Capítulo XII

542 68 84
                                        

La mansión de Louis de Marlowe contaba con vistas a la costa. Se encontraba en una zona elevada de la ciudad, sobre un acantilado. No había casas por alrededor construidas, salvo un campo de minigolf cercano con zona chillout, por lo que tenía bastante privacidad para disfrutar de su hogar tranquilo. Harry quedó enamorado del lugar en el momento que entró por la puerta; entraba mucha luz natural, gracias a los enormes ventanales repartidos por las paredes. Aún así, la decoración era pobre y minimalista. El único defecto para el rizado.

Bueno, tampoco me quejaré, porque no es mi casa.

—Me encanta el jardín, creo que es mi parte favorita. —dirigió su mirada a la puerta de cristal que daba a la zona.

—La mía también. —tomó su maleta y la de Harry, dispuesto a llevar ambas arriba—. Ponte cómodo, estás en tu casa.

El rizado asintió y miró al modelo cargar con las pesadas maletas por las escaleras. Negó con una sonrisa y decidió salir a su parte favorita. La brisa marina acariciaba su rostro con delicadeza. El olor a mar inundó sus pulmones y el sonido de las gaviotas creaban un ambiente único. Se sentó en una de las tumbonas y cerró sus ojos, tratando de palparse del lugar más profundamente. Juraba que se quedaría dormido si seguía en ese plan. Sintió la puerta abrirse y un olor a perfume que reconoció al momento. Abrió sus ojos y se encontró con Louis, sentándose en la otra tumbona y encendiéndose un cigarro. Cruzaron miradas y el más bajo le sonrió.

—Veo que estás cómodo ahí. —dio una calada y soltó el humo por la nariz.

—Este sitio es increíble, en serio.

—Y eso que no te he enseñado nada de la ciudad aún —rio y observó el mar—. No sé, tal vez hoy, si sigue haciendo buen día, podríamos dar una vuelta por el paseo marítimo.

—Me parece bien. —volvió a cerrar sus ojos, tan solo escuchando el sonido del modelo soltar el humo y su respiración profunda—. Aunque antes haré una llamada a Liam para verifi-

—Hazz, relájate —interrumpió el ojiazul—. Si no te ha escrito o algo, es porque no hay problemas. Recuerda que hemos venido a desconectar.

Solo con llamarme por ese apodo me he relajado.

—Si, está bien. —bostezó y se incorporó en la tumbona, quedando sentado. Miró al castaño, que se levantó poco a poco.

—Debo ir a comprar comida para llenar la nevera. —miró a su jefe y dio otra calada—. No hace falta que vengas, puedes quedarte por aquí.

—No tenía pensado ir contigo, bobo. —el contrario rodó los ojos y Harry rio—. Yo te cuido tu mansión.

—No sé si eso es bueno o malo —bromeó, ganándose una mirada asesina por parte del más alto—. Bueno, te veo en un rato.

Se fue del jardín y el rizado pensó que era buena idea esperar a que abandonara la casa para inspeccionar un poco los rincones. Ser cotilla no era parte de su personalidad, bueno, tal vez si.
Cuando escuchó la puerta principal cerrarse, se levantó de la tumbona y entró a la casa. Comenzó a ojear el salón, viendo fotos familiares. Sonrió al ver a la dulce Chloe cuando apenas era un bebé. Era tan adorable.
Miró las escaleras y comenzó a subir, teniendo a elegir varias habitaciones. Casualmente, la primera con la que dio, era la que parecía ser la principal, la de Louis. Entró y observó una gran cama de matrimonio, con dos mesitas de noche a los lados. El cuarto tenía un armario empotrado, de puerta corredera. Las paredes estaban pintadas de azul cielo. Miró a su alrededor y dio con una cómoda, donde arriba de ésta había tres fotos; en la primera, la madre de Louis cargaba un bebé recién nacido, junto a una niña de unos cuatro años. Supuso que se trataba de Rachel y el pequeño niño era el modelo. Sonrió enternecido y miró la siguiente; mostraba a los tres hermanos, posiblemente en unas navidades, ya que llevaban puesto gorritos de papá Noel. En esa foto, Chloe tenía dos años, Louis dieciséis y Rachel veinte. La última foto, era más antigua, donde salía una mujer que Harry desconocía. Se parecía a Beatriz, pero no era ella. El rizado supuso que era una tía, abuela, o cualquier otra persona de la familia. Sonrió, pero con tristeza, ya que, rodeando el marco, unas pequeñas velitas apagadas se abrazaban a él. La mujer que aparecía en la foto, posiblemente había fallecido. Se dio la vuelta para seguir mirando, cuando vio las maletas de ambos en esa habitación. ¿Acaso Louis quería dormir con Harry? Estaba claro que había cuartos de sobra para que él pudiera dormir, pero ahí estaba su maleta.

Duelo de poder || l.sDonde viven las historias. Descúbrelo ahora