Recomiendo reproducir la canción de portada cuando el grupo comience su espectáculo. Si queréis llorar en serio es mejor buscar la letra xD Yo ya estoy llorando jaja c':
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Solo un poco más, una escasa distancia que estaba deseando romper. La lentitud le hacía enloquecer. Si no avanzaba más rápido juraba que perdería el control de sus propios labios y los llevaría a cazar. Pareció que ya casi estaba, sentía la corriente eléctrica que se creaba justo antes de hacer contacto, aquel suave cosquilleo. Cerró los ojos por completo y... Su boca todavía no fue visitada. Tenía esperanzas, y esperó. De un momento a otro, notó el suave toque de unos labios gentiles plantarse en la piel de su pómulo, cerca de la sien. Entre abrió los párpados, ligeramente confuso. Sugimoto se tomaba su tiempo saboreando el momento, parecía disfrutar la existencia de aquel beso que le estaba regalando. Al inicio sintió confusión, leve sorpresa, un poco de molestia de que no lo hubiera recibido donde esperaba. Sin embargo, podía percibir en su manera de besarle el pómulo que estaba cargado de paciencia, delicadeza, tal vez una timidez oculta. Sugimoto no quiso mancharle los labios con un beso que ni siquiera sabía si era el primero. Podía ser indecente, egocéntrico, sarcástico, rompecorazones, pero al final de todo parecía respetar la pureza de cada detalle. No estaba dispuesto a profanar su boca si el corazón no se lo dictaba.
Rompió la conexión tras unos segundos de relajado disfrute, separándose poco a poco de aquel rostro ruborizado de ojos esmeralda. Aquellos mismos ojos le miraban tan aturdidos como al principio, repletos de preguntas. El pelirrojo sonrió, soltó al otro y plantó la palma de la mano sobre su cabeza, dejándole libre de su abrazo. No hubo palabras, solo un silencio en el que Daiki le enviaba esas emociones confusas, llenas de dudas, algo que al más alto le amplió la sonrisa. Apartó su mano áspera, recogió su ropa y, sin decir nada más, comenzó a caminar hacia los vestuarios, dejando al otro sin respuestas. Este no podía dejar de observarlo, ya no fijándose en su cuerpo, sino tratando de descifrar por qué no continuó la trayectoria inicial.
-Nos vemos mañana, princesa. -dijo a mitad de camino, alejado de él. Su voz resonó en eco gracias al espacio del gimnasio vacío, permitiendo rebotar las ondas con más profundidad.
Era imposible, no podía sacarse de la cabeza lo que había pasado. Caminando, con el sol del atardecer que bañaba de oro cielo y tierra, no dejaba de darle vueltas. Lo intentó, trató de no darle más importancia de la que tenía en cuanto recogió su mochila y salió de la escuela. Pero era inútil. ¿Por qué se desvió a su mejilla? Buscar una respuesta por sí mismo estaba siendo desagradable, solo se le ocurrían soluciones negativas, la más creíble la de que Sugimoto solo estaba jugando con él de forma cruel para recibir atención a tales juegos, tal y como Eiji, Himejima y Rini le habían avisado desde el primer día. La segunda era que se había cansado de él, lo mismo que se suponía que le hizo a las demás chicas. Probablemente hubiera más, pero su cabeza no daba tanto de sí. No estaba triste, Sugimoto ni siquiera era alguien importante. No obstante, sí estaba molesto. Cualquiera lo estaría si le dieran gato por liebre. Menos mal, y gracias al cielo, que su humor había mejorado y solo era eso: molestia. Además... en un par de horas saldría con Eiji. Era una oportunidad de oro para poder pasar más tiempo con él, ver esa faceta musical suya, y tal vez disfrutar de un poco de fiesta. A decir verdad, el simple hecho de pensarlo le emocionaba hasta el nivel de sentir la necesidad de chillar y saltar. Apretó el paso. Tenía que estar listo lo antes posible.
Llegó a casa, saludó sin detenerse y subió directamente las escaleras, casi corriendo. Un recorrido recto desde la entrada. Dejó caer su mochila en una esquina de su cuarto, y rápidamente, empezó a rebuscar en su armario y cajones de este las prendas que le hicieran ver lo más atractivo posible. No porque quisiera que Eiji se fijara, sino porque le enorgullecía lucir bien en salidas de ese tipo. Jamás le había pasado, nunca se preocupó mucho por sus atuendos, pero ahora quería y necesitaba combinar y escoger lo mejor que tuviera. Después de un par de minutos rebuscando en lo más profundo de su armario, consiguió completar su pequeño puzzle de moda. Dejó sobre la silla del escritorio una camisa sin mangas, con diseño que separaba blanco y negro en diagonal, simulando ambos colores como manchas violentas. Su parte negra poseía frases y dibujos en fucsia y azul neón, mientras que la blanca tenía lo mismo. Para las piernas no se quebró demasiado la cabeza, escogió unos pantalones pitillo largos y negros. No eran su tipo de pantalones favoritos porque eran ajustados y... bueno, realzaban más de la cuenta sus posaderas. Sin embargo, la ocasión era tan merecedora que le daba igual. Acompañó con unas converse, también negras y una chaqueta de cuero sin mangas del mismo color que tenía la cremallera a un lado, totalmente asimétrica. Suponía que eso era todo. Se planteó llevar los aretes que siempre portaba, a excepción de en la escuela. Creía que romperían la imagen, pero eran una seña de identidad. Tal vez algo para el pelo, una orquilla para su flequillo vendría bien y le ayudaría a no estar todo el rato apartando el mechón central de su cara.
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Kimetsu no Yaiba: Next Generation
Fanfiction¿Alguna vez te has preguntado qué sería de nuestros jóvenes protagonistas en un mundo distinto, una dimensión alternativa en la que su hogar es la época moderna? Este spin-off de El Ascenso del Dragón cuenta las historias de Daiki, retoño de Tanjiro...
