Capitulo Treinta y Tres.

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 —¿Es necesario que cubras mis ojos? Te juro que voy a sorprenderme de igual manera con lo que sea que quieras enseñarme.

Aferrandose a la mano de Wolf que rodeaba su cintura, Nick avanzó lentamente, siguiendo la guía del mayor mientras intentaba evitar ceder al impulso de quitar la mano que cubría sus ojos. Como si la sorpresa que se habían llevado durante la ecografía no fuese suficiente, Wolf le había preparado otra que según él, estaba esperandolo en la casa.

Y esa era la razón por la que se estaba permitiendo ser privado de su vista y guiado a oscuras por su propia casa.

—Wolf, si me caigo-

—No te caerás —lo interrumpió—. Estoy justo aquí, no te voy a dejar caer, ¿si? Confia en mi.

—Confio en ti —aseguró en un murmullo—. En quién no confio es en mi manteniendo el equilibrio.

—Si empiezas a caer, te atraparé —dijo—. Eres tan liviano como una pluma, aun con los dos cachorros en tu interior, puedo atraparte con facilidad.

—Son bebés —dijo con cansancio, sintiendo que había repetido la misma frase un millón de veces—. ¿Y que es esa sorpresa que tanta emoción te da? ¿Como rayos organizaste una sorpresa para mi cuando estuve todo el tiempo pegado a tu lado?

—Tuve un poco de ayuda —admitió, haciendo que se detuviese finalmente—. Aquí, para aquí y cierra los ojos.

—Wolf...

—Dame el gusto, Caperucita —pidió—. Cierra esos bonitos ojos para mi.

Nick suspiró, haciendo lo pedido—. Ya, tengo los ojos cerrados.

—No espies.

—No lo haré —prometió—. Demasiado trabajo para traerme aquí, no voy a arruinarlo a último momento.

Escuchó la suave risa de Wolf, un beso, que picó por la barba del mayor, fue dejado en su mejilla antes de que escuchara una puerta siendo abierta. La fresca brisa proveniente del exterior acarició su rostro, llevando hacía él el aroma de las flores que decoraban el extenso jardín trasero. No había tenido mucho tiempo últimamente para terminar de decorar el espacio, era un lugar demasiado grande que le tomaría un tiempo terminarlo.

Luego de un momento, escuchó los pasos de Wolf al regresar—. Ya, ahora abre los ojos.

Parpadeando, Nick acostumbró su vista a la luz solar, observando brevemente el patio antes de enfocarse en lo que Wolf sostenía. La risa encantada se le escapó antes de poder detenerla—. ¡Beeeert!

El corderito lloró en respuesta, el exagerado moño amarillo atado a su cuello se balanceó a los lados cuando caminó felizmente hasta detenerse frente a Nick. Arrodillandose, el moreno acarició la suave lana del animal, riendo cuando este golpeó su cabeza suavemente contra su hombro, como si quisiese devolver el saludo de alguna manera.

Nick lo abrazó, devolviendo la sonrisa que Wolf le estaba dedicando—. ¡Trajiste a Bert!

—Por supuesto que lo traje, ¿acaso pensaste que iba a dejar a nuestro primer hijo viviendo tan lejos? —preguntó.

Nick rió, más que feliz por la sorpresa. Habían ido a visitar a Bert a la granja algunas veces en los últimos meses, y Nick siempre se había sentido mal al tener que dejarlo atrás, aun cuando sabía que era lo correcto a hacer. Bert era un animal de granja, no podía llevarlo a un vecindario donde no tendría ni el espacio ni el ambiente adecuado.

Y eso lo hizo fruncir un poco el ceño—. Pero, ¿donde va a vivir? No sé si un patio trasero sea lugar para una corderito, Wolf, por mucho que quiera tenerlo aquí, también quiero que este bien.

Entra en mi vida |Nick/Wolf|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora