y mirándome directamente.

La Coni se puso a pegarme codazos.

Raras culiás.

Comenzamos a caminar calle abajo hacía la playa, donde nos encontraríamos con el Mateo, que había salido después de almuerzo a juntarse con sus amigos y ahora nosotras nos sumaríamos a ellos.

— Ni se les ocurra molestarme, par de hueoncitas. —Las apunté amenazadoramente con mi dedo, pero solo me miraron con burla. — O si no soy capaz de descuartizar al Cris Mj Jr.

— No te metai con mi hijo. —La Coni entrecerró sus ojos.

— Cálmate, choriza al peo. —La Palo iba jugando con la pelota de Voley en sus manos. — Tenís que soltarte, hueona, deja que las cosas fluyan en estos días. —Me guiñó un ojo. — Que la vida te sorprenda.

— Dale color.

— Si po, la vida debe ser de colores, no blanco y negro. —Chamulló.

Llegamos a la playa y nos pusimos a caminar por la arena mientras la Palo le hablaba a su primo para localizarlo y en cuánto lo hicimos, fuimos a su encuentro.

Por suerte solo estaba el Mateo y el Nacho.

Los saludamos y antes de poder sentarnos junto a ellos, nos hablaron desde otro lado.

— ¡Llegaron las tres mosqueteras! —Exclamaron.

Miramos en dirección a la voz y venía el Joaquín con el Felipe saliendo del agua. La Palo se fue a saludarlos y a huevear con ellos y la Coni y yo decidimos sentarnos en la arena. Miré hacia al lado, donde se encontraba mi querido amigo.

— ¿Y ese? —El Mateo señaló sonriente con un movimiento de mentón el tatuaje temporal en mi clavícula.

— Me lo hice anoche. —Me lo miré unos segundos. Aún seguía estando nítido, pero después de unas bañadas más, iba a decir adiós.

— Que rebelde. —Bromeó

Iba a contestarle, pero los tres restantes llegaron junto a nosotros y se pusieron a conversar sobre un carrete y no sé qué, pero me limité solo a escuchar, porque no me sentía en confianza como para integrarme en el tema. Ellos se sentaron y el Joaquín se puso entre medio del Mateo y yo, pasándole un brazo por el hombro a su amigo, luego volteó su cabeza y me miró.

Summer love [chilensis]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora