Capítulo XIX

473 52 49
                                        

El coche del rizado avanzaba rápido por las calles de Avenbury. Sus nervios estaban a flor de piel, y la ansiedad comenzaba a consumirle. El saber que su madre estaba en el hospital, sin saber su estado, era la peor de sus pesadillas. Su ritmo cardíaco era acelerado. Paró en un semáforo y comenzó a rascar su pulgar con el índice. Era un tic nervioso que tenía desde pequeño. Al rozar junto a la uña, se provocaba heridas. Louis iba en el asiento del copiloto. Cuando vio la reacción de su chico ante la horrible noticia, decidió acompañarlo para darle apoyo. Colocó su mano sobre su pierna y la acarició.

—Te vas ha hacer sangre, cariño, no. —Dirigió su mirada hacia su mano maltratada por él mismo. El ojiverde le miró angustiado.

—Tengo mucho miedo... —Suspiró con la voz entrecortada y siguió conduciendo.

—Ya llegamos, amor. —Miró por la ventanilla, observando el hospital a lo lejos.

Una vez aparcado el coche, bajaron apresurados y entraron al edificio. El director se acercó a recepción y preguntó por su madre. Le dieron el piso donde estaba y subieron a ésta. Se sentaron en la sala de espera y Harry comenzó a temblar al saber que se trataba de quirófano. Su chico le envolvió en sus brazos.

—N-no me dijeron la gravedad en la que está, y eso m-me asusta más.

—Esperemos a ver qué nos dicen cuando salga alguien. —Acarició lentamente su cuerpo y dejó varios besos en su cabeza.

Minutos después, un doctor salió de la puerta donde estaba la madre del rizado. Observó a los dos jóvenes y se acercó.

—Señor Styles.

—¿Cómo está mi madre? —Se levantó de un salto.

—Está bien, consciente y todo. —El chico cogió aire y lo soltó algo más aliviado—. Su pierna derecha es la que sufrió el mayor impacto, aunque ambas están afectadas. No se rompió la femoral de milagro. Tiene dislocada la cadera también —Soltó un suspiro y revisó un portapapeles que tenía en las manos con toda la información—. Tendrá que permanecer aquí un tiempo hasta que veamos si sus piernas reaccionan a los estímulos. Ahora mismo no puede andar. Le haremos más pruebas, pero la trasladaremos a planta y le dejaremos verla.

—Vale, muchas gracias doctor. —Éste se retiró. Volvió a sentarse y suspiró. Su chico le tomó de las manos—. Ella no puede andar...por el momento. Ha estado a punto... —apretó sus ojos—...de morir.

—Dios mio. —Tragó saliva con pesadez y acarició sus manos—. Tu madre es muy fuerte, saldrá de esta, bebé.

El más alto asintió y se acurrucó a su lado. Un rato después, su madre ya estaba en la habitación, por lo que podían ir a verla. El ojiazul se quedó fuera, dejando que su jefe fuera con ella.

—¿Mamá? —Entró en la estancia y se acercó a la cama, donde descansaba la ojiverde. Estaba despierta. Ésta miró a su hijo y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Harry... cariño.

El nombrado posó su mano sobre la suya, acariciando el dorso de ésta con cuidado. Hacía esfuerzos por no mostrarse débil. Quería ser fuerte por ella, aunque verla rodeada de cables y vías no ayudaba.

—¿Cómo te sientes? —Utilizaba su pulgar para repartir caricias. Su voz sonaba baja, temblorosa.

—Aún tengo anestesia, así que un poco aturdida, pero bien. —Acunó la mejilla de su hijo con su mano y sonrió más. El joven comenzaba a romperse.

—¿Cómo ha sido, mamá? ¿Recuerdas cómo ha pasado? —ella asintió.

—Fui a ver a tu padre... —Harry se tensó—...a dejarle unas flores. Cuando salía del cementerio, esperé en un paso de cebra. Crucé cuando estaba en verde, te lo prometo. Recuerdo cómo un coche venía directo a mi, sin intención de parar, y lo último que escuché, fue un chirrido fuerte y agudo. He tenido suerte de no acabar peor.

Duelo de poder || l.sDonde viven las historias. Descúbrelo ahora