La música continuaba retumbando, reverberando entre las paredes del pasillo oscuro que les escondía de miradas indiscretas. El estilo phonk resonaba con fuerza, la letra simple entre sonidos electrónicos se colaba sin permiso en sus oídos. Las miradas seguían conectadas, brillosas de diferentes emociones y confusiones. Tras dos segundos de silencio sin respuesta, Daiki volvió a asaltarlo. Esta vez no hubo titubeos en el recibimiento, abierto y consentido.
Luz roja, no pares, que el tiempo no sabe volver.
Los labios se separaron de nuevo tras el choque, los ojos se buscaron de nuevo, se analizaron las facciones. Las pupilas se clavaban en la boca ajena, rojiza por los roces anteriores. Al mismo tiempo, todo resultaba aturdidor.
Tus labios mandan señales, mi cuerpo no puede entender.
Daiki no lo tocaba, sus manos no le sostenían el rostro, clavadas en el suelo nunca se posaron sobre él. Las necesitaba, las anhelaba y le dolía.
Luz roja, y me arde sin tocarme, sin prometer.
La música se deslizaba de pasada, alguna línea perdida en el tiempo mientras se miraban.
Pero al final, ¿quién va a vaer?
Eiji se sentía flotar, elevarse en una sensación confusa y ligera a pesar de las piernas enroscadas en su cuello sin apretar que le dejaban esa prisión fantasma y de sentir el frío del suelo penetrar su espalda a través de la ropa. La exigencia de Daiki resonaba en su mente, fuerte, intensa, imposible. Cada vez que se repetía su tono en su cerebro, volaba. El latido rítmico de su corazón acelerado era como percusión de una melodía no creada.
Tú juegas con mi gravedad, su voz me deja sin paz. Y aunque el beat no quiere parar mi mente ya se va detrás.
El temor a un cambio se había desvanecido. Él mismo había provocado ese giro de ciento ochenta grados al alejarse, al ignorar los deseos de su corazón despedazado que solo buscaba recuperar y abrazar la presencia del chico. Veía las gotas nacer de las sienes ajenas desde los poros, rodar por sus pómulos ruborizados. La piel humedecida se enrojecía más.
Suelta el miedo, no digas nada. El sudor cuenta la verdad.
Lo necesitaba. No importaba cómo. Se lo había negado a sí mismo, pensando y creando algo que no era real, forjando su propia jaula sin darse cuenta. Ahora quería salir, quería volver a él, quería hacer estallar todo lo que guardaba y bañarlo con la explosión. Quería adorarlo con palabras, con regalos, con su cuerpo. El ardor subía, el alcohol que Daiki había tomado pareció haberse filtrado hacia él, dejándole con una sensación de calor insoportable. Ya no importaban los errores, cometió el más horroroso de ellos, los demás no podían ser peores. Ya no le aterraba.
Si el deseo es quien manda no hay pecado en tropezar.
Poco a poco, Daiki lo dejó libre. Eiji reaccionó como un animal recién liberado de un cepo; rápido e imparable. Se arrodilló y estampó sus labios una vez más, sosteniendo con fuerza los brazos más pequeños, clavando los dedos. La respuesta fue inmediata, torpe y ansiosa. Su cuello volvió a ser estrangulado, pero esta vez fueron los brazos delgados los que le apretaban en un abrazo desesperado.
-Dime que me amas. -repitió cuando los labios se permitían aquellos microsegundos para readaptarse.
-Te amo. -la voz ronca vibró en su aliento y volvió a comer de su boca.
-¿Cuánto? -jadeó entre mordiscos.
-Mataría por ti. -gruñó y lamió el labio inferior, recogiendo los restos del sabor a piña y ron. -Moriría por ti.
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Kimetsu no Yaiba: Next Generation
Fanfiction¿Alguna vez te has preguntado qué sería de nuestros jóvenes protagonistas en un mundo distinto, una dimensión alternativa en la que su hogar es la época moderna? Este spin-off de El Ascenso del Dragón cuenta las historias de Daiki, retoño de Tanjiro...
