Eiji cerró los ojos. Mantuvo un flujo de aire constante hacia sus pulmones. El aire entraba en profundidad y lo dejaba escapar con lentitud. Comenzó a contar del uno al diez, despacio.
Uno.
Los sollozos de Daiki le rompían el alma.
Dos.
Sentía el tacto del objeto en sus dedos como una amenaza.
Tres.
Visualizó probabilidades, opciones a las que aferrarse.
Cuatro.
Recordó la existencia de las otras tres pruebas, todavía sin resultados.
Cinco.
Su cuerpo asimiló que podía tratarse de un error y aflojó los músculos.
Seis.
Abrió los ojos con la mente clara, encontrando al chico delante de él todavía, llorando sus lágrimas entre las manos. Abandonó la prueba sobre la cómoda del pasillo que tenían al lado y rodeó el cuerpo ajeno. Sus manos fueron gentiles, sus brazos cálidos. El joven se enterró en su pecho y él mimó su cabeza.
-Tranquilo, respira conmigo.
Volvió a las respiraciones profundas, ahora como guía para Daiki, llevándolo sobre el sendero hacia la calma. El joven le imitó, temblando, esforzándose por relajar su existencia asustada.
Poco a poco, la relajación se abría paso, mas el abrazo no se rompió.
-Está bien, no pasa nada. -susurró con dulzura, penetrando los oídos del chico con nubes de algodón. -Solo es uno, ¿verdad? -Daiki asintió, pegado a su cuerpo. -Salió el resultado más rápido en este, puede ser un error. -intentaba pensar con lógica. -¿Me dejas entrar a ver los otros?
El más pequeño se apartó a regañadientes y se limpió los rastros de lágrimas. Eiji le dio un beso en la frente y entró al cuarto de baño. Visualizó las otras tres pruebas, todavía inconsistentes, sin respuestas claras. La que el joven le mostró fue demasiado nítida, algo debió hacer mal con ella para que fuera la única en tener ambas líneas tan rápido en comparación con las otras. Bajo la mirada atenta de las esmeraldas, tomó la caja abierta y sacó el prospecto. Leyó despacio para no perder ningún dato. Las instrucciones eran claras: después del uso, esperar cinco minutos para un resultado fiable. Puede mostrarse un falso positivo durante los primeros minutos.
-Daiki, ¿cuántos minutos hace que hiciste esa prueba?
-Dos...
Su corazón se liberó de las cuerdas de la angustia que se habían quedado atadas. Dejó el papel y salió del baño con una sonrisa suave. Dejó un delicado beso en los labios cereza.
-Relájate, es un falso positivo. A veces pasa.
-¿Seguro?... -sostuvo las manos más grandes sobre sus mejillas, buscando confirmación en sus ojos azules.
-Seguro. Esperemos un poco más. -susurró, recibiendo un asentimiento de cabeza.
Los tres o cuatro minutos restantes fueron un balanceo amoroso entre ellos, apretados el uno al otro en un vaivén delicado y reconfortante. Eiji aspiraba el aroma a canela del cabello despeinado y sostenía con firmeza el cuerpo más pequeño.
Daiki se aferraba a la espalda amplia como si fuera su salvavidas en una tormenta oceánica, inhalando el melocotón de la ropa y piel del más alto. Su miedo se calmó rápidamente, confiaba en él. Si decía que era un error del aparato, tenía que ser cierto.
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Kimetsu no Yaiba: Next Generation
Fiksi Penggemar¿Alguna vez te has preguntado qué sería de nuestros jóvenes protagonistas en un mundo distinto, una dimensión alternativa en la que su hogar es la época moderna? Este spin-off de El Ascenso del Dragón cuenta las historias de Daiki, retoño de Tanjiro...
