-Uff, esa fue una larga caminata. -Daiki se abanicó con la mano nada más entrar en la casa, regresando de su aprovechado día disfrutando del agua fría del río y de su lindo paisaje durante el paseo a su orilla. -Me muero de calor. -su cuello brillaba con la humedad del sudor.
-Ve a darte una ducha fresca. -pronunció Eiji, dejando las hamacas plegables en un armario empotrado de la entrada. -Después irá Ichiro.
El mencionado abrió ligeramente los párpados por la sorpresa de haber sido llamado por su nombre, incluso se instaló en sus pómulos pálidos un rubor de vergüenza. Sin embargo, no le molestaba. Si Shinazugawa había decidido utilizar su nombre de pila significaba que, como mínimo, lo consideraba un amigo, y eso le hizo sentir unas diminutas mariposas en el estómago nacidas de la emoción. Cargaba la nevera portátil, ya vacía, planeando guardarla en la cocina.
-Si a nadie le molesta, sí. -contestó. Imaginaba que Ken sería el último en ducharse, pues fue el único que no se metió a las aguas frías del río.
Uno por uno, habían ido entrando al baño para asearse, siendo el último Ken. En su ausencia, Daiki decidió comenzar a preparar la cena. Ichiro y Eiji consultaron si podían ayudarle, pero esta vez el chico prefería hacerlo solo, por lo que no tardó en negarse. No obstante, les permitió estar con él en la cocina. Ambos observaban con curiosidad desde la mesa los movimientos del otro, cómo sacaba los utensilios y los ingredientes. Identificaron carne y diferentes verduras, pero entre ellas destacaban más zanahorias de lo normal.
-¿Qué vas a hacer? -preguntó el de mechón blanco, interesado.
-Crema de zanahoria con ternera.
-No sé por qué, pero oír eso de tu boca hace que me ruja el estómago. -Eiji rió por lo bajo. No mentía, escuchar a Daiki hablar sobre lo que cocinaría le abría un apetito voraz, y sabía que se debía a lo deliciosas que hacía las comidas.
-¿Por qué decidiste esa receta?
-Sé que Ken adora la zanahoria y estaba pensando en compensarle por la mala noche que le hice pasar. -cortaba las verduras y las ponía juntas a hervir, sin prisa y con ritmo constante.
-Es muy lindo ese detalle. -Ichiro sonrió a las espaldas de Daiki.
-No es para tanto. -se excusó.
-¿No has pensado en ser cocinero cuando seas mayor? -cuestionó sin malas intenciones. Su amigo era el único que no parecía tener claro su futuro y por lo que veía su talento en la cocina era incomparable.
-La verdad es que no. No me hace mucha ilusión meterme en una cocina con más personas.
-¿Y si empezaras por algo más pequeño? Una cafetería, quizás. -probó Eiji.
-No lo se. -suspiró. -¿Podemos no hablar de eso? Ni siquiera sé qué es lo que quiero hacer mañana y trabajar todavía se siente muy lejano para mí.
-Está bien, tienes razón. Hay mucho tiempo para decidir. -el de ojos azules no iba a presionar.
Las verduras burbujeaban en la olla, cocidas en agua y aceite, desprendiendo un aroma dulzón que impregnaba el aire y se introducía con suavidad en las fosas nasales. Al lado, Daiki acababa de retirar de la sartén los trozos fritos, pequeños, de ternera. Fue en ese momento cuando Ken entró en la cocina con el pelo húmedo, una camiseta holgada y en ropa interior. No era para menos, el calor del verano incitaba a deshacerse de la mayoría de prendas a pesar de la cómoda temperatura dentro de la casa.
-¿Eso que huelo es zanahoria? -llamó la atención de los presentes.
-Puede ser. -Daiki le dedicó una media sonrisa, de reojo. -Lo sabrás cuando termine. -apartó la olla del fuego y esperó a que el agua dejase de borbotear, poniéndose unas manoplas ya preparadas y enchufando una batidora de mano a la corriente eléctrica. -Podéis ir preparando la mesa, si queréis.
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Kimetsu no Yaiba: Next Generation
Fanfiction¿Alguna vez te has preguntado qué sería de nuestros jóvenes protagonistas en un mundo distinto, una dimensión alternativa en la que su hogar es la época moderna? Este spin-off de El Ascenso del Dragón cuenta las historias de Daiki, retoño de Tanjiro...
