Capitulo Veintiséis.

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Sentandose contra la cabecera de su cama, Nick se tomó un momento para tragar la bilis subiendo por su garganta y determinar que no era necesario hacer una carrera loca hacia el baño, antes de finalmente alcanzar el despertador sonando sobre su mesa de noche. Aun no había tenido tiempo de ir por un nuevo telefono, por lo que se había visto obligado a recurrir al viejo aparato que había encontrado en un rincón de su mesa de noche.

Necesitaba su maldito telefono, porque aunque Wolf no era una persona de mañanas debido al horario del bar, aun así, Nick se aseguraba de enviarle al menos un mensaje en el correr de la mañana para desearle un buen día, sin importar a que hora lo leyera. Esa costumbre se topó con una pared al recordar que su celular había terminado aplastado bajo las ruedas de un auto.

Maldición.

Echando una mirada a la hora, maldijo en voz baja y se dijo que no podía seguir retrasando lo inevitable.

Luego de que, gracias al idiota de su mellizo, había comenzado a sentirse mal también, su tío los había arrastrado a ambos a la clinica más cercana y hecho tantos analisis que llegó un punto en que Nick comenzó a sentirse como una rata de laboratorio. Para cuando terminaron, ambos estaba exhaustos, tanto que Nee ya ni siquiera tenía energía para reirse de su desgracia ni Nick para golpear a su mellizo por ser simplemente un imbecil.

Se suponía que tenían que ir a la clinica nuevamente para poder levantar los resultados de sus analisis. Eso si podía dar dos pasos fuera de la cama sin querer devolver sus malditos organos, lo cual parecía estar perfilandose para ser algo imposible.

—¿¡Nicky!?

La voz de Matt lo hizo dar un salto, percatandose de que se había quedado dormido aun sentado contra la cabecera. Ni siquiera se había percatado de cuando había cerrado los ojos. Pasos pesados por las escaleras le dieron pie de entrada a su castaño guardaespaldas, el cual entró a la habitación sosteniendo una taza humeante en su mano y un paquete de algo en la otra.

—Bien, genial, estas despierto —dijo, con su usual buen humor.

Nick le envió una mirada—. Entraste gritando, estoy seguro de que hasta los muertos te escucharon.

—¿Escondes cadaveres en tu habitación? —se detuvo y miró alrededor, una fingida expresión de horror—. Eso ya pasa los limites de lo macabro.

—Idiota —masculló antes de hacer un gesto a las cosas en sus manos—. ¿Y eso?

—Oh, esto lo hice para ti —le tendió ambas cosas—. Hablé con mi abuela ayer en la noche, le dije que te sentias mal y me dijo que hiciera este té para ti, que podía ayudarte.

Tomó la taza, mirando el liquido ambarino dentro—. Uhm, no es por contradecir a tu abuela, ¿pero realmente crees que un té puede contra un virus estomacal?

—¿Virus estomacal? —parpadeó, pareciendo confundido por un momento antes de bufar una risa, había algo divertido en sus ojos—. Por supuesto, esto va a ayudarte con tu virus estomacal, te lo prometo.

Nick dudó por un momento, pero en ese instante, hubiese comido tierra si alguien le decía que eso pararía sus nauseas—. Bien, gracias.

—Mm, no es nada —le dio el otro paquete—. Galletitas integrales, es imposible que te caígan mal.

Tomando las mismas, lo miró con curiosidad—. ¿Por qué estas siendo tan amable? Tu nunca eres tan amable. Detente ahora, es demasiado raro.

Rodando los ojos, el castaño le hizo un gesto con la mano—. Come eso y ve como te sientes —dijo—. Si estas mejor, baja y te llevo a la clinica, ¿si?

Entra en mi vida |Nick/Wolf|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora