Extrañado se adentró a la oficina. No entendía qué es lo que había podido llegar a hacer mal. Se podía esperar cualquier cosa de su padre.
—Padre, me mandó a llamar, ¿está todo bien? —preguntó avanzando unos pasos hacia el escritorio.
El rey yacía en su elegante silla de bordes dorados. Poseía un semblante serio, intimidante.
—"Regla 163: Cada habitante del pueblo posee el derecho de vivir libremente sin hacer daño ni ofender al prójimo" —levantó la mirada del papel y lo observó fijo—. ¿Puedes explicarme ya mismo qué significa esto?
—Estoy otorgando la armonía a mi pueblo, ¿qué tiene eso de malo?
—Según tu cabeza que parece no tener uso de razón, ¿cualquier persona tiene el derecho de vivir libremente sin importar qué? —Edward no entendía a donde quería llegar su padre.
—Si, asi es. Mientras no ofenda al prójimo.
—Estás dando derecho a que los delincuentes, estafadores, ¡e incluso maricas y todos sus allegados invadan nuestro pueblo, Edward! ¿Acaso no piensas con claridad? —de pronto comenzó a sentir un poco de miedo—. ¿Ahora de dónde estás sacando todas esas ideas erróneas? ¿Cuándo te he hablado yo sobre esa gente abominante?
—No lo escribí queriendo darle el derecho a esa gente, ni se me pasó por la cabeza. Solo me refería a que todos deben dar respeto mutuo para poder vivir en armonía —trató de defenderse. No se le pasó por la cabeza ni una ni otra cosa. Él sólo trató de cumplir la petición de su padre, pero como siempre, lo había hecho mal.
—¿Entonces piensas que le debemos respeto a los maricas? —sentía miedo de hablar sobre esto con su padre.
—No —contestó, bajando la cabeza.
—Pues entonces no entiendo el fin de esta regla que tú mismo escribiste. Debes empezar a ser más inteligente Edward. Algún día serás rey y no habrá tiempo para errores —demandó enfadado—. Iré contigo al pueblo el día de tu discurso para asegurarme que cuides nuestra reputación.
—Si, padre. Lo siento.
—Hazme el favor y vete.
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James le llevó nuevas tareas que realizar. Pero su mente no paraba de sobrepensar lo ocurrido con su padre. Se había muerto de miedo allí parado. Esperaba no haber lucido patético. Su padre parecía ver a través de él, rogaba que no fuese lo que parece.
Al no poder concentrarse, decidió salir a caminar al jardín. Cruzó la puerta principal y notó que había un carruaje fuera de la recepción. Se quedó varios segundos parado allí, intentando adivinar de quién se trataba. Hasta que un momento después vio como una melena pelirroja bajaba lentamente del carruaje.
Diablos, era Aarón. El chico se acomodó su lujoso traje negro perfectamente planchado y acomodó su corbata.
"Nada de este día puede salir peor" pensó. Hasta que notó como detrás de Aarón siguieron saliendo otros jóvenes. Seis más bajaron, uno detrás de otro. Maldita sea.
Los observó caminar cuidadosamente hasta la recepción. Luego, vio como dejaban sus chaquetas sobre el perchero de la entrada y se adentraban al gran salón.
—Hijo, ¿qué haces aquí parado? Ve con tu primo —Matilde interrumpió sus pensamientos tomándolo de los hombros. Edward se sobresaltó un poco.
—¿Qué hacen aquí?
—Oh, ¿no sabías que vendrían? Pensé que tu padre te lo había comentado. Confirmaron su visita la semana pasada —informó un poco confundida—. Tu tío Evan tenía que asistir a una reunión importante junto a tu padre y otros marqueses y duques. Es por eso que tu primo ha venido junto a los hijos de Rodrigo y Arturo II. Cenarán aquí.
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Mi Dulce Amado
RomanceEn la vida, muchas veces aguantas tanto dolor que te destroza hasta caer de rodillas al suelo, solo por amor. Muchas veces no sabes en qué momento caerás, o si simplemente la vida es buena contigo y te hace levantar de la mejor forma. Nunca lo sabre...
