16. Solo es él

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-Antes que nada... Daiki, ¿quieres que te enseñe el resto de la casa? -ahora que habían dejado sus pertenencias en aquel estudio tenían la libertad para realizar un pequeño recorrido. Quería saber si a su amigo le gustaba su hogar, ya que era la casa a la que verdaderamente pertenecía. Una mansión que siempre estuvo desde el inicio bajo el poder de su padre, pero que sólo visitaban en pocas ocasiones en el pasado al vivir primeramente en su amado pueblo.

-Venga. -le pareció una buena idea. Admitía que tenía curiosidad por ver todo lo demás. Y también que lo hacía por atrasar el momento de hacer tarea. No le apetecía demasiado sentarse y estrujarse el cerebro.

Con aquella respuesta positiva, Eiji llevó a Daiki de nuevo al piso bajo. Al terminar de descender las escaleras, entraron a la primera puerta de la derecha. Abrió y entró dos pasos junto con el más pequeño.

-Este es el baño de abajo. -tal y como decía, era un servicio. Uno demasiado grande. Sus baldosas de color crema brillante hacían un buen juego con los azulejos de mármol de la pared, y con la larga tabla del mismo elemento en la que se habían construido dos lavabos de color bronce. Los armarios de debajo eran blancos, con diseño elegante y desenfadado. La bañera no se quedaba atrás, su forma alargada y blanca poseía la imitación de las alas recogidas de un cisne en cada lateral. Delante de los lavabos existía un bidé de porcelana con el mismo estilo de grifo. Y al lado una taza de wc que parecía más común. El resto del espacio se ocupaba por altos armarios con ventanales repletos de productos de higiene personal, tales como peines, lacas, enjuague bucal, pasta de dientes, perfumes, geles y champús, máquina de afeitar y recambios de esta, botiquín, toallas pequeñas... No era algo que se pudiera contar sin sacarlo todo. Eiji miró a su amigo. Dejó escapar una risa leve al verle con la boca abierta. Se tomó la libertad y confianza de cerrarla él mismo, empujando hacia arriba aquella barbilla suave con los dedos. -Todavía no es tiempo de quedarse pasmado. -solo le acababa de enseñar un baño. Admitía que era una sensación placentera presenciar a Daiki sorprenderse por algo que él poseía, como si estuviera desarrollando un vicio inentendible por deslumbrarle cuan macho de ave en su esfuerzo por lucir sus majestuosas plumas en época de apareamiento. Se lo llevó entonces a la puerta contigua. Tras esta existía una maravillosa sala de estar, más grande que el baño, limpia y lujosa. Los dos sofás parecían tan caros que hasta daba miedo sentarse en ellos. Y qué decir de la televisión gigantesca colgada en la pared... Los armarios decorativos y la larga mesa con fotos enmarcadas y flores en jarrones pasaban desapercibidos por culpa de tal monstruo digital. Las ventanas largas y grandes dejaban entrar una buena cantidad de luz a través de las verdes vistas del patio delantero. Se notaban altavoces en las esquinas del techo y un reproductor de música al lado del mueble que estaba bajo la TV. Era el lugar perfecto para una fiesta con amigos en cuanto a espacio. -Ven. -tomó de la mano al chico y lo llevó hasta aquella mesa repleta de fotos y objetos decorativos. Dejó que Daiki observara cada una de ellas. Eran imágenes que este nunca había visto, puesto que siempre estuvieron en la mansión, no en su anterior hogar. Veía que la mayoría de las fotos eran de su familia, de cada uno de sus tíos y primos. El muchacho reconoció al joven de cabello rosado que estuvo tocando con Eiji aquella noche. Olvidó su nombre, pero sabía que era su primo, el hijo de Tomioka. Aunque no estaba nada seguro de quién era la madre. Obviando e ignorando fotos familiares de las que solo reconocía unos pocos, se fijó en las demás. Le pareció un lindo detalle que el padre de Eiji enmarcara fotos en las que salía con su padre cuando eran más jóvenes. Brillaba en sus ojos la amistad. Se veían felices en sus épocas de adolescencia. Y algo que le pilló por sorpresa... También había imágenes de él, tanto con su amigo como en solitario. Vaya... Jamás pensó que Shinazugawa-san le quisiera tanto, no llegaron a tener una cercanía tan profunda. Sabía que le apreciaba, pero esto... Se sentía bien, era una sensación cálida y agradable. -No lo culpo por descuidar estos lazos... -pronunció el más alto de repente, observando cada foto. -Entiendo que su trabajo apenas le deja tiempo para respirar... Así que no pienso que haya sido a propósito. -pausó, sabiendo que Daiki le estaba mirando. -No estoy enfadado con él. A veces... la vida nos fuerza a escoger cosas difíciles. Pero en esas veces uno puede escoger mal... -una de las malas decisiones consecuencia del trabajo y la ausencia en casa fue el divorcio. Eiji comprendía que una pareja que no se veía casi nunca estaba destinada a tres cosas: solucionarlo para estar bien, separarse o convertirse en relación poco sana. Él lo sabía, lo experimentó delante de sus narices en muchas ocasiones cuando aún no decidían nada. En un momento de sus vidas dejó de presentarse el amor, solo eran dos extraños con confianza en la misma casa. Un hogar triste. -No sé si era lo que él quería... Pero no ha tenido un mal resultado. -su padre no estaba deprimido, seguía tan centrado como siempre y había mantenido una buena relación con su madre. Mientras, esta encontró la nueva chispa de la alegría con Sanemi, más cerca de lo pensaba. Tal vez fuera un poco lioso porque ella escogió a su tío, aunque no le encontraba el lado negativo al asunto. Además, le habían dado a una medio hermana pequeña que amaba con locura. No había ido tan mal.

Kimetsu no Yaiba: Next GenerationHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora