11. Hacer el amor

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El día había pasado como el viento. La visita de la familia Ortiz estaba por finalizar. Ambas familias charlaban mientras caminaban hacia la puerta principal del castillo.

—En verdad fue un placer verlos —confesó la reina Ortiz.

—Lo mismo digo, Miranda —contestó Matilde.

Mientras todos se despedían, Edward estaba detrás de su madre completamente aburrido, intentaba pasar desapercibido. En un momento dio media vuelta y visualizó a William bajando las escaleras principales. Enseguida, ambos conectaron miradas. Mierda, morían por abrazarse hasta fusionarse.

Se sonrieron sutilmente. El príncipe caminó hasta la mesita que había en la recepción, en esta había una pluma y hojas donde marcaban las salidas de los carruajes, visitas, etc. Le hizo una seña indicándole que esperara. Haciéndose el tonto escribió rápidamente algo y rompió el pedacito de papel. William lo observaba esperando lo que éste tenía en mente. El príncipe se acercó a él, con el papel en mano.

—Hola —saludó en voz baja el príncipe.

—Hola príncipe.

—Agarra esto disimuladamente —dijo extendiendo sutilmente el papelito que tenía en la mano. Cuando William lo agarró una voz externa hizo que se sobresaltaran.

—Edward, ven ya mismo —habló el rey entre dientes, intentando disimular su enojo—. La familia Ortiz ya se retira.

El rey miró por encima a William y lo saludó con la mirada.

—William, cariño, ¿cómo te va? —habló la reina.

—Bien, gracias alteza —respondió alegre. La reina le sonrió de regreso.

William se retiro del lugar mientras leía la nota.

"Te veo en el establo en 15 minutos"

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Edward se sentó en un costal de heno, cerca de donde William cepillaba a un caballo, para así poder tener una conversación más íntima ya que Oliver y Romeo estaban a varios metros de ellos.

—Cuéntame cómo te fue en el pueblo, hemos estado al día por cartas, pero seguro olvidaste mencionar algunas cosas.

—Em... de hecho te he contado todo, creo. Déjame pensar —William parecía intentar recordar mientras le quitaba los nudos de pelo al gran cepillo.

—Romeo mencionó que tienen una amiga allí en el pueblo, ¿no la has visto en esos días? —William lo miró extrañado.

—Oh, si. Lana. Es una amiga de la infancia, me he podido reencontrar con ella en esos días.

—Que bueno.

—Si, un día me acompañó a recoger a Nolan de la escuela. Fue agradable verla después de tanto tiempo.

Hubo un pequeño silencio.

—Tu hermano Nolan en verdad es igual a tu madre, tiene algunos de tus rasgos de cara perfecta, pero es idéntico a tu madre —comentó el príncipe.

—Es cierto que lo viste en el comité —contestó recordando—. ¿Y yo no soy igual a mi bella madre? —preguntó fingiendo estar ofendido.

—Eres más parecido a tu padre, pero tus ojos son una mezcla de los dos. Nolan tiene los ojos completamente azul claro de tu madre, al igual que el cabello pelirrojo. Tú, tienes los ojos azul grisáceo, parecidos a los de tu padre, pero no completamente iguales, y el cabello castaño al igual que él.

—Debo admitir que me siento alagado.

Edward se acercó para apoyarse en el marco del corral donde se encontraba William.

Mi Dulce AmadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora