52. Primera vez amándote con todo

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Mierda, el chico acababa de empujarlo a un callejón sin salida donde las dos formas de salir eran ambas malas.

Sin embargo, quedarse callado y permitirle pensar lo peor no era lo adecuado. Tenía que intentar explicarse. Se dijo a sí mismo que ya no había motivos para ocultar ningún tipo de sentimiento o pensamiento. Todas las cartas estaban sobre la mesa. Con una respiración profunda calmó los escalofríos de pánico.

-Daiki, no. -sostuvo el rostro delicado entre sus manos, asegurándose de que su mirada fuera clara, de que transmitía todo el amor y el anhelo que le profesaba. -Eso no es verdad. -observó los ojos esmeralda compartir silencio y expectación. -Me atraes mucho, más de lo que imaginas. Me gusta lo hermosa que es tu cara, me gusta lo suave que es tu piel y me gustan las curvas de tu cuerpo. No te ves como un niño. -complementó. -Pero tu mente es diferente. Es inexperta, muy joven, temeraria e impulsiva.

-Crees que mi decisión es precipitada. -remarcó en un susurro, sin dudarlo.

-Sí. Te queda tiempo de sobra para aprender y sentir más cosas que no sean... sexuales. No tienes que precipitarte en esto solo porque quieres que yo sea el primero. No me voy a ir a ningún lado.

-Eso no lo sabes. -su ceño se arrugó en una mueca incómoda, preocupada. -No sabes qué pasará después si decides no estar conmigo... No sabes si te vas a enamorar de otra persona. Si eso pasa, no querrás ser mi primera vez. Te conozco y sé que eres demasiado fiel como para hacerle eso a nadie.

Su resolución vació los argumentos de Eiji. Los ojos azules se apelmazaron en una masa melancólica pesada. Los pulgares acariciaban el rostro pequeño, buscando un consuelo que calmara los latidos dolorosos.

-Eiji, por favor... Es lo único que necesito de ti... No insistiré en que estés conmigo si decides pasar página y dejarme como un amor pasado. No insistiré en vernos tanto como ahora. No insistiré en tener contacto físico. -los ojos verdes se aguaron, las manos pequeñas se aferraron a la camisa ajena, temblando. -Solo te pido que seas el primero... como siempre fuiste para todo lo demás. -Eiji presionó los labios, notando su pecho hundirse y los ojos escocer. Claro que quería, estaba loco por ello. Daiki se alejó, rompiendo el contacto de ambos, y se levantó del sofá. Se puso de frente a él, de pie, y lo observó desde arriba. -Deja de pensar. No tienes que ser correcto todo el tiempo. Eres una persona real con una mente real, no un robot con una mente perfecta y moral. -el más alto lo observaba con silencio dudoso en su asiento, con grietas resquebrajando su determinación. -Mírame. -remarcó para que no se atreviera a apartar la mirada. Los dedos delgados alcanzaron el botón superior de la camisa de pijama, logrando que los iris azules se clavaran como alfileres en ellos.

Había ansiedad, impaciencia y temor. Y aun así, el más mayor no se levantó a detenerle, petrificado por su propio pensamiento: el pensamiento que deseaba, no el que se imponía.

La camisa se abrió en apenas una rendija. Cuando Daiki bajó los brazos, dejándolos colgar a los lados, la tela se deslizó sobre sus hombros estrechos y cayó al suelo con un sonido suave y ligero. Mostró sin pudor su torso delgado, sus clavículas marcadas, sus pechos levemente hinchados, su abdomen liso, su cintura diminuta y su bajo vientre decorado con una línea fina de vello grueso y oscuro desde más abajo del ombligo hasta esconderse dentro del elástico del pantalón. Se vio la caja torácica hincharse con temblores por una inhalación cargada de peso emocional.

-No soy un niño pidiendo un regalo para adultos. -volvió a romper el silencio, recibiendo la intensidad de aquellos pozos azules petrificados en todo menos en su rostro. -Tengo edad suficiente para saber lo que estoy pidiendo. No estoy condicionado por algo más que no sea lo que siento. Lo único que me influye es lo enamorado que estoy de ti. Pensaba que eso era lo que más querías... -sus pulgares se metieron bajo el elástico de la cadera y se agachó despacio, bajando y bajando con una lentitud que mataba los sentidos de Eiji, quien se encontraba encarcelado en su propia curiosidad y deseo de mirar.

Kimetsu no Yaiba: Next GenerationHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora