Capitulo Diez.

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 —Quedate allí, ¡Te estoy vigilando! Ni se te ocurra acercarte.

Abrazando el bote con maiz apretadamente contra su pecho, Nick mantuvo una estrecha vigilancia sobre cada uno de los plumiferos animales que se paseaban a su alrededor, esperando.

Podía admitir, aunque no con mucho orgullo, que no era un gran fan de las gallinas de ninguna manera. Por supuesto, él era un chico de granja, se había practicamente criado alrededor de todo tipo de animales, educado y guiado en el cuidado de cada uno de ellos, por lo que no podía decir que la tarea le fuese extraña.

Pero las gallinas... ellan tenían algo malo, brillando en sus pequeños ojos juzgadores, que ponían completamente nervioso a Nicky.

En el correr de su vida, se había visto en la obligación de entrar al corrar de las gallinas solo un reducido número de veces. La mayoría, solo porque Nee había salido a hacer algún encargo o algo así, porque de haber estado cerca, su hermano siempre tomaba la responsabilidad de sus manos con un rodar de ojos y un susurrado "Son solo gallinas, Nicky".

Ahora, su hermano se encontraba a miles de kilometros de distancia y teniendo en cuenta la responsabilidad que su familia representaba, no había modo de que llegara a salvarlo de tal tarea.

Así que aquí estaba, en medio de un corral, con al menos una veintena de gallinas correteando a su alrededor, ansiosas porque dejara caer algo de su alimento para lanzarse al ataque como hienas hambrientas. Si solo Nick no les tuviese tanto miedo, podría haber sido más rápido en la tarea.

—Bien, grupo de desgraciadas —masculló—. Hagamos un trato.

El gallo cacareó desde el otro extremo, parecía estarlo vigilando de cerca, lo que no ayudaba a sus nervios.

—Comportense —pidió—. Dejenme tomar un par de huevos, solo un par, y prometo darles todo el alimento que deseen. ¿Que dicen?

Miró alrededor, no esperaba una respuesta, pero... bien, no sabía que esperaba.

Una gallina comenzó a picarlo cerca del tobillo, logrando que hiciese un movimiento para espantarla. Lo que logró con eso fue que abriera sus alas, batiendolas mientras se alejaba, solo para volver al ataque un momento después.

Puede que chillara y muy probablemente, le lanzó alguna que otra patada a otro par de gallinas, lo que justificaba completamente el que varias fueran a su ataque un momento después.

—¡Bastardas! —chilló, buscando la puerta del gallinero con la mirada en un intento de darle dirección a su carrera loca huyendo de las gallinas.

Tropezó, su trasero golpeó el suelo con fuerza y el maiz se esparció como lluvía a su alrededor. Y bien, nadie, absolutamente nadie puede juzgarte por gritar como una nena cuando tienes a veinte emplumados animales corriendo en tu dirección con hambre brillando en sus pequeños ojos.

—¡Quitense! ¡Quitense! —chilló, batiendo sus manos en un intento de apartarlas—. ¡Ya basta!

El gallo corrió a su alrededor, cacareando como un maldito demente y si Nick no se equivocaba, estaba riendose de él. Ese bicho diabolico estaba riendose de él, estaba seguro.

—¡Callate, bastardo! —le gritó, apartando una gallina realmente grande que cayó sobre su regazo y le impidió ponerse de pie—. ¡Quitate!

Estaba a punto de ponerse a llorar como un niño pequeño debido a lo infructosos de sus intentos para ponerse de pie, cuando un brazo lo rodeó por la cintura, jalandolo lejos de sus odiadas enemigas. Obviamente, ellas no estaban dejandolo escapar, estaba practicamente cubierto de maiz, así que lo siguieron, dando pequeños saltos en un intento de colgarse de él.

Entra en mi vida |Nick/Wolf|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora