Un día antes de que ocurrieran los atentados contra las fronteras aún había clases en la secundaria No. 22, en la que estudiaban los protagonistas del relato.
La historia comenzaba con un joven aburrido por la clase que daba en ése momento su profesor de química.
El profesor estaba inmerso en una apasionante explicación sobre los átomos, detenida abruptamente por el chirriante ruido de la campana.
Ya era la hora del receso.
- Quiero recordarles antes de que se vayan que aún estamos recibiendo donativos para los damnificados en Estados Unidos. Debemos apoyar...
- Que se vaya a la verga -le susurró Roberto a sus compañeros en las tres butacas del fondo, Él, al igual que todos, ya había guardado sus cosas para poder salir y disfrutar de sus minutos libres.
Después de estar amontonado entre tanta gente reunida frente a la cooperativa, José se pudo comprar lo que sería su almuerzo de esa mañana (un hot dog y una lata de soda) y fué a sentarse junto a sus amigos.
- No mames, otra vez ya subió la pinche comida -se quejó el chico.
- Me das? -le preguntó Roberto.
- Estás escuchando lo que acabo de decir y ...-se rió- Pendejo.
José podía ser una mierda de persona a veces (según pensaba Luis), pero al tratar con sus amigos él era compartido, leal y te respaldaba cuando lo llegabas a necesitar. Justo por éso era que su grupito de compas lo seguiría a dónde quiera que él fuera.
Roberto era el gracioso del grupo y el mas pobre, se la pasaba pidiendo en los recesos dinero prestado o algún bocado de lo que fuera. Si le prestaban jamás volverían a ver ése dinero y aún así se las ingeniaba para conseguir lo que quería.
José le tendió el hot dog a Roberto y él procedió a darle una enorme mordida. Su amigo le dedicó una mirada de “me estás jodiendo?" Pero nada más.
- Tarea de qué haces? -le preguntó Gerardo a Raúl mientras metía la mano a su bolsa de papas y sacaba una.
Raúl era el más listo de los cuatro, él era el que podía sacar mejor promedio del salón si no fuera por los trabajos y tareas sin terminar que dejaba por estar un tiempo sin preocupaciones con sus amigos. En ése momento se encontraba escribiendo un resumen directo de su libro (algo que la maestra había prohibido). La mano le dolía pero no quería un reporte más por falta de tareas.
- Español -contestó, apenas levantando la mirada del cuaderno.
- Mierda, dejó tarea?
- Sí. Tengo que acabarla antes de entrar a la clase, ya tengo demasiados reportes. Oigan, empiezo a creer que esa señora la trae contra mí.
- Me das un trago? -preguntó Roberto, ahora mirando la soda que tenía su amigo en la mano.
- Por qué no le dices a tu mamá que te den algo de dinero para comer?
- Ella tuvo que pagar algunas cosas, así que no podra darme dinero está semana.
- Éso dijiste las otras semanas.
- Ándale, invita.
Le pasó la lata sin muchas ganas. Distraídamente, José se pasó una mano por el pelo recién cortado. Su padre lo había obligado a cortarse el pelo demasiado corto y él no tuvo más opción más que hacerlo. No quería problemas con su padre después de la última golpiza que le había dado.
- Dónde te cortaste el pelo? -le preguntó Gerardo- Para no ir.
- Chinga tu madre.
- No te me enojes.
- Se te ve bien, bro -le reconoció Roberto mientras le devolvía la lata de soda.
- Solo le dices éso porque te da de su comida cada día, anciano -le replicó Gerardo.
“Anciano" había sido el apodo con el que había bautizado a Roberto por su apariencia, y es que enserio aparentaba más edad de la que en verdad tenía.
(Solo él usaba los apodos que ponía).
Se quedaron sin decir nada unos minutos, hasta que Gerardo añadió:
- Creo que no entraré a está clase.
José, cansado de las tareas y los trabajos, de tener que lidiar con los maestros y de levantarse temprano cada día, al escuchar esas palabras tuvo una idea para escapar de aquella mala sensación por un dia completo.
- Oigan, y si nos vamos de pinta mañana?
- Yo me apunto -contesto Gerardo enseguida.
- Aún debo muchos trabajos... No quiero reprobar y perder el año -respondió Raúl.
- Solo será un día, que puede pasar?
- Yo ni siquiera tengo dinero -dijo Roberto.
- No te preocupes por éso -José se giro de nuevo hacia Raúl- Mira, vamos a ver si en las siguientes clases dejan tarea importante para mañana, sí no dejan te vas con nosotros, va?
- Va.
No tardó nada en decidirse.
En las siguientes clases no dejaron nada para el siguiente día, solo les recordaron en la clase de español que las exposiciones empezarían el lunes. Al salir se pusieron de acuerdo del lugar en el que se reunirían y hacia cuál irían. El centro.
Un nuevo día comenzó.
Cerca de las siete de la mañana los amigos se reunieron y se pusieron en marcha para aprovechar al maximo el tiempo libre.
Las personas en el transporte se sentían incomodas y miraban con extrañeza como los chicos se reían y discutían temas que solo ellos entendían. Pasó más de una hora para que llegaran al lugar donde muchísimas personas iban diariamente.
Habían decidido comer un poco antes de recorrer el sitio para ver qué carajo era lo que iban a hacer ahí hasta tarde (un puesto de birria fué el elegido para satisfacer sus necesidades). Luego de terminar y de dejar una buena propina al sujeto que los atendió, se pusieron a caminar por las calles llenas de basura, gente pidiendo limosna en las banquetas y estafadores que te invitaban al “juego de la bolita".
Al final todos optaron por entrar a la plaza de la tecnología, en dónde gastaron lo que les quedaba en rentar cuatro consolas con el mismo juego online, botanas, una soda de tres litros y vasos de plástico.
Cada quien estaba metido en sus pantallas, diciéndose que hacer entre ellos, perdiendo partidas y ganando algunas otras veces. Estresados, pero celebrando cada victoria.
Ignorando a la gente que les pedía que se callarán.
El tiempo que compraron se acabó muy rápido (según sintieron ellos). Recogieron sus cosas al finalizar y se largaron de ahí. Acción que le dió mucho gusto al dueño del establecimiento.
- Creo que aprovechando que estoy aquí le pondré otro vidrio templado a mí teléfono -dijo Gerardo- Me acompañan?
- Tenemos que darnos prisa. Ya casi es hora de regresar -explico José.
- No me tardo.
José les explico a los que estaban reunidos con él en la alberca que Gerardo era el chico que nunca asistía a clases y cuando iba no entraba a ellas. Solo se presentaba para hablar con las chicas de otros salones y para jugar fútbol. Era bueno para las peleas cada que lo retaban en la salida, cosa que era muy seguida. Tenía la habilidad de decir ocurrencias en el momento adecuado. Y aunque no lo parecía era muy bueno para las matemáticas. Era un gran amigo.
Los chicos siguieron a su amigo, delgado y con el pelo chino (causante de que lo regresarán varias veces por “lo largo que estaba”). Él los guió hasta el tercer piso de la plaza. Había explicado que en ése mismo piso conocía a alguien que le daría un buen precio por el vidrio que buscaba.
En poco tiempo llegaron, el tipo se tardó más de lo esperado. Cuando le entregaron su teléfono miró su reflejo en el nuevo vidrio. Ya no estaba quebrado.
- Ya está, vámonos.
Pero la chicharra ya había tocado en la escuela donde no estaban y antes de que pudieran bajar las escaleras... las explosiones comenzaron.
El suelo tembló bajo sus pies y del techo cayó un misil, pasando muy cerca de los chicos, demasiado cerca de Gerardo. Dicho misil había caído hasta la planta baja pero sin estallar. Había pasado demasiado rápido para José, conciente de todo a su alrededor vió que Gerardo parecía ser arrastrado por la abertura que causó el proyectil. Sus dedos apenas si lograban aferrarse al concreto.
El chico corrió hacia él, tomándolo del antebrazo antes de que pudiera caer. Algo que solo le dió unos minutos más de vida.
- No me sueltes! - le gritó su amigo con el miedo grabado en sus ojos. Él trató de jalar, sacarlo de la zona peligrosa, pero supo enseguida de que solo tenía la fuerza para no dejar que cayera.
Pronto el peso de su amigo comenzó a arrastrarlo a él también.
Gerardo empezó a gritar más.
- No, no. No!!
Sus manos se resbalaban. Los ojos le lloraban por el polvo. Los gritos no cesaron.
Raúl, que yacía en el suelo hasta entonces, reaccionó. Se acercó tan deprisa como pudo para ayudar pero ya era tarde. Ése último grito antes de caer al suelo perseguiría a José por mucho tiempo.
Su columna se rompió fácilmente por la forma en la que cayó, pero el dolor no lo sentiría por el fuerte golpe en su cabeza que lo mató al instante.
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Sin excepciones
ActionLuego de que dos hermanos resultaran como daño colateral en un atentado ocurrido en la frontera, se ven ayudados por un equipo de la guardia nacional que los llevan a una base aérea... Un lugar en donde se dan cuenta que su viaje apenas está comenz...
