-Me sorprende que no le hayas dicho nada a Ken.
-No confío mucho en su reacción, ya sabes cómo es.
El muchacho de gafas amarillas hizo un mohín con los labios. Daiki tenía razón, el pelirrojo era una persona que no había que tomarse a la ligera, era impredecible, para bien o para mal.
-Imagino que Shinazugawa-san tampoco sabe nada. -pronunció, apoyando los codos sobre la mesa circular de color crema, mirando directamente los ojos esmeralda que tenía enfrente.
-No. -suspiró, jugando con sus manos sobre el regazo.
Había quedado con Ichiro aquella tarde en un centro comercial, en un inicio con intenciones de despejar su cabeza enfermiza de todo lo que estuvo viviendo aquellos últimos días y terminando con el deseo de comprar algún regalo bonito para sus amigos. Lo había intentado con todas sus fuerzas, pero no tenía más de tres horas de descanso a menos que apagara su móvil. Los mensajes sugerentes y los inquietantes halagos no se habían detenido, y aunque no eran agresivos o insultantes, sí provocaban que su piel se erizara tanto como la superficie de un pollo desplumado. Bloqueo tras bloqueo, aparecía siempre una cuenta nueva que él ya sabía que pertenecía a la misma persona. ¿Cuántos correos electrónicos creó solo para continuar disparando frases incómodas en su bandeja de mensajes? Por ahora, dos. Pero, ¿quién podía asegurarle de que no había más de repuesto? No quiso decire nada a Ken por temor a una reacción inesperada, tampoco a Eiji por la sensación acongojante de sentirle desesperado y preocupado nada más salir de una fiebre. Acudió a su amigo restante por una razón concreta: era el más tranquilo y analítico con respecto a los problemas, le escucharía sin gritar, sin hiperventilar. Ichiro era sensible, pero su capacidad para mantener la cabeza en tierra y enfríar los pensamientos era digna de admirar. Miraba con desgana su batido de fresa a medio beber, con la pajita abandonada dentro desde hacía un minuto, cuando dejó de remover la mezcla rosa y la nata derretida.
-No voy a convencerte de decírselo, al final es tu derecho de escoger a quién se lo cuentas. -con la servilleta arrugada limpió los bordes de su copa vacía manchada con restos achocolatados. -Si no deja de crear un perfil nuevo cada vez que lo bloqueas... Creo que lo mejor para ti es cerrar tu propia cuenta. Alejarte de eso por un tiempo te hará bien.
-Supongo... Pero es que me gusta entrar a mirar las cosas nuevas de la gente que sigo y ver publicaciones que me divierten.
-Lo sé, pero si no quieres cavar en el problema tendrás que hacerlo. -no estaba contento, su rostro mostraba desasosiego por su amigo. Por mucho que lo tratara de ocultar se le veía asustado por la situación y el chico de cabello largo se forzaba a resolverla por sí mismo. Daiki debía aprender todavía a aceptar más ayuda de la que permitía, odiaba que se aislara en un campo de batalla impenetrable para pelear solo. -Tampoco serías el único que recurre a eso, mucha gente lo hace solo para desconectar un poco de la tecnología o para no distraerse. No te vas a morir por cerrar Instagram un tiempo.
-Ya... -dejó escapar un suspiro, sujetó la pajita y la atrajo a sus labios embadurnados de gloss rosa natural, manchando en el proceso el objeto fino y hueco por el cuál terminaba de beber su batido. Dejó la mano en la mesa, observando por unos silenciosos segundos un vacío en las células de la piel de su dorso. Vio la mano más pálida proteger la suya, apretando con suavidad. El calor de su cuello se elevó y se extendió hasta sus pómulos por el agradable contacto, sintiendo su estómago encogerse por un momento efímero. Su cuerpo reaccionó por voluntad propia, sin haber recibido ninguna orden planeada. Giró la mano con cuidado y sus dedos se agarraron en gancho con los ajenos. El pulgar contrario le frotó el suyo. Era cálido, tan delicado que sus entrañas volvieron a cosquillear por otro segundo veloz. Ichiro era pureza, un alma tan blanca que le deslumbraba. Lo supo desde que lo conoció en el baño de la escuela, con sus respuestas tan tranquilas y pacíficas a pesar del acoso recibido, con su mirada tierna y luminosa. Podía jurar que el sol bendijo aquellos ojos y la luna su tez, nívea como las plumas de un cisne.
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Kimetsu no Yaiba: Next Generation
Fanfiction¿Alguna vez te has preguntado qué sería de nuestros jóvenes protagonistas en un mundo distinto, una dimensión alternativa en la que su hogar es la época moderna? Este spin-off de El Ascenso del Dragón cuenta las historias de Daiki, retoño de Tanjiro...
