CAPITULO 11: Vigilancia

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15-02-2028. 9:42 pm.

- Pero que perro frío hace.
- No entiendo porqué dejaste la sudadera en el camión -comentó Gus.
No le respondí.
Quería que lo que había hecho con la sudadera fuera símbolo de que habia dejado todo en el pasado y que solo me enfocaría en llegar a nuestro destino, pero gracias a eso ahora estoy sentado en una banqueta, muriéndome de frío mientras que ese bastardo de José duerme cómodamente.
Después de que él se fuera, Gustavo quiso quedarse en la primera ronda de guardia conmigo.
- Oye -dijo él de la nada.
- Que?
- Que crees que pasara después de que lleguemos a los refugios?
La pregunta que me había hecho desde hace tiempo y que no había podido contestar, ni siquiera ahora.
- Siendo sincero..., no tengo ni idea. Solo sé que tenemos que llegar lo antes posible.
- Enserio crees que nos estén siguiendo?
- Tú no? -le pregunté de vuelta mientras guardaba de nuevo mi reloj.
- Lo dudo mucho....., creo que si en verdad nos estuvieran persiguiendo ya nos hubieran alcanzado -respondió él.
- Espero que así sea.
El soplar del viento había levantado el polvo del concreto unos centímetros solo para volver a caer y los ruidos de la noche aparecieron tan claros nuevamente cuando nos mantuvimos en silencio. El aire que pasaba hacia que la hierva seca se moviera agitadamente y también tenía la fuerza para mover una botella medio vacía en medio del estacionamiento. Unos grillos cantaban y podría jurar que escuchaba a los demás chicos charlando antes de dormir.
Me entretuve unos segundos jugueteando con el espacio que sobraba en las botas enormes que me habían dado, movia mi pie lo más enfrente del calzado que se pudiera y luego lo regresaba a la parte de atrás, me incliné para apretar con mis dedos esa zona vacía en la bota y repetía el proceso.
A mí lado, Gustavo soltó un largo suspiro y tuve el breve pensamiento de que los hombre a veces estamos reteniendo el aire en los pulmones sin siquiera saberlo y después solo lo suelta en uno de esos suspiros. Hacemos eso muy seguido, muchas veces creen que es señal de aburrimiento o que es la simple acción de llenar un silencio incómodo, pero no es ninguna de las dos. Gustavo y yo nos sentimos cómodos con el simple ruido que hace el ambiente a nuestro alrededor.
Sin notarlo me quité la costra de mi frente, se había estado formado durante estos dos días y la quité como si nada.
Mis pensamientos llegaron a lo intrigante que tenía que ser la historia del vocho abandonado a unos metros de dónde estábamos sentados. Talvez había estado aquí mucho antes de los ataques en las fronteras y puede ser que el dueño haya tenido tantos viajes increíbles con ese auto, solo para terminar aquí. Es sorprendente pensar que yo quería hacer un viaje por el país y ahora lo estoy haciendo, pero no en las circunstancias que esperaba.
- Elizabeth me contó una parte de lo que sucedió allá en el orfanato -comentó Gus, dudé si era buena idea hablarle sobre éso, pero siguió con lo que quería decir- No sé si quieres contarme al respecto...., y no sé si yo quiero oír lo que me vas a decir -el ambiente se torno serio- Ella me dijo que tú te levantaste primero y....
- No quedó nada -lo interrumpí- Ni nadie...., todos murieron -no había querido decir eso en voz alta, me costó hacerlo. Ví que Gustavo se quedaba frío ante la noticia.
No quería contar lo que sucedió, una sensación en la garganta me lo impedía, como si fuera a llorar pero no pudiera hacerlo, él tenía que saber y también tenía que quitarme el peso de encima que me causaba guardarme estás palabras.
- Encontré a la hermana Alicia entre los escombros, yo.... la tomé en brazos pensando que podía hacer algo.... pero ella... ella.... había muerto.
Las lágrimas empezaron a caer, me sorprendió lo bajo que podía ser el llanto de Gus.
Oculto entre sus rodillas dejó que todo lo que había guardado desde que sufrió el choque saliera finalmente. No se me ocurrió otra cosa más que ponerle una mano sobre el hombro y darle ligeras palmaditas de consolación.
- Los hemos perdido a todos -susurró él entre sollozos- A la hermana Alicia, a César, Gloria...., Oscar, Rafa... todos.
Varios de esos nombres me resultaban muy conocidos, pero a la vez parecían recuerdos de otra vida.

Un rato después de que se tranquilizó la plática, empezamos a hablar de otras cosas hasta que estuvo más animada.
-....oye, piensas decirle a esa chica que te gusta? -me preguntó él.
- Shht, alguien podría oírte.
- Eres una maldita gallina.
- No es éso... es solo que.....
- Que? -quiso saber.
- No has visto en dónde estamos? No es el momento. No sé que le habrá pasado pero no es el momento para decirle “oye, me importa una mierda el trauma por el que acabas de pasar, hay que besarnos".
- Es un buen punto lo acme, ...adme ...blah blahg, se me lengua la traba.
Reí, me causó mucha gracia su comentario, pero enseguida me callé cuando ví salir por la puerta a Vanesa; el miedo sustituyó mi sorpresa al pensar: «Habra estado escuchando?».
Ella se acercó hasta nosotros con pasos lentos y abrazándose a ella misma por el frío que se sentía.
- Que pasa? -preguntó Gus.
- Nada..., solo que ya están dormidos todos y yo no tengo sueño -respondió ella.
- Bueno, a mi ya me está dando sueño -comentó Gustavo, fingiendo un largo bostezo- Oye! Tengo una idea, te importaría cubrirme?
«Maldito»
- Claro, no hay problema.
Antes de irse, el muy descarado me hizo un  guiño de complicidad y después desapareció en el interior oscuro de la tienda.
Ella se sentó dónde antes estaba Gus y nos quedamos en silencio, y éste silencio si era incómodo.
No paraba de pensar en como romper el hielo, algún chiste o algún dato interesante, pero nada, estaba en blanco.
Por suerte ella comenzó diciendo:
- Tú no tienes sueño?
- Aún no quiero dormir.
- Claro.... es difícil poder dormir en ésta situación.
- No me refería a éso, digo.... hemos pasado por situaciones y hemos visto cosas que la mayoría tiene la suerte de no ver o vivir... y menos a esta edad...., pero... lo que quiero decir es que.... no nos debe detener éso. Debemos ser fuertes, no es momento para estar dándole vueltas a nuestras desgracias, al menos hasta que salgamos de ésta.
- Entiendo.
Con esa respuesta pensé que la había cagado por completo «porqué le dijiste éso wey. Mierda! Fue tan antipático y frío pero... al final es lo que en verdad pienso».
- Lo siento, no debí decírtelo así.
- No, está bien. Creo que es cierto. Es solo que.... estoy enojada conmigo y.....-entonces comenzó a llorar. No pude evitar sentirme mal por ella y me preguntaba porque está noche habían decidido desahogarse con el chico que no sabe cómo reaccionar ante estás situaciones. Al igual que con Gus, solo toqué su hombro, pero al tocarlo ella rechazó el gesto con una mueca de dolor- Perdón, es qué aún me duele por la caída.
-... La caída?
Ella asintió.
Medito un momento algo que no supe que era y al mirarme directamente comprendí de que se trataba.
Habría entendido si ella prefería guardar la historia de lo que le pasó para lidiar con ella por sí sola, pero me lo contó y yo no hice nada más que prestar atención.

- Yo vivo... vivía -se corrigió- en ciudad Juárez con mí papá. Hace unos días tuve una pelea con él, fue algo estúpido. Empezó porque no quería darme permiso para quedarme en casa de una amiga. Él creía que iría a otro lugar con alguien más pero obviamente no iba hacer éso, porque ya había quedado con ella para ir a su casa. Me enojé. Le dije.... que lo odiaba y le dije que por su desconfianza mamá nos había dejado.
« Más tarde ése día, a pesar de que no me había dado permiso... él quería arreglar las cosas pero..... yo seguía enfadada y no lo deje entrar a mí cuarto. -tomó aire y lo soltó con un leve temblor en su mandíbula- Durante la noche me escapé a casa de mi amiga, cuando llegué le conté a ella y a su mamá todo lo que había pasado y me dejaron quedarme a dormir ahí. Cuando desperté ya era muy tarde, creo que era un poco antes de las doce. Me despedí y me fuí.
En el camino de regreso ví las extrañas líneas blancas trazadas sobre el cielo. Después el suelo empezó a temblar y una de esas cosas cayó a unas calles de dónde me encontraba. Me lanzó por los aires y caí sobre mi hombro. Traté de levantarme muchas veces y cuando por fin pude fuí directo a mí casa. Había fuego por todos lados, gente gritando desesperada, de dolor o llorando. Sirenas de policía por doquier. Algunas personas empezaron a saquear tiendas y centros comerciales...
- Pudiste llegar a tú casa?
- Sí, pero no estaba mí papá. Lo busqué por todos los lugares en los que se me ocurría que podría estar pero no lo encontré en ninguno de ellos. Mientras hacía éso había gente que ya se estaba llendo a la Ciudad de México. Me ofrecieron muchas veces que me fuera con ellos pero yo no aceptaba, hasta que llegaron unos soldados y me dijeron que era obligatorio que los acompañara. Me llevaron a la base y ya sabes el resto -hizo una pausa- Estoy enojada conmigo por cómo le hablé a mí papá.... y ahora probablemente no lo vuelva a ver.
El llanto volvió con más fuerza.
- Puede que él también te haya buscado, talvez... a él también le ordenaron dejar el lugar y lo llevaron a la base, recuerdo que mi amigo Gus me dijo que se llevaron a más sobrevivientes antes de que llegáramos todos nosotros. Puede que él haya estado entre los que se llevaron.
- Enserio lo crees? -preguntó ella con cierta esperanza.
- Claro -le afirmé- Al llegar allá te ayudaré a buscarlo.
- Gracias -me dijo e intentó sonreír, pero no le salió.
Me alegraba que ella había confiado en mí como para contarme lo que la atormentaba, incluso ella parecía más tranquila.
- Entonces... que esperamos ver? -preguntó respecto a la vigilancia (más para cambiar el tema).
- Esperemos que nada -le respondí.
Y nos reímos.

Habíamos conversado sobre cómo eran nuestras vidas antes del ataque y cuando no tenía más que agregar, algo me impulsaba a ver mi reloj.

16-02-2028. 12:08 am

Ví que Vanesa ya estaba cerrando los ojos constantemente y que los volvía a abrir cuando estaba apunto de caer en la banqueta.
- Oye, ya estás cabeceando. Ve a dormir, corre.
- Pero te vas a quedar solo.
- Yo puedo hacerlo, no te preocupes.
- Seguro?
- Sí -contesté- Ve y descansa.
Antes de irse recargó un poco su cabeza sobre mi hombro y éso causó una reacción inesperada.
- Bueno -se puso de pie- Hasta mañana -se despidió ella.
- Hasta mañana, descansa -respondí apenado.
Cuando se fué pude cambiar mí erección que comenzaba a apretarse contra el pantalón. «En los momentos más inusuales amigo, como siempre» pensé.
Estuve ahí una hora más hasta que empecé a dormirme en el estacionamiento. Me metí a la tienda cuando me dí cuenta y desperté al gordo ése para que cambiáramos de turno.
Apenas toqué mi cama de cartón me quedé dormido.

Sin excepciones Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora