22. Palomitas con sabor a hierbabuena

86 7 70
                                        

Existía una frase que decía "los problemas nunca vienen solos". A veces sí, a veces no. En aquel caso, podía decirse que el problema traía de la mano un pequeño inconveniente. Uno que no hubiera estado presente de no ser por la interrupción de Ken en aquella cita.

Eto se aproximaba poco a poco en la lejanía y Eiji puso a trabajar a máximo rendimiento su cerebro. El plan inicial ya no era útil. ¿Por qué? Bueno, en un principio, el pelirrojo iba a ser el encargado de distraer al recién llegado mientras él acudía con la pareja para llevárselos a otro lado de alguna manera. ¿No sería sospechoso para ellos? Primero Sugimoto apareciendo, y a los pocos minutos, él mismo. ¿No pensarían que era demasiada coincidencia que ambos estuvieran allí al mismo tiempo, en el mismo local, casualmente a tiempo? ¿Qué excusa tendría Eiji? ¿Qué les diría? ¿Que también acudió a por un helado? No, sonaba tan burdo y poco creíble... Había que cambiar el orden de los factores en aquella ecuación. Sujetó al pelirrojo de la camiseta y lo empujó hacia la puerta.

-Que no salga Daiki. -murmuró. Le hizo gestos exagerados para que entrara. Su prioridad era su amigo. La joven podía salir si Sugimoto no lograba mantenerlos a ambos quietos. Eto no iba a volverse loco por verla sola en una heladería. Se escabulló casi a gatas hasta el muro del local donde no había ventana y fuera difícil verle desde dentro. Se irguió rápidamente, se sacudió el polvo de la ropa y apoyó la espalda. Sus brazos se cruzaron y él comenzó a escudriñar el entorno. Chasqueó la lengua, molesto. No le hizo ninguna gracia verse forzado a enviar a su compinche temporal a distraer al chico de ojos verdes. No confiaba en él, ni en su labia seductora. Mas no le quedó otra opción. Todo fuera por la seguridad del más joven. No iba a exponerlo frente a un problema tan destructivo como Eto. Si tenía que elegir entre ambos, obviamente Sugimoto era la respuesta más acertada. Al menos, podía estar seguro de que aquel idiota no iba a agredir a su querido amigo. Eso era lo prioritario ahora.

Por su parte, Ken entró de nuevo casi sin pensar, cortando de golpe el paso de la pareja. Ambos más pequeños se quedaron mirándolo, curiosos por su repentino regreso. Para ellos, el más mayor parecía querer algo, pero no hubo más que silencio. Transcurrieron apenas tres segundos y Daiki comenzó a impacientarse. Este levantó las cejas, clavando más sus pupilas en las del otro, insistiendo con más silencio y gestos faciales.

Bien. ¿Qué rayos se inventaba él ahora para distraerlos? Incluso si no era necesario mantener a los dos ocupados, no tenía ningún tipo de idea en la cabeza. Pasó demasiado rápido, en realidad no se había preparado para aquello. Jamás creyó que Eto pudiera aparecer. La probabilidad era tan baja que consideró innecesario planear algo. Se arrepintió de no haber escuchado la paranoia de Shinazugawa. Lo peor era la mirada inquisidora de Daiki. Cada segundo era una nueva arruga en su ceño. Oh, mierda... Eso no era buena señal. ¿Qué tema de conversación podía sacar que les atrajera a ambos? ¡Ni siquiera conocía a la chica! ¡A ella no podía retenerla! Sabía que no era un requisito, ¡pero le molestaba no ser capaz!

-Tengo un problema. -comenzó a hablar, todavía sin un plan.

-¿Qué problema? -Daiki parecía un poco más relajado después de haber oído su voz iniciar. Sólo un poco.

-Eh... -miró a la pareja, tratando de pensar, de forzar a sus neuronas a conectarse. -No puedo decirlo.

-¿Hah? -los párpados del chico bajaron y su ceja izquierda se alzó más, mostrando su conocida impaciencia.

-Es... -joder, se le estaba haciendo imposible. No era normal, él era un maestro improvisando, ¿qué le pasaba? ¿Por qué estaba tan bloqueado? ¿Era por ella? No, no tenía sentido. ¿Quizás era la tensión del momento porque estaba en juego la cara bonita de su amigo? Podía ser, los nervios nunca eran buenos aliados. -Me he pillado un huevo con la cremallera.

Kimetsu no Yaiba: Next GenerationHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora