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Capitulo 10

|Locura|

" Yo quería conocerte, necesitaba saber porque tus ojos eran tristes aún cuando sonríes".

Había pasado algo extraño el día de hoy aunque no fuera de sí realmente, pero era sorprendente pues Ino siempre despertaba horas después qué él más hoy al momento de abrir los ojos ella estaba sentada a la orilla de la cama leyendo aquél libro que ojea anoche y se preguntó si en realidad había despertado tarde pero no fue así, ella había despertado primero que él. Se sentía tan cómoda al parecer, que leía sin problemas el libro con tanta gracia, de piernas cruzadas en aquélla esquina sin intenciones en absoluto de alzar la vista.

La miro desdé allí por unos minutos, aquella camiseta de él que tenía puesta dejaba ver mucha marca de sus senos y cintura al estar tan suelto aunque su cabello cubría bastante al tenerlo suelto y esparcido. El rostro iluminado por los rayos del sol que se colocaban parcialmente en la habitación.

De pronto alzó la vista encontrándose con esos ojos negros tan tristes, entonces le sonrió, con tanta amabilidad extrovertida que sintió un choque en su pecho por alguna razón. Sus ojos azules le miraban con tantas calidez que no pudo evitar sentirse frío todo el tiempo, de sentirse sólo más de lo que sentía diariamente su patética soledad.

- Buenos días - le dijo con educación volviendo la vista al libro, después de todo no tenía nada que hacer nada que leerlo y estaba segura totalmente qué no iban entablar una buenas conversación - dormiste bien, aún cuando estuve mirándote, no despertaste como en otras ocasiones - confesó tranquilamente sin tapujos, sin afectarse - parecías cansado - había dicho sin despejar la vista del libro.

Siempre estaba alerta pero se había quedado profundamente dormido, aún así no respondió a la pregunta y ella sabía que no lo haría, sólo la miro con calma.

- Buenos días - fue lo único que dijo colocándose de pié estirando un poco sus músculos antes de irse sin dirigirle una palabra.

Ino bajó el libro hasta sus piernas, soltando un suspiro miró con parsimonia las paredes tan memorizadas de la habitación pensando cómo todos los días en como estarían sus padres y amigos, soltando un respiro se extendió en la cama acostándose. La verdad, es que no despertó primero que Itachi, es que no había dormido toda la noche con ésos pensamientos en la cabeza.

Ayer había conocido una partes más humana en Itachi, había visto una sonrisa sinceramente amable deslumbrando atractivos qué Ino no podía haber imaginado, ademas, había escuchado palabras tan sinceras como de alguien normal qué no había asesinado a un clan entero. Había visto un lado tan humano que no había dejado de pensar...

Él era tan frío, pero aún así era capaz de sonreír de esa manera, no podía borrar esa sonrisa entre sus pensamientos. Escuchar su voz amable explicando con calma lo qué era un término en específico, había sentido que hablaba con cualquiera de sus amigos, no, era diferente. La amabilidad de ese hombre era tan desbordante que simplemente le llenaba de calidez.

Joder.

No podía dejar de pensar en él y las palabras «domesticar» invadiendo su cabeza. Negando un par de veces mirando la pared trataba de pensar mejor. Incluso ayer le miró todas la noche y eso le hacía pensar que durmiendo se veía tan jodidamente atractivo que creía el encierro empezaba alborotar sus hormonas o algo así o simplemente al parecer tanto a su hermanito del cual aún estaba enamorada, no podía evitar sentirse atraída por él desarrollando compasión por el muchacho.

Pero sentir afecto por el hombre ¿No sería principio de síndrome de Estocolmo? No, claro qué no. Simplemente las palabras de anoche habían confundido a la rubia a tal grado que no pudo evitar pensar en ello.

Sin darle cuenta se quedó dormida luego de ello, pues al no dormir toda la noche pareció nada bien desmayarse abrazada a aquél libro. Una hora después al entrar Itachi saliendo del baño la encontró completamente dormida, él masculino había entrado con una toallas alrededor del cuello cuyos cabellos goteaban y no tenía camisa pues había entrado a buscar una. Su torso estaba descubierto dejando ver su formado cuerpo, además tenía un plato el cual colocando de mala gana sin verla lo puso sobre la pequeña mesa.

- Niña, a comer - dijo abriendo el clóset para buscar una camisa manga corta azul marino, colocándose apresurado la prenda tirando a una parte la toalla. Entonces al girarse encontró a la chica dormida, abrazada a aquél libro - ¿Recién te levantas y duermes? ¿Pará que traje el desayuno entonces? - dijo irritado acercándose a la joven.

Se veía tan bien durmiendo como siempre, abrazada al libro que le quitó entre los brazos y con una pequeña fuerza la arrimó lejos de la orilla para que no se cayera. Con calma abrigo a la mujer, tapando hasta el cuello al la chica asegurándose que estuviera abrigada.

- Es un día helado, tonta - dijo mientras apartaba aquel mechón cubriendo el rostro femenino. Notó qué sus pestañas están largas y tenía cejas perfectas, seguramente tenía muchos pretendientes - seguro y has roto el corazón de muchos chicos al no verte regresar a tu casa - dijo soltando un suspiro acariciando su cabello - me he metido en un gran problema contigo niña.

Cogiendo el plato que ha traído se fue por dónde vino con tantos sentimientos qué no sabía que hacer.

ESTOCOLMO. [Itachi x Ino]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora