Llegar a casa nunca había sido tan emocionante. Quién iba a decirle a él que entrar por la puerta y contarle a sus padres lo bien que se lo había pasado iba a hacerle tan feliz. Verles apoyar su alegría y sentirse escuchado fue un soplo de aire fresco con aroma a lavanda. No pudo callar hasta que se quedó sin cuerda en la conversación debido a que ya había lanzado toda la información sobre las cabezas de los adultos. Su petición de volver a repetirlo fue recibida y aceptada por ellos. No podía creer que todo aquello estuviera pasando, que al fin acabara de comenzar oficialmente una vida adolescente más normal. Se sentía tan activo, tan contento, con unas enormes ganas de salir de nuevo... Se sentía como alguien de su edad. Pero todo tenía un fin, y debido a la hora, debía permitir que su agradable charla terminara. Tenía que irse a la cama, la escuela le esperaba al día siguiente y dejarle dormir poco no era una opción para sus padres. Aun así, no le importó. Subió las escaleras y en su habitación se desvistió para ponerse su pijama. Acudió al baño, se lavó los dientes y regresó a su cuarto. Preparó su mochila antes de apagar la luz y meterse en la cama.
Le costaba dormir. De lado sobre su cómodo colchón y mullida almohada, su cerebro no podía dejar de recrear lo ocurrido esa misma noche, de recordar con emoción cada palabra, cada acto. Daiki estaba loco por volver a expresar esos sentimientos, se moría por saltar, alzar la voz y gesticular. Era complicado retener aquel remolino de energía emocional cuando lo que debía hacer era estar dormido. Lo intentaba, cerraba los ojos y esperaba a que el sueño le atropellase, pero su mente continuaba demasiado encendida. Sonreía, no era capaz de evitarlo. Su salida con Eiji no sólo había sido diversión, también fue un subidón de confianza entre ambos. Ya lo había pensado mucho, y a pesar de eso, todavía era increíble que volvieran a estar juntos como antes, como si no fuese real. Aunque... había algo que le confundía, y era esa cercanía que sobrepasaba la amistad más simple. Ese "accidente" en la misma cama en la que estaba, esos besos que, a decir verdad, fueron de poca importancia para él, pero que aun así se consideraban sospechosos y con unos efectos afrodisíacos que eran mil veces más poderosos que su mente... Ese tipo de actos no habrían ocurrido si fueran niños, y era eso lo que a Daiki le aturdía. Siempre había estado con Eiji, siendo pequeños era algo bonito y adorable, unos mejores amigos que se querían muchísimo con la total y tierna inocencia. Pero... ¿eso podía seguir siendo así ahora que ya eran más mayores? ¿Era el mismo sentimiento? Porque esa inocencia infantil ya no estaba, en su lugar habían evolucionado a unas características más adultas, más específicas, más... maduras física y sexualmente. No era lo mismo darse un beso en la mejilla siendo niños con conciencia blanca que hacerlo siendo jóvenes con un desarrollo de relaciones y emociones más complejo. Era el mismo acto, pero se sentía totalmente diferente solo dependiendo de la edad. Su cabeza no lograba comprender entonces si era que él se había quedado un poco estancado en esa inocencia pasada o si había algo más que sentía hacia el chico y no sé daba cuenta. Lo único que sabía era que quería recuperar el tiempo perdido, o al menos, parte de este. Siempre podía hacerse las típicas preguntas básicas para saberlo. ¿Le consideraba atractivo? Sí. ¿Le agradaba como persona? Sí. ¿Le tenía mucho cariño? Sí. ¿Tendría relaciones íntimas con él? Bueno, si fueran premeditadas... No estaba muy seguro, pero si se hablaba de ser capaz, sí. Era un nivel demasiado alto que si sucedía sería por accidente, como ya pasó. ¿Le gustaba como algo más que amigo? Ahí. Ahí era donde no tenía respuesta, donde no podía dar un sí, un no o un depende por alguna razón que desconocía. Normalmente, la gente solía empezar relaciones si respondían que sí a todo lo demás, sin importar la última pregunta, pero Daiki necesitaba justo esa, no las otras. Maldición, su cabeza iba a explotar y no había sacado nada en claro. De todas formas, ¿por qué tenía que estar pensando eso? ¡Hacía apenas dos días de su reencuentro! Y había acelerado demasiado sus pensamientos en varias ocasiones, y no debía ser así. Era consciente de que lo único necesario era tiempo, paciencia. Dejar que todo fluyera hasta que la neblina se disipara, y en ese entonces, ser capaz de identificar qué tipo de amistad tenían. Además, tampoco podía fiarse de aquellas preguntas porque si ponía a Sugimoto en su lugar, las respuestas eran las mismas excepto en la tercera y la última. Algo debía de estar mal con esa manera de identificar las cosas. De nada le servía quebrar sus neuronas en ello. Lo único que debía hacer era intentar controlar los efectos de su etapa adolescente, tratar de no ser demasiado intenso con el deseo sexual provocado por su crecimiento. Era ese su verdadero problema, no las dudas. Una mente alborotada por los estragos de las hormonas era una mente más pasional de lo que sería originalmente si estuvieran en sus valores normales. Nada, no tenía caso. Era una pérdida de tiempo. La solución era esforzarse por no volverse más estúpido e impulsivo de lo que debía en todos los ámbitos. Sí, esa era la mejor decisión ahora mismo. No tenía que hacer nada complicado, solo sacar sus estudios básicos, mantenerse sano en la medida de lo posible, evitar problemas y hacer amigos para no estar solo. Todo lo demás llegaba con el tiempo. Pensar el algo más solo le traería confusión.
ESTÁS LEYENDO
Kimetsu no Yaiba: Next Generation
Fanfiction¿Alguna vez te has preguntado qué sería de nuestros jóvenes protagonistas en un mundo distinto, una dimensión alternativa en la que su hogar es la época moderna? Este spin-off de El Ascenso del Dragón cuenta las historias de Daiki, retoño de Tanjiro...
