Capítulo 29

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Isabella POV

El silencio volvió a instalarse en la cabaña, pero esta vez no era tenso.

Era denso... cargado de algo más suave. Más íntimo.

Killian me miraba con detenimiento, como si aún estuviera evaluando si podía acercarse más o si debía quedarse ahí, inmóvil, dándome espacio. Y ese gesto, ese simple gesto, me desarmó.

Porque si la experiencia me había demostrado algo hasta ahora, era que el instinto de cualquier alfa era dominar, imponer y demandar. Pero ahí estaba él, conteniéndose por mí. Por mi ritmo. Por mis límites.

Quizá era tonto por mi parte sentirme agradecida. Este comportamiento era un mínimo en cualquier relación sana. Lo esperado.

Si algo había aprendido viviendo en el mundo humano, alejado de los arquetipos que debía cumplir una mujer licántropo, era que mi papel en la vida iba más allá que emparejarme y obedecer a mi mate sin cuestionar nada. Y, sin bien siempre había deseado encontrarlo, no quería convertirme en una mujer sin poder de decisión. 

Por eso me sorprendia que Killian, siendo un alfa, fuera tan respetuoso con mis deseos. Cada vez estaba más convencida de que él estaba hecho para mí, y esperaba que Killian sintiera lo mismo.

—¿Quieres que me vaya? —preguntó, en voz baja.

Negué con la cabeza.

No quería que se fuera. No después de discutir y sentirlo tan distante de mí.

Me acerqué lentamente, sintiendo el calor de su cuerpo irradiar en el aire antes de tocarlo. Me apoyé contra su pecho y dejé que mis manos descansaran a los costados de su camisa. Sentí el latido de su corazón, fuerte y errático bajo la tela. ¿Era nerviosismo por la pelea u otra cosa?

Al principio, no se movió. Pero luego bajó los brazos y me rodeó la espalda con un cuidado calculado. Entre nosotros no quedaba un solo espacio, fundidos en el abrazo. Su aliento cálido se derramó sobre la parte superior de mi cabeza, y su pecho descendió levemente cuando exhaló.

—Sé que actúe como un idiota. Y es posible que vuelva a hacerlo —murmuró, sobre mi cabello—. Pero no sé hacerlo de otra manera. No contigo.

—Ya aprenderás. Tenemos el resto de nuestras vidas para ello —dije, con una pequeña sonrisa.

Lo sentí exhalar por la nariz, como si mi respuesta le arrancara algo que no sabía que estaba reteniendo. Su agarre se afianzó un poco más, y noté cómo su mejilla se apoyaba brevemente sobre mi cabeza.

Permanecimos así durante un largo rato. Afuera, los sonidos del bosque empezaban a apagarse, como si el mundo entendiera que también necesitábamos descansar.

—Quiero que esto sea real, Killian —susurré, sin levantar la cabeza—. No solo un vínculo impuesto. No solo un instinto que nos arrastra.

Él se tensó un poco, pero no me soltó. Su pulgar comenzó a hacer círculos lentos en la parte baja de mi espalda.

—Lo es —dijo de inmediato, con una convicción imposible de cuestionar—. ¿He hecho algo para que dudes de lo que siento por ti?

Alcé la cabeza para mirarle. Sus ojos, aunque cansados, no esquivaron los míos.

—Para nada. Créeme cuando te digo que en cada una de tus acciones noto lo mucho que te importo —aseguré—. Es solo que he estado pensado que... es posible que quieras formalizar nuestro vinculo. Sobre todo después de haberme presentado a tu manada. Y de, bueno, lo de Robert.

Asintió, apenas perceptible.

—Sí, me gustaría.

Mi cuerpo se tensó involuntariamente. Me separé lentamente y caminé unos pasos hacia atrás. Necesitaba algo de distancia.

Fui hasta el sofá y él, sin demoras, se sentó a mi lado, pero sin tocarme.

—Sé que lo normal sería proceder con la mordida inmediatamente..

—¿Pero no quieres? —cuestionó, aunque no parecía un reproche.

—Creo que no. Bueno, sí, por supuesto que quiero —aclaré rápidamente. Mis manos se retorcían en mi regazo con nerviosismo—. Más bien me gustaría atrasarlo. Solo hasta que nos conozcamos un poco más.

No me atrevía a mirarlo. Bajé la vista a mis manos, hasta que sentí las suyas envolverme las mías.

—Si eso es lo que quieres, esperaré el tiempo que tu me pidas.

Llevó una de mis manos hasta sus labios, depositando un tierno beso en mis nudillos. Ese simple gesto me encogió el corazón. Mis ojos se cerraron por un instante.

—¿Estás decepcionado?

Intenté que no se notará mi agitación, pero el temblor de mi voz me delató.

Este deseo había rondado en mi cabeza por un tiempo, incluso mucho antes de conocer a Killian. Siempre había fantaseado con la idea de un romance lento, como el de los humanos. Las citas iniciales en las que os conocéis, sorprenderse poco a poco descubriendo más y más sobre el otro.

Por supuesto, sabía que eso también ocurriría con el vinculo de apareamiento ya formalizado, pero no sería lo mismo. Una de las ventajas, o inconvenientes, de la mordida era que está te unía en alma con tu mate, volviendoos uno hasta el punto de poder llegar a saber lo que siente el otro. Alegría, tristeza, miedo, enfado... Incluso podrías sentir si el otro estaba en peligro o herido.

Es por eso que quería esperar, para poder experimentar todo mejor, más lento y emocionante.

—Nunca lo estaría —aseguró, con el ceño fruncido como si lo que había preguntado fuera ridículo—. Si tu quieres esperar entonces yo también —repitió, sin apartar su mirada de mí.

Mis ojos se humedecieron. No por tristeza, sino por algo mucho más delicado: la certeza de estar siendo amada como siempre había deseado. Con esa sola frase, Killian había hecho más por mí que muchos otros lo largo de toda mi vida. Me sentía vista. Escuchada.

Solté el aire que no sabía que estaba conteniendo, y entrelacé mis dedos con los suyos. Su tacto era cálido, envolvente, y esa calidez se extendió desde nuestras manos hasta todo mi cuerpo como una corriente invisible de consuelo.

—Gracias.

No hizo falta añadir nada. El silencio era cómodo, como si el espacio entre nosotros ya no necesitara ser llenado con explicaciones.

Minutos después, cuando el cansancio empezó a pesarme sobre los párpados, me recosté lentamente sobre el sofá, y él no tardó en acercarse. Su cuerpo abrazó el mío, tirando de mí hacia su pecho. Su mano descansó sobre mi cintura y la otra acarició mi brazo en movimientos suaves.

Y por primera vez en días, me dormí sin miedo.


*¡Aqui tenéis otro capítulo! Espero que os esté gustando la historia. Todavía tengo dudas sobre como dirigir el romance de Killian e Isabella. Pero no quiero que sea como todas las historias de licántropos donde los protas alcanzan su romance muy rápido y luego el resto de la trama es de relleno. ¿Os gusta la dirección que toma mi historia? ¿Cambiaríais algo?*

Alfa de roguesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora