Capítulo XXV

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Como un viajero sediento en un desierto implacable, me encontré anhelando la frescura de un oasis aparentemente real en medio de mi soledad. Me sumergí en su belleza como si fuera un manantial divino, pero con el tiempo, ese oasis se desvaneció como un espejismo, dejándome atrapado en la aridez de la traición y la desconfianza, perdido en la vastedad del engaño...

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4 días antes.

Penúltimo día de la London Fashion week, y Harry estaba ansioso por terminar con todo aquello. Si por él fuera, decidiría volver de vuelta a Avenbury a falta de un día de terminar el evento, pero por profesionalidad, debía quedarse. No iba a dar una mala imagen a todo el mundo.

El caso era, que no lo estaba pasando bien, en el fondo, ya que su cabeza no dejaba de pensar en la traición de uno de sus empleados de Francia. Debía solucionar el problema y evitar que pasara algo igual.

Sentía que su autoridad cada vez estaba siendo mas pisoteada, y que nadie le respetaba ya. ¿En qué momento todo se había torcido de esa manera? No podía seguir permitiendo que la línea siguiera ese ritmo, o terminaría cayendo al vacío, un vacío llamado fracaso.

Soy Harry Styles, joder, dirijo la mejor marca de moda del momento.

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Unos labios finos y amorosos comenzaron a recorrer su torso mientras él descansaba medio dormido en la cama. Sentía como iban desde sus hombros hasta sus pectorales, parando unos segundos en sus pezones y siendo besados con más cariño. Aquella boca ansiosa bajaba hasta sus abdominales, y después subían hasta su cuello, creando un camino común para ella. Terminó en su rostro, recorriendo el pequeño rastro de vello facial que asomaba tímidamente en su piel. Respiró un poco más fuerte al sentirla sobre sus labios, besándolos con delicadeza.

—Amor...

Besaba su labio inferior, atrapándolo suavemente con los suyos.

—Despierta, que ya son las once de la mañana...

Los jades del director se fueron abriendo poco a poco. Un ligero gruñido resonó desde su garganta. Rodeó con sus fuertes brazos el cuerpo del modelo y lo aprisionó contra el suyo.

—¿Y qué? Hoy no hay nada importante hasta después de comer.

—¿Te vas a quedar en la cama hasta la hora de la comida? —el rizado tarareó en respuesta—. Eres un vago.

—Y tú un pesado —soltó con la voz aún ronca—. Hagamos algún plan simple hoy, solo tú y yo.

El ojiazul se incorporó un poco sobre él y besó su frente.

—Tal vez, si fueras metiendo tu culo a la ducha, podamos hacer algo.

Su jefe resopló y liberó al más bajo de sus brazos. Se deslizó perezosamente por el colchón, hasta llegar a la orilla de éste. Se levantó y estiró, dejando a la vista de su chico, su cuerpo perfectamente ejercitado y desnudo.

—Al final no me contaste la razón de tu enfado al teléfono ayer —interrumpió el mayor—, y me gustaría saberlo.

El rizado volvió a sentarse y soltó un suspiro. Peinó sus cabellos hacia atrás y miró por encima del hombro al castaño, que permanecía acostado en la cama, con su mirada posada en él.

Duelo de poder || l.sDonde viven las historias. Descúbrelo ahora