Capítulo 28 (Killian POV)

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*AVISO: Está escena está escrita desde dos perspectivas: la de Isabella y la de Killian. En este capítulo encontrarás la versión de Killian. En el anterior está la de Isabella. Me pareció buena idea mostrar ambas perspectivas en está situación. Es posible que veas mínimos cambios en el dialogo, pero esto lo he hecho para no hacerlo tan repetitivo y que puedas disfrutar de ambas lecturas. El contenido y mensaje es el mismo en ambos. ¡Espero que te guste!*


Killian POV

La puerta se cerró detrás de Robert, y el silencio que quedó en la cabaña fue como un disparo apagado. Ensordecedor. Cargado de tensión.

No me moví.

Seguía de pie junto a la chimenea apagada, con los músculos aún tensos, la sangre hirviendo en las venas. El olor de mis propias feromonas ya se había disipado del aire, pero aún lo sentía en mi piel, en la lengua, en la mirada de Isabella.

Había cruzado un límite. Lo sabía. Pero no podía arrepentirme del todo. No cuando el recuerdo de sus brazos alrededor de otro hombre seguía repitiéndose una y otra vez en mi cabeza como una visión que no podía borrar.

No era solo un abrazo. Era que lo tocó.
Que él la tocó.
A mi mate.

—No debiste hacer eso —dijo Isabella, con voz baja pero firme. No gritaba, y eso era peor. Su tono cortaba como un cuchillo bien afilado—. Fue excesivo. Robert es mi amigo. Y tú casi lo dejaste sin aire.

Giré lentamente la cabeza hacia ella. No por sorpresa. Sabía que esto iba a pasar. Pero aún así, ver la decepción en su rostro me jodió más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—Lo tocaste —dije.

Sus cejas se fruncieron con fuerza.

—¿Perdón?

—Lo tocaste —repetí, más lento, con la rabia a punto de escapar otra vez—. Lo abrazaste. Y no quiero que piense... —me obligué a respirar— que puede acercarse a ti así. Como si tuviera ese derecho.

Se cruzó de brazos. Estaba herida. Enfadada. Su pecho subía y bajaba con fuerza, pero no por miedo. No. Isabella no me temía. Me desafiaba. Y maldita sea, esa parte de mí que aún estaba encendida... lo amaba.

—¿Me estás culpando por eso?

—Estoy diciendo que él debió mantener las manos en su sitio. —Di un paso hacia ella—. Él sabe que eres mía.

—¡Fue un abrazo, Killian! ¡Un gesto entre amigos!

Bufé, apartando la mirada como si la sola imagen me hiciera daño.

—Eso no cambia nada. Me provocó.

—¡Robert no hizo nada! —alzó la voz, y su lobo interior vibró detrás de su rabia—. ¡Solo respondió un abrazo que yo inicié! Si vas a estar enfadado con alguien, debería ser conmigo.

—¡Él debió rechazarlo! —espeté, sintiendo que mis colmillos amenazaban con salir. No porque quisiera atacar, sino porque mi lobo rugía por dentro.

—¿En serio, Killian? —dio un paso más—. Fue un segundo. ¡Y tú lo aplastaste como si fuera un enemigo!

—¡Y se lo merecía! —bramé, sin poder contenerlo—. Él mismo lo reconoció. Sabe que cualquier licántropo es territorial con su pareja. Y aún así te tocó.

Ella me miró como si no me reconociera.

—Pues enfádate conmigo. Yo lo abracé. No él. ¡Él ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar!

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