Isabella POV
La palabra seguía flotando en el aire, venenosa, atravesándome una y otra vez como un dardo clavado en lo más hondo.
Mi padre no necesitaba gritar para destrozarme. Lo había hecho toda mi vida con frases breves, con silencios más crueles que cualquier insulto. Pero esta vez fue distinto. Porque, contra todo pronóstico, no me derrumbé.
Lo miré. Y vi en sus ojos el mismo desprecio que había visto cuando era una niña torpe que no encontraba a su mate, cuando al finalizar cada "Reunión" me recordaba que estaba "defectuosa".
Solo que ahora... ya no era aquella niña.
Él rompió el silencio, con la voz endurecida.
—Has arrastrado mi legado por el barro. Primero con tu debilidad, luego con tu huida, y ahora... encamándote con un rogué. Con su alfa, nada menos. ¿Es así como piensas honrar tu manada? ¿Convirtiéndote en la mueca patética de lo que significa ser Luna?
Su tono había perdido la frialdad calculada y sonaba cargado de enojo. El viejo alfa, por primera vez, mostraba grietas en su máscara.
Y entonces hablé.
—No me digas cómo debo ser Luna. —Mi voz salió firme, sin titubeos. Casi no la reconocí como mía—. Porque tú nunca me trataste como hija, mucho menos como tu heredera.
Él arqueó una ceja, sorprendido, pero no me detuve. Sentía que, por primera vez, no hablaba desde la herida, sino desde la fuerza.
—Me humillaste. Me llamaste defecto, castigo, vergüenza. Me dejaste crecer creyendo que mi vida no valía nada sin la aprobación de mi manada. —Me incorporé un poco hacia adelante, sintiendo cómo mis palabras ardían en mi lengua como fuego—. ¿Sabes qué? Ya no me importa.
Él entrecerró los ojos, pero no interrumpió.
—Tu manada me rechazó. Tú me rechazaste. Pero encontré algo más. —Mi pecho se expandió con una certeza que nunca antes había sentido—. Ahora soy Luna de los rogues. Y no necesito tu aprobación para gobernar a su lado.
Cada palabra que decía me fortalecía, como si hablara también a la Isabella rota que había dejado atrás.
—Ellos me aceptan como soy. Con mis heridas, con mi historia, con lo que tú llamas defectos. Y si crees que soy defectuosa, entonces será desde esa defectuosidad que construiré algo más fuerte de lo que tú jamás lograste.
Un silencio espeso cayó sobre la mesa. Podía sentir el latido frenético de mi corazón en las sienes, pero no me detuve.
—Ya no soy tu hija avergonzada. Soy Luna de una manada poderosa, que lucharé por proteger con mi vida. Y si para ello debo dar la espalda a la sangre que me dio la vida, lo haré sin dudar.
El semblante de mi padre vaciló. Fue apenas un instante, un parpadeo casi imperceptible, pero lo vi. Vi que no esperaba esa fuerza en mí.
Me levanté de la silla. Las piernas me temblaban, pero caminé erguida. Mi sombra se proyectó sobre la mesa, alargada por la luz de las velas.
—Este ya no es mi hogar —dije, con la voz clara, sin quebrarme—. Y tú ya no eres mi alfa.
Me di la vuelta sin esperar respuesta.
Cada paso fuera del comedor me liberaba. Cuando crucé las puertas, supe que había dejado atrás más que una cena. Había dejado atrás una vida entera encadenada a mis remordimientos.
Por primera vez en más de un siglo, no me sentí defectuosa.
ESTÁS LEYENDO
Alfa de rogues
Hombres LoboIzzy asiste junto a su amiga Maze a "la reunión", un evento que solo ocurre cada 10 años donde los licántropos de todo el mundo pueden encontrar a su mate. Sin embargo, Izzy y Maze ya han perdido la esperanza de encontrar a su pareja predestinada, p...
