Su mirada se afiló con una calma aterradora.
—Muy bien. Iré al grano, como pides. —Se inclinó ligeramente hacia adelante, sus dedos entrelazados sobre la mesa—. Quiero que rechaces a Killian.
El aire salió de mis pulmones como si me hubieran golpeado en el pecho.
—¿Qué...? —mi voz apenas fue un hilo.
—No has completado la mordida. —Su tono era tan pragmático como si hablara de un contrato pendiente de firma—. El vínculo no está sellado. Todavía estás a tiempo de corregir este error antes de que sea irreversible.
Mis manos se crisparon sobre el borde de la mesa. Sentí el temblor en mis dedos y apreté con fuerza para que no se notara.
—¿Corregir? —repetí, incrédula—. ¿Quieres que rechace a mi mate? ¿Sabes lo que eso significa?
—Lo sé perfectamente. Significa preservar lo que queda de nuestra dignidad. Evitar que la hija de un alfa manche su linaje compartiendo lecho con un rogué.
Me mordí el interior de la mejilla hasta saborear el hierro.
—No es un capricho. No es una elección. Es mi mate. Rechazarlo me mataría.
Por primera vez, una chispa de emoción cruzó su rostro, pero no era compasión. Era fastidio.
—No dramatices. No todos mueren por un rechazo. El dolor es intenso, sí, pero pasajero. Con el tiempo aprenderías a vivir con ello.
Una risa amarga se me escapó, temblorosa.
—¿Pasajero? He visto lobos consumirse hasta quedar enloquecidos por el dolor. Conozco manadas enteras que se han derrumbado porque alguien fue separado de su compañero. ¿Y tú me dices que es pasajero?
Él no pestañeó.
—Yo lo viví. —Su voz fue un látigo seco—. Y aquí estoy. Más de un siglo después. ¿Crees que no duele? Claro que sí. Pero se sobrevive.
Me quedé helada. Nunca lo había escuchado hablar de ella, de mi madre. Ni una sola vez. Y ahora usaba su ausencia como argumento para arrancarme lo único que me hacía sentir completa.
—No quiero sobrevivir. —Mi garganta ardía, cada palabra un esfuerzo—. Quiero vivir. Y con él, por primera vez, siento que puedo hacerlo.
Él apoyó la espalda contra la silla, como quien se harta de un debate inútil.
—No entiendes nada. Tu felicidad no es relevante. Lo que importa es la manada. Y lo que representas para ella.
Tragué saliva, intentando mantenerme firme.
—¿Y qué represento entonces, padre?
Me miró como si la respuesta fuera obvia, como si hubiera estado aguardando ese momento para decirlo.
—Una vergüenza.
El silencio posterior me desgarró más que la palabra en sí. La mesa, el vino intacto, las velas parpadeando... todo pareció difuminarse mientras esa palabra me atravesaba una y otra vez.
Vergüenza.
Mi respiración se volvió errática, y sentí un temblor recorrerme el cuerpo. Durante un instante creí que me quebraría frente a él, como cuando era una niña que solo sabía bajar la cabeza.
Pero no lo hice.
Me quedé inmóvil, conteniendo las lágrimas, con una chispa de ira encendiéndose lentamente en el centro de mi pecho.
Él seguía mirándome, esperando que me derrumbara.
ESTÁS LEYENDO
Alfa de rogues
WerewolfIzzy asiste junto a su amiga Maze a "la reunión", un evento que solo ocurre cada 10 años donde los licántropos de todo el mundo pueden encontrar a su mate. Sin embargo, Izzy y Maze ya han perdido la esperanza de encontrar a su pareja predestinada, p...
