De pie frente al espejo de su baño, Nick observó su reflejo con ojo critico, intentando avistar la imagen que todo el mundo parecía obtener al verlo. Era dificil, era malditamente dificil creer las palabras de aquellos que halagaban su buen aspecto cuando había sido siempre tan inseguro si mismo. Era dificultoso tener un autoestima alto cuando todo el mundo parecía juzgarte y lo era más, cuando esos juicios eran publicados en cada revista de chimentos conocida.
Pasando sus dedos através de su húmedo cabello, empujó algunos oscuros mechones detrás de sus orejas. Lamentablemente, los rizos de los que alguna vez había estado tan orgulloso, habían comenzado a desaparecer gradualmente, dejando detrás simples ondas que aunque eran mucho más fáciles de controlar, no terminaban de fascinarle. Llevaba un sueter tejido verde olivo, bastante diferente a los tonos oscuros que usalmente usaba, pero extrañamente, se sentía cómodo con él.
Hacía tanto tiempo que no se sentía verdaderamente cómodo en su propia piel.
Bajando la mirada a la mesada, observó el pequeño estuche naranja neón con estrellitas blancas estampadas, el cual había tomado sin permiso previo de la habitación de Ivonne. En realidad, había ido con la intención de pedirle prestado el mismo a la joven, pero dado que esta parecía estar en el decimo sueño y a punto de sufrir una de las peores resacas vistas por el hombre, decidió dejarla dormir. Ella se lo agradecería luego.
Abriendo el cierre, revolvió entre las cosas allí dentro, dudando en si realmente se atrevería a usar algo así. Hubo un tiempo, durante su adolescencia, que le había fascinado delinear sus ojos, y usar rubor y labial. Pero de alguna manera, eso había desaparecido con el tiempo.
Ahora que lo pensaba, muchas cosas habían desaparecido en el correr de los años, cosas que lo había hecho ser quién era.
Tomando un pequeño brillo labial, decidió que podía comenzar con pequeños pasos por ahora. El olor a goma de mascar lo inundó mientras lo pasaba por sus labios, dejandolos rojos y brillantes. Devolviendo el pequeño tubo al estuche, miró su reflejo.
No era su vieja versión, tampoco era quién había estado siendo los últimos años.
Era alguien completamente nuevo... y le gustaba.
Dedicandole una pequeña sonrisa alentadora a su reflejo, pasó sus manos alisando innecesariamente su sueter antes de decidir salir del baño. En la habitación, buscó sus tenis y los calzó, dirigiendose a la puerta. Con la mano en el pestillo dudó, podía escuchar a Wolf moverse en la cocina, el sonido de ollas se mezclaba con el murmullo de su ronca voz destrozando la letra de una canción. Él jamás podría ser cantante, eso era seguro, pero el sonido de su voz estaba convirtiendose en algo hermosamente familiar.
Se dijo a si mismo que estaba siendo tonto, si no podía sentirse como él mismo con el castaño, entonces no tenía nada que hacer con él. Estaba dejando entrar a Wolf a su vida lentamente, el permitirse a si mismo dormir acurrucado con el mayor había sido algo que no se había permitido... nunca. Se estaba metiendo justo bajo su piel, podía sentirlo, y él estaba permitiendolo.
Wolf lo estaba cambiando y le gustaba, le agradaba quién era cuando estaba con él.
—Buenos días, hermoso.
La sonrisa que Wolf le dedicó cuando entró a la cocina, podría haber iluminado toda la maldita ciudad. Llevaba su cabello recogido en un desordenado moño, algunos mechones castaños agitandose alrededor de su rostro. La camiseta de leñador verde y los jeans de cintura baja que colgaban de sus caderas, lo hacían parecer un modelo salido directamente de la portada de una revista.
—Buenos días —murmuró en respuesta, observando al mayor acortar el espacio entre ellos.
El movimiento fue lento y natural, como si fuese lo más normal del mundo. El brazo de Wolf fue a rodear su cintura, jalandolo a su cuerpo al tiempo que bajaba su cabeza, llevandolo a un dulce y delicado beso.
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Entra en mi vida |Nick/Wolf|
FanfictionLibro #3 de la saga "Tu mirada" Pareja: Yannick Payne/Wolf Reed.
