33. Capricho febril

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No supo cómo en tan escasos segundos pudieron ocurrir tantas cosas, en qué momento pasó de estar de pie a encontrarse tirado en el suelo, siendo apenas sujetado por unos brazos débiles que luchaban contra su peso muerto. Sus ojos azules nunca se cerraron, pero hubo un breve lapso mientras caía en el que todo se oscureció. Sus oídos pitaban, los sonidos eran distantes, lejanos a su conciencia. Oía ecos perdidos, su mente adormecida le impedía el pensamiento y su cuerpo derrotado se sentía treinta kilos más pesado. La vista era confusa, sabía dónde estaba pero no era capaz de percibir nada más que figuras borrosas y deformadas que se ondulaban. Dos segundos, quizás tres, y aquel extraño trance se esfumó tan rápido como le derrotó. Escuchaba ahora con claridad a Daiki exclamar su nombre, sentía mejor sus manos tratando de sostenerle, veía sin nubes sus ojos brillantes cargados de miedo. Así como cayó, se levantó hasta sentarse.

-Estoy bien, estoy bien... -pronunció, frotando suavemente sus ojos con los dedos. -Habrá sido el estrés del momento. -notó en el silencio que su amigo todavía se encontraba inseguro, preocupado. En respuesta, dedicó una sonrisa delicada. -Tranquilo, estoy bien de verdad. Solo necesito tumbarme unos minutos. -quiso ponerse en pie solo, mas el contrario no lo permitió, poniéndose así debajo del brazo del más alto para tratar de ejercer como apoyo. Este no se negó, su intención y gesto encendieron una cálida luz en el interior de su pecho, conmovido.

Al llegar a la sala, Eiji se recostó en el sofá y respiró profundamente. Aunque se encontrara plenamente consciente su cabeza aún vibraba. Escuchaba los pasos rápidos de Daiki yendo y viniendo. En su mano notó una fría y húmeda nariz, un aliento caliente y una lengua rozar sus dedos con timidez. Su palma se posó sobre la cabeza de Zeus, quien se presentó para inspeccionar el bienestar de su dueño. Notó por el rabillo del ojo a su amigo aparecer de nuevo, con un vaso de agua y una bandeja con algunos cupcakes, siendo seguido por el ruido de unas patas diminutas.

-Toma. -se arrodilló tras dejar los postres sobre la mesa de café y acercó el recipiente al otro.

-Gracias. -murmuró con una sonrisa agradecida, irguiendo levemente su espalda. Tomó el vaso con la mano y bebió un poco, despacio. Veía el rostro tenso del más joven, inquieto. -No pongas esa cara, solo ha sido un mareo. Te prometo que me siento mucho mejor. -no era mentira, aunque todavía permanecía esa sensación de debilidad tan sutil que podía pasarse por alto.

La tarde transcurrió, Eiji se encontró bien tras unos minutos más de reposo, casi como nuevo. No obstante, comenzó a tener demasiada sensibilidad en la piel. Los roces, los toques, las presiones... todo aquello que hiciera contacto con su cuerpo le generaba calambres, unos imperceptibles y otros más desagradables. Decidió ignorarlos, podía ser por la repentina tensión que sufrió unas horas antes. Salió a merendar al patio trasero bajo la sombrilla con Daiki y las mascotas, respirando el aire que se enfriaba a su alrededor por la presencia de la piscina. No obstante, ese mismo frescor húmedo acabó irritando su garganta, sintiéndose rasposa y seca. Tal vez debió haber esperado un poco antes de salir fuera. Aun así, no le daba importancia. No se sentía mal, en general, solo un poco incómodo.

Llegada la noche, y tras haber visto una película, Eiji decidió que era buena idea salir de nuevo al patio, esta vez cubriendo la piscina con la lona. Creía que sería un buen momento para disfrutar de un cielo despejado repleto de estrellas en un colchón inflable. Y lo fue. La calma, la relajación, las maravillas que el universo próximo les ofrecía desde tan cerca, y a la vez tan lejos... Era como vivir bajo una cúpula de luces de fantasía, tintineando en sus ojos.

-Hacía años que no me ponía a ver las estrellas. -pronunció Daiki a su lado con Flakes sobre su vientre, observando la belleza de cada luz en aquel manto oscuro.

-Yo tampoco. -demasiado ocupado. -No se me pasó la idea por la cabeza durante mucho tiempo. Cuando salgo del trabajo por la noche no suelo ver ninguna, las luces de la ciudad lo ciegan todo.

Kimetsu no Yaiba: Next GenerationHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora