Capítulo 25

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Killian POV:

El ambiente en la manada era tenso.

Había ordenado reforzar la seguridad, aumentando las patrullas y estableciendo turnos de vigilancia más rigurosos. Estaba determinado a evitar que la integridad e inocencia de la manada se dañará más.

Entre tanto, mantuvimos la calma y la compostura en público, demostrando nuestra cooperación para resolver el asesinato. Cualquier señal de nerviosismo o culpabilidad solo alimentaría las sospechas en nuestra contra.

Los días pasaron, y la tensión no disminuyó.

Cada vez que veíamos a los guardias del Consejo de Alfas merodeando por los alrededores, sentíamos el peso de su mirada escrutadora sobre nosotros.

Además, decidimos llevar a cabo nuestra propia investigación interna para tratar de descubrir la verdad detrás de los asesinatos.

El cuarto de la cabaña que usaba como un despacho improvisado estaba llena de papeles de informes sobre movimientos sospechoso e incidentes pasados por los que alguien querría inculpar a Dark Moon.

Mi hermana y otros miembros de confianza de la manada estaban ayudando con la recopilación de información. Las hipótesis eran muchas. Las pruebas, casi nulas. Pero no me importaba si tenía que desenterrar hasta el pasado más podrido de las manadas elitistas que nos rechazaban para descubrir al culpable. Nadie dañaba a los míos y se salía con la suya.

Mi mandíbula estaba tan tensa que sentía un ligero dolor punzante en las sienes. Caminaba de un lado a otro de la habitación como un animal enjaulado, sin poder calmar el impulso constante de hacer algo más. No estaba acostumbrado a quedarme de brazos cruzados esperando justicia. No cuando ya había aprendido que, si querías justicia, tenías que conseguirla tú mismo.

Un golpeteo en la puerta me hizo detenerme. Apenas abrí, me encontré con los ojos azules de Kate.

—Necesitas un descanso —declaró sin rodeos, cruzándose de brazos.

—No tengo tiempo para descansar.

—Pues hazlo. Aunque sea para pensar con claridad.

Suspiré. Por más que me costara admitirlo, tenía razón. Mi mente comenzaba a saturarse, y no podía permitirme errores.

—¿Dónde está Isabella? —pregunté, cambiando de tema.

Kate sonrió, divertida.

—Con Maze. Probablemente intentando convencerla de que no se está muriendo por ver a su mate otra vez.

Tuve que contener una sonrisa. Era inevitable que solo escuchar su nombre aligerara la presión en mi pecho. Desde que Isabella había aparecido en mi vida, algo en mí se había vuelto más... cálido. Me hacía sentir vulnerable. Pero al mismo tiempo, no podía evitar querer aferrarme a ella como si fuera mi único punto de anclaje. 

Y tal vez lo era.

—Voy a presentarla oficialmente a la manada —solté de golpe.

Kate alzó una ceja, sorprendida.

—¿Ya?

—Sí. No podemos seguir esperando. La situación es delicada. El Consejo está vigilándonos como si ya fuéramos culpables, y hay tensión entre todas las manadas por la presencia de los rogues. La manada necesita unidad. Dirección. Y ella es parte de eso ahora.

Mi hermana no tardó en asentir.

—Avisaré a todos.

***

Nos reunimos esa misma noche.

El claro que usamos como punto de encuentro estaba rodeado por árboles altos que protegían nuestra intimidad. Las antorchas colocadas estratégicamente iluminaban el lugar con una luz cálida, oscilante, como si las sombras también contuvieran la respiración.

La manada se colocó en semicírculo, aguardando con expectación. A mi izquierda, Isabella.

Dios.

Se veía tan nerviosa. Tenía las manos apretadas frente a su cuerpo, sus ojos se movían de rostro en rostro, y su respiración era rápida pero controlada. A pesar del evidente nerviosismo, mantenía la espalda recta, la cabeza erguida. Orgullosa. Firme.

Hermosa.

Me giré hacia ella y extendí la mano. Dudó un segundo antes de tomarla, pero cuando nuestros dedos se entrelazaron, vi cómo se relajaba ligeramente.

—Estás conmigo —le susurré, bajando la voz para que solo ella pudiera escucharme—. Y eso es todo lo que importa.

Asintió, aunque no me miró. Aun así, sentí su gratitud en la forma en que apretó mi mano.

Di un paso al frente.

—Manada Dark Moon —comencé, alzando la voz lo justo para que se me escuchara—. Nos encontramos en un momento de incertidumbre. Hay enemigos que intentan destruir nuestra paz. Y no se detendrán. Por eso, más que nunca, necesitamos mantenernos unidos.

Hice una pausa, poniendo mis ojos en cada uno de los presentes. Todos me miraban con atención.

—Es por eso que hoy me presento ante vosotros no solo como vuestro Alfa, sino como un compañero. Como un hombre al que la diosa Luna le ha otorgado el regalo más valioso.

Miré a Isabella.

—He encontrado a mi mate.

Un murmullo corrió entre los presentes, breve y contenido. Todos había escuchado sobre la aparición de mi compañera, pero aún así, no dejaba de ser impactante. Me giré completamente hacia Isabella y la conduje a mi lado.

—Isabella Mathews —dije con orgullo—. Ella es la mujer que la diosa ha elegido para estar a mi lado. Y aunque aún no hemos formalizado el vínculo, es mi compañera. Y será vuestra Luna.

Un silencio reverente cayó sobre el claro. Entonces, Thorne, uno de los miembros más antiguos, se adelantó.

—Alfa Killian —dijo, con voz grave—. ¿Puedo?

Asentí.

Thorne se acercó a Isabella. Ella se tensó, pero se mantuvo firme. Thorne se colocó frente a ella y bajó la cabeza brevemente.

—Isabella Mathews, te reconozco como la futura Luna de esta manada. Y juro ante la diosa que te serviré, te protegeré y acataré tus órdenes como las del Alfa.

Isabella parpadeó, claramente emocionada.

Thorne retrocedió, y uno por uno, todos los miembros de la manada repitieron el gesto.

Algunos con solemnidad, otros con una sonrisa cálida. Isabella agradecía cada uno de ellos con una leve inclinación de cabeza. Para cuando el último guerrero se retiró, su expresión era otra. Seguía nerviosa, sí, pero también había algo más.

Fuerza.

Y orgullo.

Se volvió hacia mí con los ojos brillando, y por un momento sentí que no existía nada más que ella. Ninguna amenaza. Ningún pasado.

Solo ella y yo.

Alcé su mano hasta mis labios y deposité un beso suave sobre sus nudillos.

—Bienvenida a la manada, Luna.

Alfa de roguesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora