46. Convivencia

24 4 12
                                        

Fue una espantosa recaída. Nadie, ni siquiera él mismo, hubiese esperado que la vuelta a las clases sería tan desastrosa. No esperaba que el pequeño avance que consiguió, lidiando mejor con su control de la ira, se desnaveciese en cenizas tras haber sido forzado a arder. Y todavía ardía. No pensaba con claridad. La rabia, el dolor, la sensación de no poder controlar la situación, la humillación pública... Fue demasiado en apenas unos minutos. Todos sabían lo que pasaría, incluido el propio Jashin. Daiki era conocido por su impulsividad, no les tomó por sorpresa total que reaccionase con violencia al sentirse completamente abandonado en el coliseo que hacía unos minutos era un simple pasillo, frente a una bestia enorme que dominaba todo el campo de batalla. Rini gritó, pero el chico no escuchaba, sus oídos estaban ocupados por un pitido ensordecedor. El joven se había lanzado sobre el hermano de ella, saltando sobre su cuerpo y usando el peso del propio para caer con él al suelo, para encerrarlo con las piernas y dominar desde arriba. Los primeros intentos de puñetazos no se hicieron esperar. Un fracaso tras otro. Etō era más fuerte, cualquiera lo sería. Este le había sujetado ambos puños, rodeándolos con las manos. Gruñían, se miraban con un resentimiento profundo, dos pares de ojos teñidos de desprecio, unos vengativos y otros encolerizados. Era difícil discernir quién expresaba cada cosa. La chica continuaba gritando que se detuviesen, suplicaba que no continuaran, que se iban a hacer daño. No era escuchada, su voz aguda se había convertido en un eco lejano, y si intentaba levantar a Daiki de su posición, sabía que su hermano tomaría ventaja y golpearía al muchacho. No solo se lo pedía a ellos, también miraba a los demás, buscando apoyo. Pero todos tenían demasiado miedo para entrometerse. Jashin era el peor abusador del instituto y Daiki demostró ser una criatura irracional y agresiva desde los primeros días de curso, además de saber el tipo de patadas que daba gracias al momento en el que derribó de una al capitán de taekwondo. A ambos les temían lo suficiente como para no involucrarse físicamente. Algunos salieron corriendo, quién sabía a dónde. Jashin forcejeaba solo para desesperar a Daiki y sonreía con sarcasmo, demostrando que ni siquiera estaba poniendo tanto esfuerzo en pararlo, abriendo más la gigantesca herida emocional.

-Qué debil.

Logró escuchar el murmullo rasposo, burlesco, ofensivo. Se sintió como una bala directa de escopeta en el estómago. Entre la tormenta rabiosa que arrasaba con todo, se asomaban los efectos del daño recibido. Su rostro deformado y encolerizado comenzó a deslizar gotas, sintiéndose todavía más hundido y avergonzado por ser incapaz de controlar sus lágrimas y no tener ninguna potencia en los brazos. Estaba cansado, poco lúcido, asalvajado, y quería terminar con todo de una vez. Alzó la cabeza, preparando un inminente golpe con la frente. La fuerza necesaria, la dureza de su cráneo más un probable rebote contra el suelo haría que Etō se callase, quizás durante muchos años. Podía tener resultados fatales. Podía matarlo sin querer, podía dejarlo en un estado cognitivo peor que la muerte, podía afectar a tantas cosas estando su cerebro dentro de aquella cabeza verdosa... El cuello y espalda de Daiki no llegaron a bajar para completar el ataque. Se vio elevado en el aire, aturdido, pero sin retirar la vista de su acosador, siendo este inmovilizado por sorpresa en cuanto se levantó en un vano intento por aprovechar la ventaja.

-¡Suficiente! -exclamó una voz que reconocía bien. Una voz que siempre hablaba acariciando oídos, ahora se alzaba como una montaña partiendo ríos. Ichiro sujetaba a Ēto, los deseos de él por escapar era inútiles.

Calmado brevemente por la confusión, jadeando, miró por encima del hombro y visualizó los ojos jade del amigo de Eiji, aquel que no hablaba apenas, aquel que prefería permanecer en una esquina pequeña. Kuta estaba al lado, cansado por la carrera que dio para llegar, alterado por la situación.

-¿Qué están mirando? ¡Fuera, vienen los profesores! -advirtió el de cabello azul, espantado con un éxito veloz a los alumnos. Lo que menos necesitaban eran ojos extra que empeorasen todo.

Kimetsu no Yaiba: Next GenerationHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora