21.Como el yin y el yang

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Y ahí fue donde decidió abandonar la conversación. No podía arriesgarse. Ken le había ofrecido fingir que no había visto su compresa femenina asomar, era de estúpidos reabrir el tema solo para justificarse cuando el otro nunca le pidió explicaciones. Vale, había sido una manera un poco nerviosa, explosiva y confusa, quizás errónea, de admitir que podía ser bisexual, pero no sería él quien juzgara las formas de expresión de su amigo. Si había desahogado así su ansiedad, entonces valía la pena. Le dejaba un mal sabor de boca dejarle solo el resto del descanso, pero necesitaba ver a Eiji y sabía que no era buena idea que estuvieran ambos uno frente al otro. Por suerte, Ken no se lo tomó con mal temperamento. Antes de marchar, le recordó la posdata de la nota que trajeron las rosas. Cierto, aún debía mirar la cartelera de cine. Tenía tiempo para ello, pero no debía demorarse, la Golden Week estaba al caer y era muy buena idea aprovecharla por la falta de clases. Aquella semana festiva iba a ser distinta a las anteriores. Esta vez no la celebraría solo.

No necesitó siquiera saludar, nada más atravesar la puerta de la azotea, Eiji le puso los ojos encima. Ambos esbozaron dos amplias sonrisas brillantes. Estaban encantados de verse después de la falta de contacto y sus cuerpos lo agradecían con aquel aumento del pulso. Kuta se fijó en profundidad en la expresión luminosa de su amigo y le hizo un gesto con la cabeza a Mikau para que también prestara atención. Sin embargo, este le dedicó una mirada confusa.

-Su sonrisa. -susurró muy bajo el de cabello azul.

-¿Qué pasa con ella? -imitó el volumen.

-No es la misma. Fíjate. -esperó a que se diera cuenta.

-No sé a qué te refieres...

-Eiji nunca ha sonreído así. Su cara entera es diferente.

-Os estoy oyendo.

-¡Ah! -Kuta se puso rígido y comenzó a reír. -¡Bueno! Pero es cierto lo que digo.

-No sé de qué hablas. -el más mayor se hizo el tonto. Obviamente, era consciente de que Daiki le sacaba las sonrisas más felices. Siempre había sido así. Había montones de expresiones de júbilo muy distintas entre ellas dependiendo del estímulo. Era lógico que el muchacho le causara una en concreto y ellos no la hubieran presenciado nunca.

-¿Dónde está Ichiro? -fue lo primero que el más pequeño dijo nada más estar frente a ellos.

Eiji sintió su pecho encogerse ligeramente, como si un nudo lo apretase. ¿Había venido para eso?... ¿No era para verle? Aquella sonrisa tan colorida se esfumó tan pronto como vino, y los otros dos captaron el cambio. Uno sospechaba de que había algo diferente en su mejor amigo desde que Daiki apareció y el otro creía entender que era normal sentirse decepcionado.

-No lo sé, ¿no lo has visto? -trató de comportarse con normalidad.

-Íbamos a venir aquí porque quería verte y le dije que se adelantara.

Oh, eso cambiaba las cosas. Entonces, sí que tuvo intenciones de visitarle en su descanso. Aquello le hizo recuperar la alegría, aunque esta vez la retuvo.

-No ha...

-¡Perdón! -hablando del rey de Roma... El joven de las gafas amarillas corrió hasta aproximarse a ellos, apenado. -Fui al baño primero. -se excusó con Daiki. Tener su mirada esmeralda encima, esperando una respuesta, lo puso más nervioso.

-Ah, vale. -como era lógico, al muchacho no le importó. Sin pedir permiso para quedarse, se sentó al lado de Eiji. -Tengo cosas que contarte. -su sonrisa picarona y par de codazos leves al más grande obtuvo la atención de los presentes mientras Ichiro se sentaba con más disimulo a su lado.

Kimetsu no Yaiba: Next GenerationHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora