Capítulo 18

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Después de ese momento íntimo con Killian, me acompaño hasta el hostal. Y, por más que trate de sonsacarle que sorpresa tenía planeada, no lo conseguí.

Al entrar en la habitación, me encontré a Maze en su cama, ensimismada en sus pensamientos. Me tumbé a su lado.

—¿Qué crees que esté pasando realmente? —preguntó Maze, rompiendo el silencio tenso que había caído entre nosotras.

 La situación en la manada Dark Moon era cada vez más tensa, y la presencia de los guardias y la prohibición de salir del territorio solo aumentaban nuestra preocupación.

Me encogí de hombros, incapaz de ofrecer una respuesta.

—No lo sé. Pero algo no cuadra. No tiene sentido que alguien ataque a un miembro de otra manada sin razón aparente. Y, convenientemente, el cuerpo ha sido encontrado al lado de la manada a la que todos odian y temen —respondí escéptica, incapaz de sacudirme la sensación de opresión que me seguía desde que nos enteramos del asesinato.

Maze asintió en silencio, sus ojos reflejando la misma confusión y preocupación que sentía yo.

—Creo que deberíamos estar preparadas para cualquier cosa. No sabemos qué podría pasar a continuación —dijo, su tono cargado confusión.

Asentí. Mi mente daba vueltas tratando de encontrar una explicación lógica para todo lo que estaba sucediendo.

Pasamos el resto del día en la habitación, tratando de mantenernos ocupadas con cualquier cosa que pudiéramos encontrar. Pero la tensión seguía ahí, pesada en el aire, recordándonos constantemente la gravedad de la situación.

Finalmente, llegó la hora de encontrarme con Killian.

Ya  arreglada con un vestido corto negro, salí de la habitación y me quedé esperándole en el vestíbulo, preguntándome qué tipo de sorpresa tendría preparada Killian en medio de toda esta confusión y caos.

No pasaron ni cinco minutos cuando Killian apareció.

Se acercó a mí con paso seguro, su porte imponente contrastando con la atmósfera cargada de tensión que se respiraba en el aire.

 Me sonrió con ternura, sus ojos azules brillando con una determinación tranquila.

—Estás preciosa —me elogió, su voz suave como un susurro en medio del bullicio del vestíbulo.

Sonreí, sintiendo el calor de sus palabras acariciando mi piel.

—Gracias. Tú también te ves muy bien —respondí, admirando lo bien que le sentaba el traje que llevaba puesto.

Killian ya era atractivo por si solo, pero verlo así, sin corbata y con los dos primeros botones de la camisa abiertos, era una tentación demasiado grande.

Me ofreció su brazo y lo tomé, dejando que me guiara hacia la salida del hostal. La noche estaba tranquila, el aire impregnado con el aroma a tierra mojada y vegetación.

Caminamos en silencio por las calles empedradas del pueblo, nuestras sombras alargándose en el suelo a medida que nos adentrábamos en la oscuridad.

No pude evitar fijarme en como las personas a nuestro alrededor nos miraban. O más bien, como le miraban a él.

Ya desde antes la gente dejaba en claro su recelo por la manada de rogues, pero desde el asesinato, ya nadie se molestaban en ocultar su hostilidad.

Sin embargo, me sentí reconfortada por la presencia de Killian a mi lado. Así que traté de ignorar tensión que flotaba en el aire.

Después de unos minutos de caminata, llegamos a nuestro destino: un cabaña en el bosque cercana a donde se quedaba la manada de Killian.

Nada más entrar, me encontré con una mesa elegante, dispuesta en el centro del salón, cubierta con un mantel blanco y adornada con velas.

—¿Qué es esto? —pregunté, sorprendida por la escena.

Killian sonrió con ternura, sus ojos azules brillando con complicidad.

—He preparado una cena. Quería hacer algo especial para ti. Y si es alejado de las miradas curiosas, mejor —explicó, su voz cargada de emoción.

Me quedé sin palabras ante el gesto tan dulce de Killian. Nunca antes nadie había hecho algo así por mí, y me sentí abrumada por la gratitud y el am-, es decir, cariño, que sentía por él en ese momento.

—Es perfecto —murmuré, luchando por contener la emoción que amenazaba con desbordarse.

Killian me ayudó a tomar asiento en una de las sillas junto a la mesa, su mano cálida y reconfortante sobre la mía. Nos miramos el uno al otro con una mezcla de deseo y complicidad, compartiendo un momento de tranquilidad en medio del caos que nos rodeaba.

Durante el resto de la noche, compartimos una deliciosa cena, hablando y riendo como si no hubiera preocupaciones en el mundo. Por un momento, me olvidé de todo lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor y me perdí en las atenciones de Killian.

Alfa de roguesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora