Isabella POV
Abrí los ojos con el suave roce de algo cálido sobre mi piel. Tardé un par de segundos en recordar dónde estaba y por qué sentía un peso firme rodeando mi cintura.
Killian.
Estaba dormido detrás de mí, su respiración profunda acariciando la curva de mi cuello. Durante un instante me limité a disfrutarlo, a permitirme el lujo de no pensar en nada más. Su brazo me mantenía pegada a su cuerpo como si tuviera miedo de que me desvaneciera mientras soñaba. Su respiración era profunda, constante, y cada vez que exhalaba, el aire cálido me rozaba la nuca.
Me quedé quieta, sin atreverme a romper el momento. Después de tantos años durmiendo sola, con la cama siempre demasiado fría y demasiado grande, la sensación de tenerlo cerca resultaba extrañamente nueva... y adictiva.
No debería sentirme así tan pronto. Se suponía que quería un romance lento, a mi ritmo. Pero aun así, ahí estaba, aferrándome a la calidez de su cuerpo como si lo necesitara para seguir respirando.
Me giré con cuidado hasta quedar frente a él. Su ceño estaba ligeramente fruncido incluso dormido, como si nunca pudiera escapar del todo de sus preocupaciones.
—Relájate, alfa testarudo —murmuré, apenas audible.
Pasé mis dedos por su mandíbula, siguiendo el contorno de la barba incipiente. Era un gesto pequeño, pero bastó para que sus pestañas se agitaran.
Abrió los ojos lentamente, revelando ese azul que me dejaba sin palabras cada vez que lo veía.
—Buenos días —su voz ronca tenía un matiz que me hizo estremecer.
—Buenos días. —Forcé una sonrisa—. No pareces haber descansado demasiado.
Él no contestó, solo buscó mi mano y la atrapó entre las suyas, apretando con una suavidad que desentonaba con su fuerza evidente. No hizo falta decir más.
De repente, el silencio se vio interrumpido por la entrada repentina a la cabaña de alguien. Nos levantamos de un golpe al sentir su presencia. Killian se puso delante de mí, su postura volviéndose amenazante mostrando sus garras y colmillos. Entonces, sonó un golpeteo insistente en la puerta.
—Izzy, soy Maze, abre —su voz retumbó con insistencia—. ¿Piensas dormir hasta que empiece la próxima reunión del Consejo?
Solté el aire que estaba reteniendo inconscientemente, aliviada, y me aparté de Killian, que gruñó por lo bajo, molesto por su irrupción.
Abrí la puerta y me encontré con Maze con los brazos cruzados y una débil sonrisa que no presagiaba nada bueno. Eso fue antes de que echará un vistazo detrás de mí, observando el torso desnudo de Killian vestido con nada más que un pantalón.
—Vaya. Parece que interrumpo —dijo, arqueando las cejas con diversión.
—No empieces —le advertí, sintiendo mis mejillas arder.
—Tranquila, tranquila. —Alzó las manos con gesto inocente, aunque sus ojos brillaban divertidos—. Solo venía a avisarte. Tu padre llegó esta mañana.
Me quedé helada.
—¿Mi... qué?
—Tu padre. —Recalcó cada sílaba como si no hubiera margen de error—. Acabo de verle con otros alfas.
El suelo pareció desaparecer bajo mis pies.
Mi padre. Aquí.
Sentí un vacío en el estómago, como si alguien hubiera abierto de golpe una herida que llevaba años cicatrizando a duras penas.
Killian apareció detrás de mí y apoyó su mano en mi hombro, firme y protectora. El simple contacto me devolvió algo de aire, pero no lo suficiente para borrar el vértigo que me recorría.
Después de medio siglo sin verlo, lo último que esperaba era enfrentarme a él en este lugar. Y mucho menos ahora, cuando apenas había empezado a sentir que tenía un hogar.
ESTÁS LEYENDO
Alfa de rogues
Loup-garouIzzy asiste junto a su amiga Maze a "la reunión", un evento que solo ocurre cada 10 años donde los licántropos de todo el mundo pueden encontrar a su mate. Sin embargo, Izzy y Maze ya han perdido la esperanza de encontrar a su pareja predestinada, p...
