Capítulo 24

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En medio de la noche, la lluvia se hizo presente.
El cielo estaba completamente cubierto por nubes oscuras. Era evidente que pronto no se iba a detener.

Los pasos apresurados del Príncipe dejaban escuchar un chapoteo bajo sus pies.
Llevaba su capa negra para proteger su identidad y también protegerse de la lluvia. Ya el frío estaba llegando a la cuidad, no podía enfermarse.
En su mano llevaba su maletín para primeros auxilios, aunque esperaba no tener que usarlo. Solamente lo llevaba por precaución.

— Yo iré a ver a Luffy. Ustedes encarguense de que encierren a los responsables de ésto en el calabozo. Yo me haré cargo personalmente de ellos.

— Si, Príncipe.

Apenas llegó a la casa de su Omega, abrió la puerta para entrar con rapidez. Sólo quería verlo bien y sin un solo rasguño.
Los presentes se sorprendieron por el repentino ruido y a la vez se asustaron, pues no esperaban visitas de nadie.

— Quién eres?!

El peliverde apuntó al desconocido con su katana, dispuesto a atacar en cualquier momento.
Zoro aún estaba en la casa, para cuidarlos de cualquier cosa que pudiera llegar a suceder.
Pronto se tranquilizaron, pues Law se quitó su capa y fue reconocido al instante por todos. Rápidamente Zoro alejó su espada del gobernante, guardándola en su funda de nuevo.

— Oh, Príncipe, bienvenido. Disculpe mi comportamiento agresivo.

— Torao! Qué haces aquí?

El nombrado se acercó rápidamente al menor, para rodearlo con sus brazos. Soltó un gran suspiro, cerrando sus ojos. Nada lo hacía sentir más tranquilo que ver a su pareja a salvo.

— Me alegra que estés bien... Todo es mi culpa, debí protegerte mejor. Te prometo que no volverá a ocurrir.

— No es culpa tuya, Torao. Gracias por venir a verme, pero estoy bien. Zoro me salvó a tiempo y Ace... Ace! Torao! Ace está herido! Por favor, salvalo!

Rápidamente recordó la situación de su hermano, la cual había olvidado al ver a su Alfa ahí. Solamente no se veían desde hacía unas horas, pero su presencia le hacía falta.
Con sus ojos llenos de lágrimas, miró suplicante a su Alfa. Tenía mucho miedo de perder a su hermano.

— Maldita sea, por qué no lo dijiste antes? Llévame con él.

El Príncipe se apresuró a ir a donde habían dejado al pecoso.
Estaba pálido, muy débil e inconsciente por la pérdida de sangre.
Se colocó rápidamente sus guantes negros y comenzó a tratarlo, primero desinfectando la herida. Luego le colocó hierbas para que lo ayude a curarse más rápido, y al final coció la herida. Por último, le inyectó antibióticos para evitar que pueda contraer tétanos.
Tardó casi dos horas, pero finalmente acabó con su trabajo.

— Él va a estar bien?

— Hice todo lo que pude. Ahora todo depende de él y del destino. Sólo queda esperar.

Se quitó sus guantes y los lanzó a la basura. Luego se alejó, dejando que el Alfa pelinegro pudiera descansar.
Volvió a acercarme a su Omega, rodeándolo con sus brazos de nuevo.

— No te preocupes, él es fuerte. Se que lo logrará.

— Gracias, Torao. Te amo.

— Yo más... Realmente estoy muy agradecido de que estés bien... Gracias por salvarlo, Zoro.

El Príncipe de ojos grises | LawluHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora