Volvió a repetirse. Eiji se lo imaginó horas antes, dedujo que aquella noche no iba a ser tranquila. Se despertó de golpe de la cama por el estruendoso y agonizante sonido del terror. Escuchaba a Daiki chillar, poner todo el aire de sus pulmones en gritos desgarradores y llantos desesperados. Aunque estuvo preparado para que ocurriera, no estaba listo para vivirlo a la hora de la verdad. Era como el destino inminente que sabía que iba a suceder pero que nunca se encontraba uno preparado para afrontarlo. Preso del pánico que intentó comprimir, se levantó y corrió por el pasillo bajo la mirada horrorizada de Ichiro, quien se había despertado también por el escándalo. Nadie encendió las luces, Eiji marcaba las zancadas a oscuras seguido por el otro muchacho y abrió la puerta del cuarto del que salían todos aquellos lamentos, aunque ahora mucho más controlados y bajos. Observó con el pecho rebotando cómo Ken miraba en su dirección de repente mientras sostenía el brazo de Daiki, este de pie, con los ojos abiertos, llorosos y la mirada perdida en algún punto de otra dimensión. El pelirrojo le hizo un gesto enérgico al más mayor, la luz de la luna era suficiente para no estar en completa penumbra. Se puso el dedo sobre los labios y luego pasó el pulgar en horizontal frente al cuello. La traducción era simple: "Silencio, si haces ruido, te mato." Los ojos azules y amarillos se clavaban en ambos, en como el tercer chico susurraba y permitía a Daiki hacer lo que quisiese. El más joven caminaba sin rumbo, en quejidos que llamaban a sus padres, con la cabeza de un lado a otro y la mirada expectante en todas direcciones. Podía oír cómo Sugimoto le murmuraba las palabras con tono suave, cómo lo relajaba con contacto físico delicado y le decía que todo estaba bien, que fuese con él. Nunca hizo el intento de despertarlo, el más bajo estaba dormido desde el principio, a pesar de ser capaz de caminar y tener los ojos abiertos. Fue sorprendente cómo de un minuto a otro, los gritos de horror y expresión desesperada de Daiki se transformaron en silencio y una mueca relajada. El mismo muchacho se metió en la cama a gatas y se echó, guiado por el otro. Y en apenas unos segundos, sus párpados se cerraron y la situación se terminó. Ken dio un largo suspiro y volvió a hacer contacto visual con los dos que estaban en la puerta. Una mirada fue suficiente para entender que no era la primera vez que lo hacía y que tampoco le gustaba pasar por ello. Si Daiki iba a sufrir terrores nocturnos por no sentirse seguro o cerca del hogar entonces no tenía sentido que él se quedase compartiendo cama, por mucho que le gustase el tamaño de esta y la cálida compañía del otro. Ni dormía él, ni Daiki descansaba a fondo.
Los primeros haces de luz atravesaron las cortinas, iluminaban con suavidad el interior de la casa. Molestaban con el brillo los delgados párpados de pestañas tupidas que se mantenían cerrados. Se despertaba despacio, sintiendo en su mente una agitación agotadora que le hacía sospechar que no descansó bien. No recordaba nada de lo ocurrido la noche anterior, ni tampoco que volvió a soñar con aquel fatídico día. Cada vez que tenía un episodio nocturno bien controlado por alguien despertaba ajeno a ello, como si no hubiese pasado. Sin alguien se lo contase, Daiki no tendría ni idea. El calor del sol empezaba a molestar, por lo que giró su postura al lado contrario y se agarró al cuerpo de Ken, plenamente consciente de lo que hacía. Solo quería comodidad y la sensación de compañía. Acomodó la cabeza debajo del mentón ajeno e intentó dormir para reponer ese trozo de batería vacío. Supo que el pelirrojo no estaba despierto al no oír ninguna queja o broma, al no sentir movimiento como respuesta. La hora era irrelevante, estaban de escapada y sin reglas, si quería podía dormir toda la mañana. Bueno, no toda, en algún momento necesitaría desayunar y tomar su tratamiento, pero no sería en estos momentos.
Las horas comenzaron a transcurrir, Eiji se había encargado de hacer el desayuno para todos, despertando el primero. A los pocos minutos, Ichiro hizo acto de presencia. Ambos sabían que la ausencia de los otros dos se debía a lo ocurrido durante la noche. Necesitaban descansar, pero también era necesario que Daiki se tomase su tratamiento antes de que fuese más tarde. El más bajo se acercó, observando cómo las manos novatas del otro se esforzaban por sacar de la sartén aquellos pancakes sin romperlos.
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Kimetsu no Yaiba: Next Generation
Fanfiction¿Alguna vez te has preguntado qué sería de nuestros jóvenes protagonistas en un mundo distinto, una dimensión alternativa en la que su hogar es la época moderna? Este spin-off de El Ascenso del Dragón cuenta las historias de Daiki, retoño de Tanjiro...
