Mia Arango
Siento miedo, mucho miedo justo en este momento. En realidad no soy una persona de sentir temor, pero después de que casi muero quemada viva le tengo pavor a la muerte.
Él está aquí, no tengo idea de quién es, ni porque quiere hacerme tanto daño, tampoco comprendo como ha podido entrar a la mansión con facilidad. Ha llegado hasta mi habitación, interrumpió mi sueño y ahora masajea mi sexo como si fuese mi dueño.
Mis ojos se llenan de lágrimas y las contengo, hago el máximo esfuerzo de no permitir que salgan porque para el enmascarado que tengo al lado sigo dormida. Siento unos deseos inmensos de gritar, de pedir ayuda, toda mi familia está en la mansión y por la hora que es deben estar dormidos, necesito la ayuda de mi padre o de Miguel aquí y ahora... No quiero morir.
El latir de mi corazón está a toda velocidad, me preocupa porque es la primera vez que se mueve tan rápido. Él sigue en lo suyo, moviendo sus dedos en forma circular en mi sexo, es la primera vez que alguien me toca de esta manera, porque nunca he tenido un novio, siempre quise experimentar lo que se siente una masturbación, pero jamás llegue a pensar que la primera vez me causaría repudio, porque el enmascarado solo me genera asco.
De manera brusca introduce dos dedos en mi interior, causándome dolor, pero no le demuestro nada, me quedo tranquila, porque no puede darse cuenta de que estoy despierta. Comienza a mover sus dedos en mi interior de forma rápida, aprieto mis labios para contener una queja de dolor. Sigue penetrándome con sus dedos y al mismo tiempo lo escucho gruñir como si lo estuviera disfrutando.
¡Maldito pedófilo!...
Continúa moviendo sus dedos de forma violenta, de repente me siento aliviada cuando los retira por completo de mi interior, pero un chillido de dolor se escapa de mi boca, logrando ponerlo alerta de que estoy despierta, en el momento que acaba de introducir tres dedos de nuevo en mi sexo.
Aprieto mis piernas de manera rápida logrando que vuelva a sacar los dedos de mi sexo, me siento en la cama intentando levantarme a toda velocidad, pero es en vano porque mi cuerpo vuelve a quedar acostado cuando siento su puño impactar en mi rostro.
—¡Eres un cobarde!. ¡Un..!
Mis gritos se detienen cuando de nuevo su puño impacta en mi mejilla, pero está vez más fuerte.
Las lágrimas no las puedo contener, ellas salen solas, rompo en llanto porque es lo único que sé hacer, no me sé defender. Soy toda una inútil y este... Este puede ser mi final.
Se acerca acortando nuestro espacio y lleva sus manos hasta mi cabeza, sostiene mi pelo y ejerce mucha fuerza en él, sin importar lastimarme. Me obliga a mirarlo a los ojos, no puedo descifrar de cuál color los tiene por la oscuridad de la habitación, las luces están apagadas, solo entra la luz de la luna a través de la ventana.
Acerca su rostro más al mío y aunque lleva puesto el pasamontañas, el cual cubre su boca y nariz, puedo sentir su respiración. Está calmado, muy calmado como si él no fuese un maniático, mientras yo estoy casi muerta del miedo. Llevo mis manos hasta su rostro para intentar quitarle el pasamontañas, pero no me lo permite.
—¿Qui.. Quién... Quién eres?. —mis labios tiemblan y las lágrimas no paran de salir.
No responde.
Aparta las manos de mi pelo y lleva solo la izquierda hasta mi rostro, desliza sus nudillos en mi mejilla con suavidad y lentitud, justo donde me pegó dos veces. Acabo de darme cuenta de algo, solamente trae guantes en una sola mano, en la izquierda, el cual es en color negro, al igual que el pasamontañas que cubre su rostro y la ropa que trae puesta.
ESTÁS LEYENDO
Alma Velasco (+21)
RomanceAlma Velasco nunca llegó a pensar que con solo aceptar una beca todo resultaría tan difícil. La vida de Alma cambio por completo desde el día que puso los pies sobre la universidad europea de Madrid, al verse obligada a salvarle la vida a la hermana...
