27. Paga tu maldición

6 0 0
                                        







La tarde estaba llegando a su fin. En la hora del té había ignorado completamente a William. Por un lado fue totalmente intencional, pero por otro seguía distraído con aquella carta de Cleo.

—La boda se aproxima más rápido de lo que parece, Edward. Deja de distraerte y ve a la mejor joyería a buscar sortijas —Gabriel interrumpió sus pensamientos. Se había desilusionado ya que pensó que tardaría más tiempo en aquella conferencia.

—¡Oh, si! Yo podría acompañarte —habló sonriente Matilde.

—Mañana en la tarde iré. Pero debo ir solo, madre. Por favor. Quiero que sea sorpresa para todos —dijo. Lo usaría como excusa.

La hora del té pasó, con el permiso de sus padres se levantó de la mesa. Se sentía asfixiado, su corbata lo ahorcaba. No pudo llegar a su habitación así que se metió en uno de los baños del primer piso. Se mojó la cara y se sacó la corbata en busca de oxígeno. Miró su reflejo borroso en el espejo, se sentía perdido.

—Ey, ¿qué haces por aquí? ¿Esta todo en orden? —habló William a sus espaldas, Edward lo miró unos segundos en el reflejo, silencioso—. Lo siento, no sabia que estaba ocupado. ¿Te encuentras bien?

—Si, bien —dijo desinteresado en la conversación.

—He estado preocupado por ti, estás ausente —se acercó lentamente hacia él.

—Estoy bien. No tienes de qué preocuparte —William comenzó a besar la parte de atrás de su cuello, abrazándolo. Edward cerró los ojos instantáneamente. Disfrutó del tacto por un momento más hasta que se dio la vuelta quedando frente a él.

—Te he extrañado, príncipe... —Edward lo observó antes de que William cortara la distancia entre ambos con un beso. Compartieron lentitud en el tacto hasta que las manos de ambos comenzaron a buscarse bajo la ropa, haciendo que los besos subieran de tono. Edward chocó contra el lavamanos, la adrenalina se hizo presente en ambos, inconscientemente comenzaron a forcejearse la ropa. William rompió el beso un momento.

—Deberíamos parar aquí. Alguien podría entrar —dijo sonriendo sobre sus labios.

—Sal tu primero. Espérame en tu habitación —William asintió. Se asomó cuidadosamente por la puerta del baño y, cuando vio que no había nadie salió de allí dirigido a su habitación. Unos segundos después, tras él salió Edward.

Quizás había sido una decisión muy apresurada, o quizás no lo había pensado bien, pero teniendo a William así de cerca, de esa forma... era imposible resistirse a él. Ni con todas sus fuerzas era capaz de negarlo, William lo hacía débil de una forma que llegaba a ser patética. Al tenerlo debajo, de aquella forma tan expuesta, jadeando por él, desesperado por más de su tacto, desquitó todo su enojo y su dolor. Quizá lo odiaba, y quería hacerlo pagar por romperle el corazón. Si fuera listo quizá no se dejaría llevar tan fácil por la ira. William se movía y él respondía a eso, quizá no debería, pero al menos lo tenía allí con él.


━♔━≫♔≪━♔━



—¿Qué harás ahora? —preguntó Edward mientras se sentaba en la cama aún desnudo.

—Volveré al establo —respondió mientras se terminaba de vestir. Edward quedó unos segundos en silencio. William lo observó—. ¿Te sucede algo? Eso estuvo genial... pero casi no has soltado palabra.

—¿Cuándo pensabas decirme que te acuestas con alguien más? —soltó finalmente. William lo miró confundido dejando de abotonar su camisa para dirigir toda su atención a Edward.

—¿A qué viene esto?

—Eso no viene al caso, ¿pero nunca pensabas decírmelo? —dijo molesto. William soltó una risa en señal de frustración.

Mi Dulce AmadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora