Capítulo 20

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Killian y yo nos miramos. La tensión inundando el aire.

Sabía como acabaría esto y, aunque deseaba que eso ocurriera, deseaba disfrutarlo este momento un poco más.

Moví mi pie a lo largo de su dureza, que se alzaba poderosamente contra el pantalón.

Presioné ligeramente, arrancándole a Killian un gruñido de satisfacción. Su mano volvió a garrar mi pie, queriendo acelerar el movimiento, pero no le dejé. Seguí marcando un ritmo el lento, disfrutando de su desesperación.

Una inesperada sensación de satisfacción apareció en mí.

Observé complacida como se retorcía por mí y eso me hizo sentir poderosa. Me gustaba tener el control, decidir yo el siguiente movimiento.

Pero lo que más me gustaba era saber que estaba cediendo ante mí. Que se estaba resistiendo a tomar el control.

Una sola mirada de Killian me bastó para ver cuanto le costaba eso. Era un alfa y no estaba acostumbrado a obedecer. Pero lo intentaba. Por mí.

Decidí acelerar el movimiento, arrancándole otro gemido. Su pecho subía y bajaba con rapidez. Sus ojos ya no me miraban, estaban cerrados.

Mi intimidad palpito ante la visión. Sin poder resistirlo más, bajé una mano hacía el interior de mis muslos, subiendo el bajo de mi falda. Comencé a dar suaves caricias superficiales por encima de mi ropa interior. Sentí la humedad a través de la delgada tela de encaje.

Killian volvió a mirarme de inmediato, dándose cuenta de lo que estaba haciendo.

—Primero actúas tímida y luego mírate —soltó, con la voz enronquecida por el placer. En su rostro se dibujó una sonrisa ladina—. Aunque no puedo decir que me disgusta.

—¿Ah, no? —pregunté, burlona. Mis ojos recorrieron la estancia, hasta fijarse en una puerta que debía dar a su habitación—. La cabaña es preciosa.

Killian alzó una ceja, mirándome con diversión.

—¿Cambiando de tema?

—¿Cómo has conseguido una cabaña privada después de que empezara "La reunión"? —pregunté de nuevo, ignorándole. Killian entorno los ojos, aunque sin dejar de sonreír—. Incluso siendo un alfa, debió costar. ¿Tanto deseabas quedarte a solas conmigo?

Volví a presionar su dureza. Killian tomó aire antes de volver a hablar.

—A lo segundo, sí. Como no tienes idea —aseguró, con una seguridad y firmeza que me puso los pezones rígidos, si es que no lo estaban ya—. Y a lo primero, ya había reservado la cabaña antes de venir.

—Creí que te quedabas en el bosque con tu manada —repuse, confundida.

Killian negó, a la vez que comenzaba a dirigir los movimientos de mi pie. Esta vez cedí.

—En otras circunstancias, puede que lo hubiera hecho. Pero tengo toda la intención de pasar el mayor tiempo posible contigo. En privado.

—¿Tan seguro estabas de que me encontrarías?

Cariño, llevó esperándote más de un siglo. Si hay algo que me jodió verdaderamente de ser un rogue, fue no tener permitido venir aquí. Año tras año, esperaba que llegaras a mi vida. Y año, tras año, me decepcionaba más—se sinceró Killian, su tono cargado de intensidad mientras sus ojos azules se encontraban con los míos—. Así que si, cariño, estaba seguro de que te encontraría aquí, por qué sino, no lo haría nunca.

En medio de la bruma del deseo, sentí como las lágrimas amenazaban con aparecer en contra de mí voluntad. Apenas conseguí calmarme con un par de respiraciones.

Lo que había dicho Killian removió algo escondido en mi interior. Ese sentimiento de soledad que me había perseguido toda mi vida, el vacío de mi mate. Lo mucho que sufrí por ello fue devastador y mi corazón se rompió un poco al saber que Killian había sentido lo mismo.

Me estremecí ante su mirada penetrante, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Había algo en la forma en que me miraba, algo que me hacía sentir viva y deseada de una manera que nunca antes había experimentado.

Killian se levantó y con pasos rápidos se acercó a mí. Apenas me dio tiempo a reaccionar cuando el ya me había cogido, levantándome de la silla para sentarme en la mesa.

Sus manos separaron mis piernas y se colocó en medio, envolviéndome con sus brazos. Se inclinó hacia mí, su aliento cálido acariciando mi rostro justo antes de apresar mis labios en un beso demandante. Mi cuerpo respondió instantáneamente a su contacto, anhelando más de él con cada segundo que pasaba.

Nos besamos con una pasión desenfrenada, entregándonos el uno al otro con una urgencia que no podíamos contener. Sus manos exploraron mi cuerpo con una delicadeza cautivadora, encendiendo el fuego de la pasión en lo más profundo de mi ser.

Me dejé llevar por la oleada de sensaciones abrumadoras, entregándome por completo a la intensidad del momento. En ese momento, nada más importaba excepto la conexión ardiente entre nosotros, un lazo que trascendía el tiempo y el espacio.

Y, en medio de la oscuridad de la cabaña, entre susurros de deseo y gemidos de placer, supe que había encontrado mi hogar en los brazos de Killian, mi compañero destinado para siempre.

Alfa de roguesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora