Capitulo 32 .. El amor

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Alma Velasco

—Miguel Arango, te prohíbo que me dejes. —estoy en un hilo de voz.

Mis ojos están sobre el hombre que amo, apreciando una imagen desalentadora, alimentando mis miedos y destruyéndome por dentro. Camino despacio hasta que me posiciono a su lado, su pecho es un sube y baja al igual que el mío, está dispuesto a terminar con su preciada vida.

—No... No lo hagas, por favor. —mis palabras son súplicas.

Su piel brilla y corren pequeñas gotas de sudor por todo su rostro, brazos y torso desnudo. Mientras él hace caso omiso a mis palabras, continúa con el revólver dentro de su boca y su dedo sobre el gatillo dispuesto a continuar con esta locura.

—Amigo, no te atrevas. —habla Leonardo a mis espaldas.

—Miguel...

Leonardo me detiene, justo cuando estoy por posicionar mis manos sobre el torso de Miguel siento su palma sobre mi hombro.

—Déjame hacerlo. —me susurra.

Niego.

—Quiero hacerlo yo. —me aparto de su agarre.

Me acercó hasta Miguel, quedando frente a él. Mi corazón está a la velocidad de una locomotora, me duele verlo de esta manera dispuesto a terminar con su vida como si fuese tan fácil, entiendo su dolor, es que está devastado, pero esta no es la manera.

No me mira, tiene su mirada perdida hacia la nada, pero de repente veo sus preciosos ojos llenarse de lágrimas, empezar a salir de ellos y correr por sus mejillas.

Le salvé la vida a su hermana dos veces, del fuego y del agua, pero no tengo la menor idea de cómo salvar a una persona que está dispuesta a quitarse la vida. De lo único que estoy segura es que lo amo y no estoy dispuesta a perderlo.

—Miguel... Mi amor. —no puedo contener las lágrimas, comienzan a salir solas—. No me hagas esto.

Con la mayor de la lentitud levanto mis manos y las guío hacia él. No puedo controlarme, están temblando, al igual que mis piernas y los labios de mi boca.

—Amor mío. —con mucho cuidado detengo mis manos sobre las suyas, las cuales sostienen el arma de fuego que permanece dentro de su boca.

—Alma, cuidado. —escucho la voz de Leonardo decirme en un tono bajo, acorralado por el miedo al igual que yo.

Sus manos están heladas y tiemblan de manera excesiva, mientras el pálpito de mi corazón se intensifica.

—Necesito que me mires. —intento sonar calmada, aunque por dentro la desesperación de salvarlo me está consumiendo—. Mi amor, quiero que me mires.

No reacciona.

Es como si no me estuviera escuchando, como si estuviera perdido en otro mundo muy lejos de esta tierra.
Continúa llorando sin sollozos y el sudor corre en una inmensa cantidad por su piel.

—¿Por qué quieres hacer esto?. —mi voz está quebrantada, no puedo evitarlo—. ¿Crees que esta es la solución a todo?

Mis ojos observan como sus labios cubren el revólver que permanece dentro de su boca.

Me duele ver esto.

—No podemos remediar el pasado, pero si podemos construir un presente, juntos podemos hacerlo. Te amo Miguel Arango.

Sus hermosos ojos azules se encuentran con los míos de manera inesperada y transcurren largos segundos que parecen eternos, puedo ver su dolor, el sufrimiento lo está consumiendo y sus lágrimas son un intento de desahogo para toda esta tormenta.

Alma Velasco (+21)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora