Convencer a Ichiro había sido lo más sencillo. No fue igual con Ken. Daiki tuvo que insistir unos minutos para que su amigo pelirrojo aceptase la propuesta de ir los cuatro de escapada a la cabaña de Eiji y su padre. No fue tan difícil como creía, pensó que se resistiría más. Quizás influyó el tono de voz que utilizó, aquel que se escuchaba angustiado, desesperado. Y no era falso, Daiki necesitaba a sus amigos en aquel momento, les quería con él lejos de la condenada ciudad. Su cuerpo y mente exigían descansar, mantener una amplia distancia de los movimientos de la sociedad y, sobre todo, de su acosador. Ni siquiera planeaba utilizar su móvil durante el tiempo que estuvieran allí, lo abandonaría en un cajón y solo lo tomaría para recibir llamadas de sus padres. Le sorprendió que Ken no se quejara al conocer las condiciones que Eiji exigía. Habían empezado con mal pie, eso era innegable. Sin embargo, Daiki sabía que ambos eran buenos chicos a pesar de sus diferencias. Tenía fe en que podían llevarse bien. No era necesario que se hiciesen amigos, con poder convivir sin pelearse era más que suficiente. El viaje era de dos horas en coche, debían salir temprano para aprovechar la mañana en limpiar un poco la casa antes de acomodarse. Eiji se mantenía concentrado con las pupilas clavadas en la carretera, manejando a una velocidad estándar, segura pero no lenta. A su lado, en el asiento del copiloto, Daiki era quien se encargaba de la música, recogiendo las peticiones sobre si escuchar unas canciones u otras. Por último, en los asientos traseros, Ichiro se encontraba en un limbo poco lúcido entre la conciencia y el sueño mientras que Ken parloteaba con Daiki como si fuese un muñeco parlanchín al que le acababan de dar demasiada cuerda.
-Oye, ¿irás a verme el mes que viene? -preguntó el pelirrojo.
-¿Verte a qué? -Daiki miraba a su amigo a través del espejo retrovisor central.
-Al último parido de baloncesto. Si ganamos competiremos contra los equipos de otras ciudades.
-¡No sabía que estabas compitiendo!
-¿Para qué te crees que sirven los clubes de deporte? -ladeó su sonrisa.
-Entonces... -su mirada esmeralda se detuvo en el perfil de Eiji. -¿Tú también compites en kendo?
-Yo no. -contestó con la vista al frente. -Estoy porque me gusta, pero no participo en sus competencias. Tampoco es que los deportes en solitario compitan todos los años.
-Ah. -alzó las pupilas hacia el espejo de nuevo, haciendo contacto visual indirecto con Ken. -Iré a verlo, nunca te he visto jugar.
-Mejor, así te impactará más mi talento. -peinó su flequillo anaranjado con orgullo, logrando que Eiji rodase los ojos por un segundo muy breve.
-Imagino que por algo eres el capitán del equipo. -halagó.
-¡Por supuesto! -se cruzó de brazos, altanero. -¿Y tú con taekwondo qué? ¿Siguen sin dejarte entrar?
-Sí. -suspiró. -Hasta que mis padres no le digan a Tomioka-sensei que me deje entrar...
-Puedo entender un poco a tus padres. -añadió Eiji. -A mí tampoco me hace mucha gracia que estés en un club dedicado a repartir golpes. Lo haces muy bien, pero como el contrincante te golpee una sola vez... -haría tambalear su nula defensa y lo acribillaría a patadas.
-Ni siquiera me dieron la oportunidad de probar una sesión. Además, ¿no hay protecciones para no hacerse daño?
-Sí, pero...
-Nada, tengo derecho a unirme al club que quiera. -con un mohín en los labios, estrelló la espalda contra el respaldo y miró al frente. -Todo el mundo decide por mí, estoy harto.
-Hala, ya lo has puesto de mal humor. -comentó al aire el pelirrojo, aunque sus palabras iban revoloteando sutilmente hacia el más mayor, quien suspiró sin aportar más a la conversación.
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Kimetsu no Yaiba: Next Generation
Fanfiction¿Alguna vez te has preguntado qué sería de nuestros jóvenes protagonistas en un mundo distinto, una dimensión alternativa en la que su hogar es la época moderna? Este spin-off de El Ascenso del Dragón cuenta las historias de Daiki, retoño de Tanjiro...
