Mi corazón, antes un jardín floreciente de emociones, se convirtió en un oscuro abismo donde las estrellas se extinguieron una a una. Cada latido es como un eco distante de lo que una vez fue, recordándome constantemente la melodía alegre que solía danzar en mi pecho. Ahora, las grietas en mi alma son como fracturas en un espejo, reflejando fragmentos rotos de lo que solía ser yo. Las lágrimas son la lluvia que cae sobre este paisaje desolado, y el eco de mi tristeza resuena en las sombras que habitan en mi interior.
En realidad, fue un abismo durante mucho tiempo, hasta que le conocí, plantando en mí ese jardín que más tarde se marchitó de nuevo...
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1 día antes.
—Señorita Anderson, hágales pasar ya.
La voz ronca del rizado atravesó el micrófono de su teléfono, llegando a oídos de la morena, que se sintió desfallecer en ese momento. No iba a mentir que seguía teniendo una profunda atracción por su jefe, pero prefería no mostrarlo tanto. Ahora daba una imagen más profesional.
—Enseguida, señor Harry.
El nombrado se acomodó en su gran silla, tronando los dedos de sus manos anilladas. Tensó su mandíbula y lamió sus dientes superiores con la boca cerrada. Su enfado se notaba a kilómetros, y como para no estarlo. Estaba a punto de reunirse con los empleados de su sucursal incenciada en Francia. Uno de los que entraría por esa puerta, sería el responsable de la pérdida de dinero para disfrute personal. No iba a permitir que se fuera de rositas.
Poco después, comenzaron a adentrarse en la gran oficina, tomando asiento a lo largo de la mesa de reunión que disponía el joven director. Los observó detenidamente, tratando de analizar las caras de todos. Una vez que todos estuvieron sentados, Harry se levantó.
—Bien, damas y caballeros, gracias a todos por venir. —comenzó a pasearse alrededor de la mesa—. Bueno, está claro que el motivo de que estéis aquí, se debe a unas circunstancias no muy agradables que digamos...
Peinó sus rizos hacia atrás mientras seguía caminando. El resto permanecía en silencio, escuchando todo lo que su jefe tenía que decir.
—Iré un poco al grano. He estado un poco ausente durante unos meses, por unos problemas personales y, al parecer, uno de los que estáis aquí sentados, se aprovechó de la situación para...¿cómo lo podemos llamar? ¿Robar? Mmm, tal vez...¿hacer creer que Harry es imbécil y no se dará cuenta? Si, creo que la última opción. —paró sus pasos junto a su silla y apoyó sus manos sobre la mesa, inclinándose hacia ellos—. Más le vale al responsable, que admita lo que ha hecho, o esto no va a acabar muy bien.
El silencio que apareció después, fue bastante aterrador, helado. Nadie formulaba palabra. Algunos se miraron unos a otros, incrédulos por la confesión del rizado. Éste ladeó una sonrisa, sin ningún rastro de felicidad.
—Con que...¿así va a ser? —apretó su mandíbula— No vais a salir de esta sala, hasta que el culpable se ponga de pie.
Todo permanecía igual. El ojiverde siguió hablando y retomó su paseo por la sala.
—Malversación de fondos... casualmente, la empresa se incendia cuando la cantidad perdida de dinero iba a ser notoria...me huele un poco a trampa, y no me gustan las putas trampas. —miró a todos con su ceño fruncido—. Lo siento por los que no hayáis hecho nada malo, pero debéis entender que yo no puedo fiarme de ninguno ahora, no hasta que confiese el que ha sido.
Silencio de nuevo. La paciencia de Harry comenzaba a agotarse.
—¿Quién ha sido? —cogió aire dio un golpe en la mesa—. ¡He dicho que quién ha sido!
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Duelo de poder || l.s
Fanfiction"Cuando el poder alcanza lo más alto de sus cabezas y sus ansias por lograr cada vez más, aumenta, la rivalidad entre ellos se hará notar a partir de ahí, solo es el comienzo..." O donde Harry es el director general de la empresa de moda de StyleSph...
