Capitulo Diecisiete.

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 —¿Ese es el chico?

Nick estaba tan concentrado en su dibujo, que el sonido de la voz de su hermano literalmente lo hizo saltar en su silla. Varias de las cosas sobre el escritorio cayeron, algunas llegando a rodar por el mismo y caer por el borde, sonando al impactar contra el suelo de madera. Era increible que en un segundo, un simple movimiento, provocara tal desastre como el que había tenido lugar allí.

Atrapando su lápiz favorito en el borde del escritorio, salvandolo por poco de caer, le dedicó un ceño fruncido a su mellizo sobre su hombro—. ¿A ti no te han enseñado a llamar a la puerta antes de entrar a una habitación?

Nee hizo un movimiento de hombros—. Yo llamé —aseguró—. Tu no respondiste, así que entré.

—¿No se te ocurrió que, tal vez, no te respondí porque no quería que entraras?

El castaño negó suavemente—. No, no se me ocurrió, porque eso significaría que estas evitandome —estrechó sus ojos—. ¿Estas evitandome, Nicky?

—¡Por supuesto que no! —replicó rápidamente, sonando demasiado nervioso para ser creible.

—Mm, que extraño, porque papá acaba de decirme que volviste de tu viaje a la granja hace dos días —comentó—. Y que le dijiste a todo el mundo, que si yo llamaba, me dijesen que habías decidido quedarte allí unos días más.

Recostandose en su silla de escritorio, Nick cerró los ojos intentando escapar de la mirada acusadora de Nee—. Yo no necesito un iceberg, mis propios padres son los que me hunden.

—No, es tu idiotez innata la que lo hace. —dijo—. ¿Realmente creiste que podías ocultarte de mi?

—Eh, ¿si?

Acercandose a la cama, se sentó al final de la misma—. Sinceramente, creo que podría encontrarte aun si te mudas al fondo del oceano, así que simplemente abandona la idea de esconderte de mi porque no te funcionará jamás.

Abrió los ojos, recurriendo a lo único que podía salvarlo de la ira de su hermano: ojitos de cachorro—. Nee...

—No —lo detuvo, una mirada seria en su rostro—. Ni siquiera lo intentes, eso no funcionará esta vez.

—¿Cuan enojado estas?

Nee lo miró, abrió la boca para decir algo pero un momento después simplemente la cerró. Tenía esa mirada en el rostro, esa expresión que Nick recordaba de cuando eran niños y detestaba. Siempre aparecía cuando hacia algo que disgustaba a su hermano, odiaba hacer eso.

—Si me hubieses dicho que no querías hablar conmigo, no te hubiese molestado, Nicky —Nee dijo—. Pero, ¿evitar mis llamadas? ¿Tenemos doce años de nuevo o qué?

—¿Que querías que hiciera?

—Actuar como un adulto y hablar conmigo. —gruñó.

—Pero lo que quería evitar era hablar contigo —Nick señaló—. Hablar contigo para decirte que no quería hablar contigo suena bastante contraproducente.

—¡Nick!

—¿Que?

—Deja de intentar enredarme —lo señaló, una mirada de advertencia en su rostro—. Y ni creas que me olvidé de lo que me prometiste cuando me llamaste la semana pasada.

Improvisó una sonrisa para ocultar su nerviosismo—. Dije tantas cosas en esa llamada.

—Lo hiciste, y recuerdo cada una de ellas. —su mirada se posó en el escritorio, justo en el dibujo que Nick había estado haciendo cuando el castaño lo asustó—. ¿Ese es el chico del que me hablaste?

Entra en mi vida |Nick/Wolf|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora