Capítulo XXIV

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Miro atrás y veo mi empresa como un frágil barco de papel que lancé al capricho de las olas del destino. En un momento de ceguera, dejé que la brisa de la complacencia me arrastrara, y poco a poco, las mareas turbulentas del descuido comenzaron a azotarla. Mis decisiones erráticas se convirtieron en las corrientes que desviaron su rumbo, y ahora, en medio de esta tormenta de remordimiento, anhelo desesperadamente recuperar el timón que dejé caer con ligereza. Mis sueños empresariales, como el papel, se han empapado de un pesar que flota en el vasto océano de oportunidades perdidas...

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5 días antes.

—¡Perfecto! ¡Has estado increíble, Tommo!

Liam aplaudía con orgullo a su amigo, una vez terminó el recorrido que hizo por la pasarela. Estaban en el último ensayo de prueba previo al desfile que se celebraba hoy, donde tendría que modelar la colección primavera-verano de su empresa, siendo de las más esperadas de la siguiente temporada. Todo debía salir perfecto.

El ojiazul bajó de la plataforma y arregló rápidamente su cabello.

—¿Si? ¿Te ha gustado? —el coordinador asintió.

—¡Ya te digo! No tengo dudas de que vas ha hacerlo genial en el desfile. —palmeó su hombro con alegría.

—Muchas gracias, Li.

—Yo tampoco tengo dudas de que lo harás genial.

La voz grave del dueño de StyleSphere al final de la sala les hizo pegar un salto del susto. Ambos chicos le miraron allí, apoyado en una pared, cruzado de brazos y luciendo espectacular, como de costumbre. Ladeó una sonrisa y se fue acercando a ellos a pasos lentos.

—¿Desde cuándo llevas ahí? —cuestionó Louis.

—Prácticamente la mitad de tu ensayo. —paró frente a él y tomó su cintura—. ¿Por qué? ¿Te molesta?

—Para nada. —lo abrazó del cuello y le pegó más a él—. Dame un beso por haberlo hecho tan bien, ¿no?

Ejem... —el coordinador carraspeó, llamando la atención de la pareja—. Yo sigo aquí.

—Perdona, Liam. —el ojiazul rio y se separó un poco de su jefe.

—Por cierto, Harry, tengo que hablar contigo de un asunto importante.

El nombrado volvió a cruzarse de brazos en dirección a su empleado. Asintió con el semblante serio.

—¿Ahora? —Liam asintió— Vale, vamos a por un café y me lo cuentas. —miró a su novio y señaló la pasarela—. Tú mentalízate e impregnate de cada prenda que vas a lucir. Óscar va a encargarse de supervisar el tiempo que te queda.

—Si, señor.

El ojiverde rodó los ojos con una sonrisa y le acercó con una sola mano en su cintura, plantándole un beso antes de irse con el de ojos marrones.

Ambos jóvenes entraron en una de las cafeterías del recinto. Se sentaron en una mesa alejada del resto y ordenaron dos cafés. El rizado comenzó a jugar con sus anillos, a la espera de que Liam comenzara a hablar. Alzó su mirada hacia él y humedeció sus labios.

—Cuéntame.

—Charlotte me dijo que te llamó unas cuantas veces anoche y no se lo cogiste.

—Estaba ocupado y no pude atender. —arrugó su nariz sorbiendo—. ¿Por qué?

—Después me llamó a mi, y me pidió que te informara de todo —suspiró haciendo una pausa y acercándose un poco más a su jefe para susurrar—. Tenemos problemas en la empresa.

Duelo de poder || l.sDonde viven las historias. Descúbrelo ahora